Bloomberg Línea — El repunte del petróleo y el ajuste de las expectativas sobre la Reserva Federal han frenado al oro en marzo, pero UBS sostiene que ese movimiento no altera la función que el metal conserva dentro de una cartera diversificada. En un mercado atento al efecto económico de la guerra entre Estados Unidos e Irán, la firma mantiene una visión alcista para el metal y sitúa el debate en un plano más amplio que el de la reacción inmediata a un conflicto.
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La cotización refleja esa tensión. El oro se ha movido cerca de US$5.000 por onza, con dos semanas consecutivas de descensos, mientras el crudo ha operado por encima de US$100 por barril y el mercado ha reducido de forma drástica la posibilidad de un recorte de tasas en la próxima reunión de la Fed. Ese cruce entre energía, inflación y tasas ha limitado el avance del metal incluso en un entorno de riesgo geopolítico.
En esa lectura, UBS plantea que el desempeño reciente no invalida el papel estratégico del activo. La firma sostiene que “el oro es más una cobertura contra el impacto más amplio de los conflictos, que contra las amenazas directas de guerra”, una formulación que desplaza el foco desde el shock militar hacia sus efectos más amplios.
Riesgos monetarios y macro
El planteamiento del banco suizo parte de una distinción que ordena su argumento. El informe indica que “el oro protege principalmente contra riesgos monetarios como la devaluación de la moneda, el aumento de los déficits y las desaceleraciones económicas, que pueden resultar de conflictos geopolíticos”, con lo cual la utilidad del metal no depende solo del aumento de la tensión militar, sino de la forma en que esa tensión altera las variables que pesan sobre la asignación de activos.

Ese marco también explica por qué el oro no ha respondido con un alza sostenida durante las últimas semanas. UBS recuerda que, en episodios de esta naturaleza, los inversionistas suelen buscar liquidez y evaluar alternativas como la energía. El metal ha quedado bajo presión por el encarecimiento del crudo y por la posibilidad de menos recortes de tasas, un factor que suele pesar sobre los metales preciosos porque no pagan interés.
La firma añade que el comportamiento actual encaja con antecedentes de otras crisis. Tras el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania en 2022, el oro subió 15%, pero después cedió entre 15% y 18% cuando la Fed elevó las tasas.
Según UBS, una secuencia similar se observó al inicio de la Guerra del Golfo y de la guerra de Irak, cuando los precios avanzaron 17% y 19%, para luego retroceder a medida que la tensión perdió fuerza. Para UBS, esa secuencia muestra que el metal no funciona como una apuesta lineal a la guerra, sino como cobertura frente a riesgos monetarios y macroeconómicos más amplios.
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En ese contexto, la entidad mantiene su previsión de precio y afirma que “mantenemos la opinión de que los precios del oro deberían subir hacia US$5.900 a US$6.200 por onza este año”. La proyección convive con un reconocimiento explícito de las presiones de corto plazo, en especial las asociadas a un dólar más fuerte y a la inquietud por un repunte de la inflación derivado del alza de la energía.
La demanda y las tendencias de largo plazo sostienen la tesis
La visión positiva de UBS no descansa solo en el escenario macroeconómico. El informe sostiene que “la demanda subyacente sigue siendo sólida”, incluso después de una reducción en las tenencias de los ETF de oro a comienzos de mes. La firma añade que esas posiciones han mostrado más estabilidad en fechas recientes y que los fondos de cobertura han incrementado de forma moderada su posicionamiento neto en el metal.
A esa base se suma la demanda oficial y la vinculada al consumo. UBS considera que “la demanda total de oro probablemente se mantendrá fuerte, respaldada por las continuas compras de los bancos centrales, el aumento de la actividad de inversión, así como el crecimiento estructural de la demanda de joyería de oro en medio de mayores ingresos en Asia”.

La tesis no depende, por tanto, de un solo motor, sino de una combinación de flujos financieros, compras institucionales y expansión del consumo en esa región.
El banco también ubica el argumento en una escala más larga y espera “que tendencias estructurales como la elevada deuda gubernamental, así como los esfuerzos de los bancos centrales y de los inversionistas globales para diversificarse fuera del billete verde, respalden la perspectiva de largo plazo del oro”. Esa frase resume el núcleo del enfoque de UBS, que no se limita al episodio de Medio Oriente y se extiende a la estructura fiscal y monetaria de la economía global.
Con esa base, la conclusión de la firma es que siguen “manteniendo una visión positiva sobre el oro y creemos que el metal amarillo sigue siendo un diversificador eficaz de carteras”. El banco añade que los inversionistas con preferencia por este activo pueden considerar una asignación de hasta un rango medio de un solo dígito dentro de un portafolio diversificado.












