Un tema recurrente en la ciencia ficción es el viajero en el tiempo que visita el presente con una advertencia apocalíptica sobre el futuro, solo para ser ignorado trágicamente. Resuena porque es muy creíble. En realidad, la Tierra recibió hace poco a un visitante de este tipo, y lo desestimamos completamente.
Hace tres años, los científicos advirtieron que la llegada de El Niño al océano Pacífico provocaría un aumento temporal de las temperaturas mundiales de más de 1,5°C por encima de los promedios preindustriales, lo cual nos permitiría tener una idea de cómo sería el planeta si superásemos el límite a largo plazo que se estableció en los acuerdos de París en 2015.
Los columnistas ingenuos especializados en clima se preguntaron si esto sería suficiente para que la gente se asustara y se esforzase más por evitar ese futuro.
Como estaba previsto, El Niño de 2023 y 2024 provocó temperaturas sin precedentes. Fue verdaderamente aterrador. Y los estadounidenses reaccionaron llevando de nuevo a la Casa Blanca a un acérrimo negacionista del cambio climático, cuyo objetivo explícito era quemar más combustibles fósiles que calientan el planeta.
Entretanto, la voluntad política necesaria para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero flaqueó en otras partes del planeta.
Es probable que El Niño vuelva este año, amenazando con temperaturas incluso más altas. Resulta absurdo pensar que esta vez será diferente, que la experiencia motivará a los votantes a minimizar el caos medioambiental del futuro.
Sin embargo, también sería negligente pasar por alto el hecho de que los efectos devastadores de este nuevo El Niño serán más que evidentes en 2028, año de las próximas elecciones presidenciales.
El Niño y La Niña son fases de la Oscilación del Sur-El Niño, un patrón climático en el Pacífico tropical.
El Niño ocurre cuando una gran franja del océano se calienta, lo que a menudo eleva temporalmente las temperaturas globales. La Niña, cuando el agua está más fría, es la fase en la que nos encontramos en este momento.
Según el Servicio Meteorológico Nacional, hay un 60% de porbabilidades de que La Niña termine en abril y entre un 50% y un 60% de probabilidades de que se forme un nuevo El Niño a comienzos del otoño.

El próximo El Niño podría no calentar el planeta tan agresivamente como su predecesor, que fue uno de los más intensos (es decir, más cálidos) de las últimas décadas. Sin embargo, aún aumenta el riesgo de una temperatura récord, probablemente en 2027, superando la marca de 2024 de casi 1,6°C por encima de los promedios preindustriales.
“Si se desarrolla El Niño, y si es moderadamente fuerte, entonces 2027 sería el año favorito para ser el más cálido registrado”, me dijo Zeke Hausfather, un científico climático del grupo de investigación sin fines de lucro Berkeley Earth.
El 2026 ya va camino de ser el segundo más caluroso registrado en la historia de la humanidad. El pronóstico en la actualidad es de una temperatura superficial global promedio de 1,48°C por encima de los promedios preindustriales para 2026, según el panel Climate Brink que Hausfather ayuda a mantener.
La influencia de El Niño y La Niña sobre las temperaturas globales es pequeña y temporal. Estos fenómenos no pueden afectar la tendencia a largo plazo, que es inexorablemente al alza debido a los gases que calientan el planeta y que los seres humanos emiten en la atmósfera.
La Tierra ha estado en fases relativamente más frías de La Niña durante la mayor parte de los últimos 30 años, sin embargo, el calentamiento ha continuado a un ritmo acelerado.
El 2025 fue el tercer año más caluroso de la historia de la humanidad, más caluroso que cualquier El Niño antes de 2023, pese de las condiciones predominantes de La Niña.

No obstante, incluso pequeños cambios pueden tener grandes impactos. Los fenómenos de El Niño anteriores han provocado blanqueamiento generalizado de corales, devastadoras sequías en África, inundaciones en Sudamérica y otros fenómenos.
Y es probable que 2026 y 2027 sean el cuarto y quinto año sucesivos en los que las temperaturas globales hayan sido aproximadamente 1,5°C más elevadas que los promedios preindustriales, el límite más optimista de los acuerdos de París.
Cinco años rozando ese límite no implican necesariamente que hayamos fracasado en alcanzar ese objetivo. Estos objetivos se miden a lo largo de muchos años, no solo de unos pocos. Sin embargo, en este momento, sería necesario un milagro para evitar superar los 1,5°C.
Lamentablemente, esa cifra de 1,5°C no es arbitraria, independiente de lo que se diga de ciertos ambientalistas que se retiran discretamente. Es el nivel mínimo en el que se corre el riesgo de desencadenar varios “puntos de inflexión” climáticos, según un nuevo estudio publicado en la revista Environmental Research Letters.
El concepto de “punto de inflexión” está plagado de incertidumbre, pero se refiere a sistemas cruciales de la Tierra que podrían verse alterados permanentemente a ciertas temperaturas, causando graves repercusiones, que podrían incluir un calentamiento aún más rápido.
Los arrecifes de coral, el permafrost y el giro subpolar del Atlántico Norte (una corriente oceánica circular vital) corren un peligro creciente con un calentamiento de 1,5°C.
Y un incremento de 1,5°C no tiene por qué ser permanente para desencadenar algunos de estos puntos de inflexión, según afirmaron investigadores en un estudio reciente publicado en la revista Nature: Communications Earth & Environment. Calificaron el calor provocado por El Niño de 2023-24 como “una advertencia de que la Tierra está a punto de entrar en un período de cambio climático peligroso”.
El autor y activista Bill McKibben sugirió recientemente que El Niño de 2026-27 será lo suficientemente significativo como para poner fin al indeseable resurgimiento del negacionismo climático que acompañó la reelección del presidente Donald Trump. Incluso podría convencer a los científicos de que el calentamiento se ha acelerado y reavivar el debate sobre la geoingeniería, advirtió McKibben en su boletín.
La experiencia sugiere que los votantes de EE.UU. tienen recuerdos de peces de colores. Pero las temperaturas de 2027 no serán oficiales hasta principios de 2028, cuando los estadounidenses voten en las primarias presidenciales.
Para entonces, es posible que aún estemos limpiando los estragos de El Niño tras años en los que la administración Trump ha truncado la investigación climática, obstaculizado las energías limpias y protegido los combustibles fósiles, todo mientras las primas de los seguros de hogar se disparaban.
Predecir el futuro es difícil, pero también es difícil imaginar un mejor momento que 2028 para finalmente prestar atención a la advertencia de El Niño.
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