Bloomberg — Cada día, antes del amanecer, Marcela Figueroa comienza a recopilar los datos que respaldan uno de los logros de los que más se enorgullece la presidenta Claudia Sheinbaum: la caída de la tasa de homicidios en México.
Las cifras muestran un cambio radical para un país conocido por la brutal violencia de los cárteles, con un número de homicidios que ahora se sitúa aproximadamente en la mitad del máximo alcanzado en 2020.
Figueroa, quien dirige el organismo encargado de supervisar las estadísticas nacionales sobre delincuencia en México, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), atribuye este resultado a una estrategia basada en inteligencia que se enfoca en líderes y financiadores del crimen organizado, en lugar de limitarse a los sicarios que ejecutan sus órdenes.
“Si queremos realmente reducir la violencia y los índices delictivos, no basta con una detención”, dijo en entrevista en su oficina de Ciudad de México. “Hay que ver la organización criminal, cuál es su modus operandi, dónde opera, con qué alianzas, de qué tamaño es y su estructura”.

El drástico descenso en las cifras ha abierto un debate sobre hasta qué punto debe atribuirse el mérito a la estrategia de seguridad de Sheinbaum. Investigadores independientes apuntan a otras posibles explicaciones. Los cambios en los equilibrios de poder entre los cárteles podrían estar reduciendo los asesinatos en algunas regiones, mientras que las discrepancias en los datos oficiales plantean dudas sobre si la mejora es tan pronunciada como afirma el gobierno.
Hasta ahora, el cambio apenas se ha reflejado en la percepción de seguridad de los mexicanos. Aproximadamente seis de cada diez residentes urbanos siguen afirmando que se sienten inseguros, una cifra que apenas ha variado desde que Sheinbaum asumió el cargo en 2024, según en Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (INEGI).
Como responsable de presentar los datos al público durante las conferencias de prensa matutinas de Sheinbaum, el trabajo de Figueroa consiste en convencer a la población de que la seguridad realmente ha mejorado tanto como sugieren sus cifras.
El gobierno está enfocando sus esfuerzos en los lugares que concentran la mayor parte de la violencia. Según Figueroa, solo siete de los 32 estados del país registran casi la mitad de los homicidios dolosos.
Figueroa señala a Guanajuato, un centro de producción de la industria automotriz en la zona central de México, como prueba de que el enfoque está funcionando. Allí, los asesinatos se dispararon durante los primeros seis meses de la presidencia de Sheinbaum, mientras los grupos criminales se disputaban el control.
Tras meses de trabajo de inteligencia, las autoridades llevaron a cabo operaciones simultáneas en Guanajuato, Querétaro y Yucatán y detuvieron a miembros de una red criminal vinculada con asesinatos, secuestros, robo de combustible y tráfico de drogas. Desde entonces, el promedio de homicidios diarios en la entidad se ha reducido en aproximadamente tres cuartas partes.
“No solo se detiene al sicario. También al que maneja el recurso para contratarlo”, dijo Figueroa. “Si no detenemos a los que operan, no va a disminuir la violencia”.
La estrategia está supervisada por el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, quien se forjó una reputación en la lucha contra la delincuencia como jefe de policía de Ciudad de México durante la gestión de Sheinbaum. Se convirtió en una figura nacional tras sobrevivir a un intento de asesinato en 2020, atribuido al Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), cuando hombres armados acribillaron su vehículo blindado. García Harfuch recibió tres disparos, mientras que dos guardaespaldas y un transeúnte murieron.
Bajo el mando de García Harfuch, el gobierno federal ha ampliado sus capacidades de investigación e inteligencia y ha invertido en tecnología, con el objetivo de identificar a las organizaciones criminales y perseguir a quienes gestionan sus finanzas y dirigen sus operaciones. La población penitenciaria también ha aumentado.

Entre las detenciones recientes figuran el presunto asesino de una influencer en Sinaloa, el supuesto operador financiero de un grupo armado activo a lo largo de la frontera con Estados Unidos y un líder del CJNG acusado de dirigir una facción del cártel en los estados colindantes a Ciudad de México.
Incluso los analistas que reconocen al gobierno parte del mérito por esta mejora afirman que eso no refleja del todo la realidad.
“Se ha producido un descenso significativo de los homicidios, y la estrategia de seguridad de Sheinbaum y Harfuch sin duda ha contribuido a eso”, dijo James Bosworth, autor del boletín Latin America Risk Report. “También influyen los cambios en la dinámica de los cárteles, ya que el CJNG ha podido adoptar una actitud menos beligerante en algunas zonas”.
La violencia de los grupos criminales suele alcanzar su punto máximo cuando estos compiten por el territorio, según expertos en seguridad. Una vez que un grupo establece su control, los asesinatos pueden disminuir y existe menos necesidad de infundir terror mediante actos sangrientos e impactantes. Los cárteles también pueden alcanzar acuerdos entre sí, lo que reduce la tasa de homicidios aunque persistan otros tipos de actividades ilícitas.
También existen dudas sobre las propias cifras. El INEGI registró miles de homicidios más en 2025 a partir de certificados de defunción que el sistema basado en las fiscalías que sustenta las cifras mensuales de seguridad recopiladas por el SESNSP. Ambas mediciones muestran una reducción de los asesinatos, pero la discrepancia ha planteado dudas sobre si las cifras del gobierno exageran la magnitud del descenso.
Las desapariciones complican aun más el panorama. Más de 130.000 personas figuran oficialmente como desaparecidas, y los activistas sostienen que algunas víctimas cuyos cuerpos nunca son encontrados podrían no llegar a incluirse en las estadísticas de homicidios.
Durante los juegos de México en el Mundial de este año, manifestantes se reunieron frente a los estadios para llamar la atención sobre los desaparecidos y acusaron al gobierno de minimizar la crisis.
Figueroa rechaza la sugerencia de que el registro de desaparecidos pueda ser, en gran medida, un indicador de asesinatos no contabilizados. Según ella, este incluye a personas mayores, personas con problemas de salud mental y personas con problemas de adicción que se marchan de casa, y muchas de las personas reportadas como desaparecidas son localizadas durante la primera semana.

También sostiene que las mejoras comenzaron antes de la estrategia de mano dura de Sheinbaum. Las políticas iniciadas durante el gobierno de su predecesor, Andrés Manuel López Obrador —incluida la creación de una Guardia Nacional que ahora cuenta con unos 130.000 elementos y la ampliación de los programas sociales— también han contribuido a disminuir la delincuencia, afirmó.
Asimismo, atribuyó parte del mérito a las iniciativas destinadas a reducir la pobreza y la falta de oportunidades, factores que pueden hacer que los jóvenes sean vulnerables al reclutamiento por parte de grupos criminales.
A pesar de las dudas sobre los detalles de los datos, la administración ha celebrado su éxito en la lucha por reducir la violencia. En su segundo informe de Gobierno, Sheinbaum dijo que permitir que las familias vivan en paz era la máxima prioridad del gobierno.
“Los resultados hablan por sí mismos: hemos logrado 51% de disminución en homicidios dolosos desde que llegamos a la presidencia, lo que equivale a 44 homicidios menos cada día”, afirmó.
--Con la colaboración de Carolina Millán.
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