Anthropic acaba de aumentar la presión sobre Nvidia

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Dario Amodei
Por Parmy Olson

Hay mucho que leer entre líneas cuando los líderes tecnológicos hacen declaraciones públicas tan contundentes.

El CEO de Anthropic PBC, Dario Amodei, publicó esta semana una entrada en su blog en la que negaba enfáticamente, nada menos que en negrita, que la empresa hubiera respaldado jamás una prohibición de los denominados “modelo de pesos abiertos” (open weight models), lo que a simple vista parece un intento de defenderse de los ataques del recientemente destituido “zar de la IA” del Gobierno de EE.UU., David Sacks.

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Ahora bien, si se analiza con más detenimiento, Amodei se suma a una reciente tendencia entre los líderes tecnológicos de desviar la ira de la Casa Blanca hacia otra parte. Y en este caso, se trata del fabricante de chips Nvidia Corp. (NVDA).

Su publicación, titulada “Nuestra postura sobre los modelos de pesos abiertos”, sostiene que hay mejores formas de contrarrestar los esfuerzos de China en materia de IA que prohibir sus modelos, que publican sus componentes de software básicos para que cualquiera pueda usarlos y modificarlos, y que han supuesto un revés para el negocio de Anthropic y su próxima salida a bolsa.

Sacks aprovechó dicha situación esta semana al destacar que Anthropic era la única compañía que se negaba a firmar una carta abierta en apoyo del uso de modelos de IA de descarga gratuita; el CEO de Nvidia, Jensen Huang, había promovido la carta con su primera publicación en X. El sector debía vigilar a Anthropic “como un halcón”, afirmó Sacks.

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Mark Zuckerberg se sumó con más críticas entre líneas a través de múltiples declaraciones a la prensa, aparentemente coordinadas, en las que advirtió contra las restricciones a los modelos de IA chinos, una postura que también protege el propio trabajo de Meta Platforms Inc. (META) en modelos de pesos abiertos, y desafió públicamente a Anthropic y OpenAI.

Según él, tales normas conllevaban el riesgo de una “captura regulatoria” y de una “concentración de poder”, añadió sin ningún atisbo de ironía por parte de un multimillonario cuyas declaraciones tenían como objetivo influir en la regulación y cuyas plataformas de redes sociales llegan a unos 3.500 millones de personas por día, casi el 43% de la población global.

Amodei rechazó esa interpretación. Una prohibición “protegería a las empresas estadounidenses de IA de la competencia”, escribe; “sin embargo, ese nunca ha sido mi objetivo”.

Su mayor preocupación es que un gobierno autoritario como el de China desarrolle modelos de IA más potentes que cualquier otro en EE.UU. y los use para alcanzar la supremacía militar o para reprimir a sus ciudadanos. Para ello no se necesitan modelos de pesos abiertos, añade, y la mejor manera de evitar que eso suceda es impedir, desde el comienzo, que China pueda desarrollar IA a través de los chips.

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Probablemente a Huang se le aceleró el corazón al leer eso. El año pasado, la administración Trump revocó las restricciones de la era Biden sobre las exportaciones de los chips H20 de Nvidia a China, restableciendo lo que Huang describió como un mercado potencial de US$50.000 millones.

Amodei está diciendo, en definitiva, que la prohibición nunca debió haberse levantado.

El CEO de Anthropic tiene razón en un aspecto. La popularidad de modelos chinos como Qwen, DeepSeek y Kimi K3 se ha vuelto imparable entre las empresas de Estados Unidos y, sobre todo, entre las startups, por lo que, en la práctica, ya no hay marcha atrás.

“El código abierto tiene que imponerse”, asegura Uljan Sharka, CEO de Domyn Inc., una empresa de IA con sede en Milán, quien sostiene que las compañías no quieren depender de dos o tres proveedores de IA para la tecnología con la que gestionarán sus negocios. “Se impondrá. Es inevitable”.

Prohibir este tipo de modelos también supone un revés para el espíritu emprendedor estadounidense, ya que los nuevos empresarios se benefician considerablemente del uso de agentes de IA económicos para crear una página web o gestionar sus impuestos. Además, una prohibición en EE.UU. tampoco impediría que esos modelos se hicieran populares a nivel mundial.

Sin embargo, no está tan claro que Nvidia deba ser la empresa que asuma el costo económico de contener a China. Amodei cita un artículo de investigación de hace seis años sobre las leyes de escalado de la IA para justificar su enfoque en los chips. En resumen, el artículo afirma que un aumento en la potencia de cálculo produce una IA más capaz.

Si bien esto sigue siendo cierto en líneas generales, ya no es la historia completa. Pekín ahora tiene una visión diferente a la de EE.UU. sobre la supremacía en inteligencia artificial, priorizando la adopción generalizada sobre la creación del chatbot más inteligente; de ​​ahí la importancia de la creciente influencia de sus modelos de pesos abiertos.

Los controles a la exportación tampoco han impedido que China haya logrado avances importantes en IA durante el último año.

Las compañías chinas lo han compensado mediante métodos eficaces como la “distillation” (destilación), un método de entrenamiento en el que un modelo de inteligencia artificial pequeño aprende copiando de uno más grande, y mejoras algorítmicas. Los controles a la exportación pueden ralentizar a China, pero no pueden detenerla.

El debate sobre la inteligencia artificial gratuita se ha centrado durante años en la seguridad, ya que los sistemas cerrados cuentan con mecanismos de protección que impiden que personas malintencionadas los utilicen con fines perjudiciales.

Ahora, el debate se entrelaza con intereses comerciales.

Para la población en general, los modelos más económicos resultan prometedores, ya que podrían reducir los costes para las empresas y los fundadores de startups. Esto es sin duda positivo si la IA pretende impulsar la productividad económica; no obstante, también podría perturbar gravemente a las empresas líderes de un sector emergente y en auge que está sosteniendo el mercado bursátil en general.

Mientras la Casa Blanca decide cuál es la mejor fórmula para contener a China, está analizando también qué compañías de Estados Unidos pueden ser usadas como arma en esa lucha. De la disputa pública de esta semana entre Amodei, Zuckerberg y Huang se desprende con claridad que Silicon Valley preferiría que fuera otro quien se involucrara.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios.

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