Bloomberg Línea — Con un cambio de enfoque geopolítico desde Washington, una recomposición política hacia el centro-derecha en América Latina y fundamentos de mercado cada vez más sólidos, los activos latinoamericanos mantienen una racha de rendimiento que destaca frente a otras regiones emergentes.
Para Ashmore, gestora especializada en mercados en desarrollo, la combinación de factores estructurales, políticos y macroeconómicos explica por qué la región sigue superando a sus pares globales.
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Desde el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos en 2025, la política exterior hacia América Latina se ha tornado más activa, con intervenciones directas en países como Venezuela. Ese giro, bautizado informalmente por el mercado como la “Doctrina Donroe”, ha coincidido con una etapa de transición política hacia gobiernos más promercado, un entorno externo favorable para commodities y mejoras en los resultados corporativos.
Ashmore señala que “con la política girando nuevamente hacia la derecha favorable al mercado, el crecimiento de las ganancias mejorando y una perspectiva estructuralmente alcista para los commodities dado el auge de la inteligencia artificial, la defensa y la energía, América Latina vuelve a estar en el radar de los inversionistas”.
La gestora también destaca un factor que ha modificado las percepciones de riesgo en los últimos meses. “La combinación de una transición política hacia el centro-derecha con la nueva política exterior de Estados Unidos ha sido bien recibida por los mercados”, afirman sus analistas, quienes subrayan que los flujos hacia activos de la región se aceleraron con fuerza durante el segundo semestre de 2025.

Desempeño de los activos
Los activos latinoamericanos mostraron un comportamiento destacado en 2025. El índice MSCI Latam avanzó 46% el año pasado, con una continuación del impulso durante enero de 2026. Según Ashmore, “esperamos que el desempeño superior de las acciones de América Latina continúe, respaldado por la mejora en las ganancias por acción y valoraciones aún competitivas”.
La gestora argumenta que el sesgo sectorial de la región es un elemento diferenciador clave frente al resto del universo emergente. Cerca de dos tercios del índice regional está compuesto por bancos, materiales y energía. Dentro de los bancos, el múltiplo precio/valor libro subió de 1,4 veces en 2022-2024 a 2,4 veces actualmente. Aunque esto podría parecer caro, Ashmore contextualiza que “los bancos financieros se negociaban a un promedio de 3,5 veces durante el periodo de auge entre 2003 y 2007”.
Los sectores de materiales y energía también concentran la atención de los analistas. El primero se ha beneficiado del auge del cobre y la demanda de cemento impulsada por la construcción de centros de datos. Esto ha llevado a un re-rating hasta 2,2 veces valor libro. En el caso de energía, donde Petrobras es el actor dominante, el alza de 30% en lo que va del año no ha eliminado su rezago histórico, por lo que Ashmore observa espacio para mayor recuperación.
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En cuanto a monedas, la región también mostró solidez frente al dólar. “Las monedas latinoamericanas han tenido un muy buen desempeño el último año, respaldadas por carry fuerte y altos rendimientos reales”, señalan desde Ashmore. Aunque prevén recortes de tasas nominales en países como Brasil, Chile, Perú y México durante 2026, consideran que “los rendimientos reales seguirán siendo firmemente positivos y mantendrán ancladas a las monedas, particularmente en un entorno de dólar más débil”.
La firma también argumenta que las divisas no están sobrevaluadas. “En términos del tipo de cambio real efectivo, las monedas de Sudamérica, salvo Perú, están subvaluadas frente a los niveles de 2010, y el peso mexicano está en torno a su valor justo”, indican sus analistas.
Doctrina Monroe 2.0 como marco geopolítico
El nuevo enfoque estratégico de Estados Unidos hacia la región fue consolidado en diciembre de 2025, cuando la administración Trump incorporó un “corolario Trump a la Doctrina Monroe” en su Estrategia de Seguridad Nacional. Ashmore interpreta este cambio como una señal de mayor protagonismo de América Latina en la política exterior estadounidense, centrada en seguridad, infraestructura crítica y recursos estratégicos.

En este contexto, los analistas destacan que “la política estadounidense hacia América Latina ha vuelto al activismo, con el objetivo de asegurar a los países latinoamericanos como aliados estratégicos y socios económicos”. El diagnóstico es que esta postura se alinea con los intereses del mercado, en tanto reduce incertidumbre y fortalece relaciones bilaterales claves para la inversión y el comercio.
Los analistas advierten que el enfoque actual tiene un carácter más transaccional que ideológico. “El apoyo en seguridad y el financiamiento estatal están condicionados a resultados medibles en migración, crimen y mayor control de la infraestructura estratégica y corredores de recursos”, explican. Para los gobiernos latinoamericanos, esta relación plantea una oportunidad, pero también un dilema: “El desafío regional es monetizar la ventaja en recursos sin ceder soberanía”, afirman desde Ashmore.
El creciente interés de Estados Unidos por asegurar cadenas de suministro en minerales críticos refuerza el atractivo estratégico de la región. Chile y Perú representan un tercio de la producción global de cobre, mientras que Argentina, Bolivia y Chile concentran cerca de la mitad de los recursos globales de litio medidos e indicados. Brasil, por su parte, produce 91% del niobio mundial y Venezuela dice que tiene alrededor de 303.000 millones de barriles de reservas probadas de crudo.
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Giro político hacia la derecha, con matices
La trayectoria política reciente en América Latina también contribuye a explicar el atractivo de la región. Ashmore observa una tendencia regional hacia candidatos con mensajes orientados a la seguridad y la estabilidad macroeconómica, sin que ello implique necesariamente una adhesión ideológica uniforme.
“El electorado está castigando a los oficialismos por bajo crecimiento, alta inflación y el avance del crimen organizado”, afirman los analistas. Destacan el caso de El Salvador como punto de partida de esta nueva dinámica, en donde el presidente Nayib Bukele logró reducir la violencia y consolidar la estabilidad fiscal. En Argentina, la victoria de Javier Milei y el respaldo que recibió en las elecciones legislativas de octubre de 2025 confirmaron el respaldo a una agenda de estabilización basada en el ajuste.
En otros casos como Panamá, República Dominicana y Ecuador, los gobiernos electos han mantenido políticas ortodoxas, al tiempo que enfrentan presiones sociales o institucionales. Ashmore considera que “el éxito y la longevidad de la ola liberal en América Latina dependerán menos de la retórica y más de la capacidad estatal y la gobernabilidad en congresos fragmentados”.

En Chile, la victoria de José Antonio Kast en diciembre refuerza esta lectura regional, aunque la implementación de reformas dependerá de la dinámica en el Congreso. En Brasil, las elecciones de octubre de 2026 serán clave para determinar la viabilidad de un ajuste fiscal profundo. El panorama en México, aunque diferente, también muestra una evolución hacia mayor pragmatismo económico bajo el liderazgo de Claudia Sheinbaum.
Colombia se perfila como uno de los escenarios más inciertos de la región ante las elecciones presidenciales de mayo de 2026. Ashmore señala que el país “representa menos un giro limpio hacia la derecha que un referéndum sobre la estrategia de seguridad, la corrupción y la capacidad del Estado”.
Las encuestas muestran una contienda polarizada entre figuras con posturas opuestas en temas clave, lo que hace prever un Congreso fragmentado y un futuro gobierno con escaso margen de maniobra. Para los analistas, el desafío principal radica en “la viabilidad de reformas fiscales y económicas bajo restricciones severas y un parlamento probablemente dividido”.
En conclusión, América Latina inicia 2026 con el acelerador puesto. Según Ashmore, “el continente entra en 2026 con un fuerte impulso: mejora de las ganancias, menor riesgo político y valoraciones aún atractivas, una combinación que está conduciendo a una aceleración de los flujos internacionales hacia sus mercados de capital”.
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La firma considera que el actual entorno geopolítico ha favorecido esta tendencia. “En nuestra opinión, la ‘Doctrina Monroe 2.0’ ha reforzado hasta ahora ese entorno de apoyo, elevando la relevancia estratégica de la región en materia de seguridad, infraestructura y cadenas de suministro de recursos críticos en un momento de creciente fragmentación global”.
No obstante, para los analistas de Ashmore, el año que comienza será decisivo para determinar si América Latina consolida el ciclo de recuperación iniciado en 2025. “Si los nuevos gobiernos elegidos logran mejorar la credibilidad de las políticas, la disciplina fiscal y la cooperación con el marco económico y de seguridad liderado por Estados Unidos, el argumento para una asignación de largo plazo hacia América Latina dentro de los mercados emergentes no hará más que fortalecerse”, concluye.













