Bloomberg — La conservadora Keiko Fujimori está a punto de convertirse en la próxima presidenta de Perú tras haber participado en su cuarta campaña electoral consecutiva, según las cifras publicadas por el organismo regulador de las elecciones tras semanas de resolución de los votos impugnados.
Con una diferencia de 43.386 votos entre Fujimori y su rival de izquierdas, Roberto Sánchez, y no más de 39.300 votos en disputa, la candidata conservadora cuenta ahora con un margen suficiente para afianzar su ventaja. Fujimori cuenta con el 50,1% de los votos, mientras que Sánchez tiene el 49,9%, con el 99,8% de los votos escrutados.
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El recuento oficial completo aún no está listo, y es seguro que los resultados de la segunda vuelta se enfrentarán a impugnaciones por parte de Sánchez, quien ha afirmado que no reconocerá el Gobierno de Fujimori debido a supuestas irregularidades en el recuento de los votos en el extranjero, donde la candidata conservadora obtuvo una amplia victoria. Los observadores electorales afirmaron que la votación se desarrolló con normalidad.
El resultado otorgaría finalmente a Fujimori el cargo al que aspira desde 2011 y la convertiría en la primera mujer elegida presidenta de esta nación políticamente convulsa.
Una victoria de la candidata de derecha, de 51 años, tranquilizaría a los inversores que apoyan sus políticas favorables a las empresas y temen los planes de Sánchez de reformar la Constitución peruana, favorable al libre mercado. Además, sumaría a Perú a la creciente lista de países latinoamericanos que se inclinan hacia la derecha, una tendencia que acaba de afianzarse en Colombia con la victoria de Abelardo de la Espriella y a la que podría sumarse Brasil a finales de este año.
Dado que el partido Fuerza Popular de Fujimori contará con la mayor minoría en el recién restablecido Congreso bicameral, suficiente para bloquear cualquier intento de destitución, se espera que su victoria se traduzca en una mayor estabilidad política tras años de destituciones que llevaron a Perú a pasar por ocho presidentes en la última década.
“Fujimori asumiría el cargo con una base institucional significativamente más sólida”, afirmó Luis Ramos, director de análisis de renta variable de la correduría LarrainVial, en una nota, y añadió que una relación más constructiva entre los poderes ejecutivo y legislativo podría impulsar el crecimiento al dar paso a una mayor claridad normativa y a unos procesos de concesión de permisos más ágiles.
Fujimori es una de las políticas más conocidas de Perú, pero la condena de su padre, Alberto Fujimori, por violaciones de los derechos humanos y corrupción había llevado anteriormente a muchos peruanos a afirmar que nunca votarían por ella.

En esta ocasión, el legado de su padre, cuyo gobierno lideró una sangrienta guerra contra los grupos guerrilleros maoístas, le ha ayudado a transmitir un mensaje de ley y orden en un momento en el que los votantes consideran la seguridad pública su principal preocupación. Fujimori se ha comprometido a deportar a todos los inmigrantes indocumentados que cometan delitos, a otorgar a las fuerzas armadas el control de las fronteras y a obligar a los presos a trabajar para pagarse la comida, al tiempo que replicará la megacárcel de alta seguridad construida en El Salvador bajo el mandato del presidente Nayib Bukele.
Asimismo, se la considera ampliamente como una garante del modelo económico sustentado por la Constitución peruana de 1993, una carta magna favorable a las empresas promulgada bajo el mandato de su padre que ayudó al país a crecer más rápidamente que muchos de sus vecinos de la región y a convertirse en uno de los principales exportadores de metales y frutas.
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Fujimori ha prometido duplicar el crecimiento anual hasta el 6%, reducir la burocracia e introducir un régimen de impuestos cero para las pequeñas empresas con el fin de fomentar la formalización en una economía en la que el 70% de los trabajadores se encuentran en el sector informal. Durante la campaña, nombró al exministro de Economía y exdirector del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), Luis Carranza, para dirigir su equipo económico.
El próximo presidente de Perú tomará posesión del cargo el 28 de julio para un mandato de cinco años y se convertirá en el noveno líder en una década al frente de esta nación rica en cobre.
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