Bogotá — La Inteligencia Artificial se está convirtiendo en el eje de un ciclo global de inversión, financiamiento e infraestructura que, aunque comparte rasgos con la euforia “puntocom” de 1999, descansa sobre fundamentos mucho más sólidos.
Esa es la premisa del más reciente informe Radar Bancolombia del Grupo Cibest, que se pregunta si el auge de la IA es una burbuja o la nueva infraestructura de la economía mundial.
La magnitud del cambio se mide, ante todo, en capital. Según el informe, la industria tecnológica ya es el segundo mayor movilizador de inversión del mundo, solo por detrás de la energía, con US$406.000 millones en 2025 y una perspectiva de crecimiento hasta US$770.000 millones en 2027.
El Fondo Monetario Internacional (FMI), en su informe anual 2026, cita estimaciones según las cuales la inversión privada en IA podría superar los US$2 billones en 2026, y calcula que la inversión tecnológica ligada a esta tecnología aportó cerca de 0,5 puntos porcentuales al crecimiento del PIB de Estados Unidos en 2025.
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El motor de ese gasto son los llamados hyperscalers, las grandes tecnológicas que ofrecen servicios masivos en la nube. De acuerdo con Bancolombia, Oracle, Microsoft, Meta, Alphabet y Amazon concentran el 81% de la inversión del ecosistema tecnológico global.
La firma de investigación TrendForce elevó su pronóstico de inversión de capital de los nueve mayores proveedores de nube del mundo a cerca de US$830.000 millones para 2026, un aumento de 79% anual.
La gestora GMO, por su parte, estima que ese gasto equivale a alrededor del 1,6% del PIB estadounidense, una proporción comparable con el pico del auge de las telecomunicaciones de finales de los noventa.
Ese flujo de recursos ya se refleja en las bolsas. Buena parte de las valorizaciones de los índices bursátiles este año provino de las grandes compañías tecnológicas, y el sector de semiconductores, columna vertebral de la revolución, se ha convertido en termómetro del mercado.
El informe recuerda que ningún país domina toda la cadena: Estados Unidos lidera el diseño de chips, Taiwán la manufactura avanzada, Corea del Sur las memorias, Japón los insumos químicos, los Países Bajos la litografía y China el ensamblaje.
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La transformación también alcanza a los mercados primarios. Empresas privadas con crecimientos acelerados necesitan volúmenes de capital tan grandes que la bolsa se vuelve una vía natural. El caso más observado es el de los desarrolladores de modelos de IA: según el análisis, Anthropic evalúa una oferta pública inicial de hasta US$100.000 millones, con una valoración cercana a US$2 billones, que superaría el récord de SpaceX en junio de 2026 y el de Saudi Aramco en 2019.
OpenAI, en tanto, estima recaudar al menos US$60.000 millones, aunque su presidente ejecutivo descartó una colocación este año. Ambas compañías multiplicaron su valoración privada desde 2024, aunque por caminos distintos: OpenAI apoyada en parte en transacciones secundarias y Anthropic mediante rondas primarias sucesivas.
Aquí aparece la pregunta de fondo sobre los modelos de negocio. Para Bancolombia, el éxito de una colocación no validará por sí solo valoraciones sustentadas en expectativas; la verdadera prueba será convertir el crecimiento de ingresos en rentabilidad y retornos sobre el capital invertido, en un contexto de altas necesidades de cómputo, centros de datos y energía.
La presión sobre la caja ya es visible: un análisis de Wright Research, con base en estimaciones de consenso, calcula que la inversión de capital de los cuatro mayores hyperscalers estadounidenses pasaría de representar el 41% de su flujo de caja operativo en 2023 a cerca del 92% en 2026. Si la Reserva Federal endurece su política, advierte el informe, los inversionistas premiarán a quienes financien su expansión con caja propia frente a los más apalancados.
Los riesgos no son solo corporativos. En julio de 2026, el FMI advirtió que la IA ya está incrustada en la negociación, el crédito, la infraestructura de mercado y la supervisión financiera, y que la dependencia de unos pocos proveedores tecnológicos podría propagar choques a escala global, por lo que pidió a los bancos centrales reforzar su vigilancia.
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Para América Latina, el panorama es de oportunidades desaprovechadas. La región concentra el 20% de las descargas globales de aplicaciones de IA generativa, pero apenas capta el 1,1% de la inversión mundial en el sector, y el 60% de esos flujos se dirige a Brasil y México.
Una eventual corrección en los mercados se traduciría en menores flujos hacia activos de riesgo y condiciones financieras más estrictas. Aun así, como concluye Bancolombia, la región conserva cartas valiosas en energía, conectividad y centros de datos: justamente los insumos que la nueva infraestructura global de la IA necesita.













