Bloomberg Línea — La semana pasada dejó una estela de correcciones abruptas en los mercados de metales preciosos. El oro y la plata registraron caídas no vistas desde la década de 1980, arrastradas por un rebote del dólar que fue catalizado por el anuncio de la nominación de Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal.
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Sin embargo, los movimientos de los últimos días indican que los precios comienzan a estabilizarse. Tanto el oro como la plata recuperaron parte de sus pérdidas en las primeras sesiones de febrero, mientras los inversionistas intentan reordenar posiciones frente a un entorno de volatilidad que no da señales de disiparse.
Charu Chanana, estratega jefe de inversiones, señaló la importancia de no responder a estos episodios con decisiones estructurales precipitadas. Según su análisis, “el mayor riesgo es convertir la volatilidad de corto plazo en una decisión permanente” y propuso un enfoque disciplinado: “no rebalancee sus emociones, rebalancee sus pesos”.
Aunque la presión vendedora fue intensa, analistas como Ewa Manthey, de ING, y el equipo de UBS coinciden en que el retroceso no representa el fin del ciclo alcista estructural del oro. Los inversionistas deben tener en cuenta que las fuerzas que han impulsado la demanda, particularmente la acumulación de reservas por parte de bancos centrales, se mantienen intactas.

En la plata, la situación es más incierta, ya que la volatilidad elevada ha complicado el análisis fundamental, lo que llevó a bancos como JPMorgan a adoptar una postura más cautelosa en el corto plazo. Al mismo tiempo, la reacción del dólar resultó determinante en los movimientos recientes. Su repunte, tras haber tocado mínimos no vistos desde febrero de 2022, reintrodujo dudas entre los inversionistas sobre la trayectoria de los flujos hacia activos reales.
Oro: un activo estratégico en consolidación
El oro cayó hasta US$4.402 por onza, un 21% desde sus máximos recientes, pero ya muestra signos de estabilización. UBS reafirmó su tesis estructural sobre el metal y sus analistas Wayne Gordon, Giovanni Staunovo y Dominic Schnider destacaron que lo ven “no como un activo impulsado por el momentum, sino como una cobertura estratégica a largo plazo dentro de una cartera de inversión”.
JPMorgan también mantuvo su proyección alcista. Sus analistas indicaron que siguen “firmemente convencidos en una visión alcista de medio plazo sobre el oro respaldada por una tendencia de diversificación estructural, continua y limpia, que aún tiene margen para continuar”.
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Los flujos hacia ETFs y la compra de lingotes físicos y monedas muestran una base sólida de demanda que complementa la acción de los bancos centrales. JPMorgan proyecta que estos factores permitirán alcanzar un precio por encima de US$6.000 por onza hacia el cierre de 2026. Según su modelo, los “supuestos de demanda subyacente ahora se traducen en una previsión de precios que apunta a un alza hacia un objetivo de US$6.300 para fin de año 2026”.
En medio de la volatilidad, Saxo Bank propuso una estrategia para quienes desean seguir invertidos en oro, sin asumir el mismo nivel de riesgo. Se trata de los LEAPS, que son opciones a largo plazo que permiten comprar un activo en el futuro a un precio fijado desde el inicio.
En este caso, el activo es el GLD, un fondo cotizado en bolsa (ETF) que replica el precio del oro. Koen Hoorelbeke, analista del banco, explicó que “un LEAPS call sobre GLD puede ser una forma de mantener exposición mientras se define claramente la pérdida máxima al valor de la prima pagada”. Es decir, el inversionista mantiene su apuesta por el oro, pero con una pérdida máxima limitada al costo de la opción, lo que ayuda a atravesar periodos de alta volatilidad sin comprometer demasiado capital.

“Para los inversores a largo plazo, la clave es no dejarse llevar por la narrativa de que ‘todo se está rompiendo’. Las ventas masivas son estresantes, pero también reveladoras: muestran dónde el proceso es sólido y dónde el comportamiento puede causar daños evitables”, añadió Chanana.
Para los analistas de UBS, la corrección que se dio la semana pasada es un “indicador de volatilidad dentro de una tendencia alcista estructural continua, en lugar de sugerir el fin del mercado alcista”.
El banco suizo sugiere que una asignación de cartera de un sólo dígito medio “es óptima” y considera una posición larga sobre el metal, al que le pronostica un precio de US$6.200 hacia septiembre de 2026. “Creemos que la caída ofrece oportunidades para que los inversores que buscan ingresos consideren monetizar la relativamente alta volatilidad de los precios".
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Plata: volatilidad extrema
La corrección de la plata fue más aguda que la del oro. El viernes 30 de enero perdió 26% en una sola jornada, con una caída intradía cercana al 38%. Según UBS, estos movimientos exigen prudencia. Sus analistas Dominic Schnider y Wayne Gordon afirmaron que “un activo que ha mostrado recientemente una volatilidad de entre 60% y 120% requiere un retorno esperado de entre 30% y 60% para justificar una posición larga”.
Por eso, consideran que aún no es momento de aumentar la exposición estructural y esperan una caída adicional antes de volverse más optimistas.
JPMorgan también se mostró cauto tras el desplome. En su análisis, indicaron que “todavía vemos un piso más alto para la plata en promedio (alrededor de US$75-80 por onza) en comparación con nuestras expectativas anteriores, ya que es poco probable que la plata renuncie completamente a sus ganancias recientes”.

Aunque reconocen que la subida fue difícil de justificar desde fines de diciembre, no prevén un colapso completo del precio.
La ausencia de bancos centrales como compradores estructurales, a diferencia del oro, obliga a que los fondos de inversión y los mercados minoristas sean quienes sostengan el interés. Para UBS, “preferimos vender riesgos bajistas en la plata para obtener rendimiento adicional”, aunque aclaran que este tipo de estrategias requiere tolerancia alta al riesgo y un manejo adecuado del tamaño de la posición.
Desde JPMorgan, el análisis es más estructural: advierten que los precios actuales podrían debilitar la demanda industrial, especialmente en el sector solar, y que la plata podría salir de su déficit físico para entrar en equilibrio o incluso en superávit en los próximos trimestres.
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UBS concluyó que “es demasiado pronto para construir una exposición de largo plazo en plata”, mientras que JPMorgan observa riesgos en ambas direcciones. Para ambos, la alta volatilidad seguirá marcando el comportamiento del metal, y el camino hacia un nuevo equilibrio dependerá del ritmo de ajuste de posiciones especulativas y de la demanda real desde Asia.
“A medio plazo, la corrección ha ayudado a reajustar el posicionamiento y reducir el exceso de especulación. Sin embargo, también sirve como recordatorio de que los metales preciosos siguen siendo sensibles a las fluctuaciones en la liquidez, el posicionamiento y la percepción general del riesgo”, añadió Manthey, de ING.
Dólar: repunte táctico y efectos en los metales
La nominación de Kevin Warsh para presidir la Fed revirtió el debilitamiento que el dólar había mostrado en las primeras semanas del año. El índice DXY recuperó cerca de 0,6% desde los mínimos de cuatro años, mientras el ISM manufacturero sorprendía al alza, lo que reforzó la expectativa de la solidez de la economía estadounidense que permitiría mantener las tasas de interés estables.

Para John Hardy, analista de Saxo Bank, el rebote que ha mostrado el billete verde ha llegado a “niveles que comienzan a ser incómodos para la narrativa bajista del USD”. No obstante, Goldman Sachs indicó que la reciente volatilidad cambiaria fue impulsada más por incertidumbre institucional, que por fundamentos macroeconómicos.
Sus analistas afirmaron que “la reciente inyección de incertidumbre política será suficientemente duradera como para impedir que el dólar recupere completamente el terreno perdido”.
En contraste con la reacción del mercado global, las monedas latinoamericanas han mostrado firmeza relativa, incluso frente al repunte del dólar. El real brasileño se apreció en línea con el modelo de valor justo cíclico de Goldman Sachs y sus estrategas explicaron que un entorno procíclico con impulso en commodities puede seguir beneficiando a la divisa.
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BBVA también destacó la resistencia regional y consideran que la corrección que viene mostrando el billete verde “es técnica desde niveles extremadamente sobreextendidos tanto en divisas como en materias primas”, por lo que los fundamentos de fondo que vienen impulsado a las monedas de la región, como el alto carry trade, siguen vigentes.
En este escenario, los inversionistas deben tener en cuenta que el dólar sigue siendo un factor clave para la evolución de los precios de los metales. La relación inversa entre el oro, la plata y la moneda estadounidense se ha reafirmado, dejando a ambos activos sensibles a los movimientos cambiarios.
Según Manthey, “el dólar es probablemente el principal motor de la acción de precios a corto plazo, con los metales preciosos moviéndose en general en dirección opuesta”. Este vínculo, reforzado en un contexto de incertidumbre institucional y volatilidad en las tasas implícitas, seguirá condicionando las decisiones tácticas.

Para los inversores que mantienen una estrategia de mediano a largo plazo con metales preciosos, los analistas insisten en que los episodios de volatilidad no deben interpretarse como señales de ruptura estructural.
Manthey cree que “sin un cambio sustancial en los fundamentos macroeconómicos, prevemos que la reciente ola de ventas sea correctiva en lugar de estructural”. Chanana, por su parte, advierte que “los movimientos rápidos en los precios parecen información, pero la velocidad no equivale a relevancia”.
En su análisis, los metales siguen cumpliendo una función como diversificadores, incluso cuando enfrentan correcciones abruptas en contextos de tensión financiera. Ante esas circunstancias, su recomendación es clara: “si un activo aún forma parte de un plan a largo plazo, la pregunta suele ser cuánto, no si debe estar”.
La analista recordó que “las ventas masivas son menos una prueba de conocimiento de mercado que una prueba de disciplina”. En este contexto, la consistencia en el proceso de inversión vuelve a ocupar un lugar central, con el énfasis puesto en preservar la lógica estratégica más allá de las reacciones emocionales.













