Estados Unidos no puede salir de sus problemas fiscales con engaños

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Scott Bessent
Por Consejo Editorial de Bloomberg Opinión

El gobierno estadounidense, responsable de la mayor economía del mundo, se enfrenta a un panorama fiscal cada vez más sombrío debido al aumento vertiginoso de los costos de endeudamiento soberano. Lamentablemente, parece empeñado en probar cualquier solución, excepto la que podría serle útil.

En una tendencia que afecta a todo el mundo desarrollado, el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años ha subido al 4,7%, desde el 4,4% de hace menos de dos meses. Los factores que impulsan este repunte no son del todo negativos.

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Por un lado, con razón o sin ella, los inversores esperan cada vez más que un mayor crecimiento económico ponga fin a un largo periodo de tipos de interés anormalmente bajos. Su optimismo se debe en parte a un auge de la inversión en inteligencia artificial de varios billones de dólares que compite con el gobierno estadounidense por el capital, lo que ejerce aún más presión sobre las tasas.

En la terminología clásica de los ciclos económicos, esto parece deberse más a la codicia que al miedo.

EE.UU.

No obstante, sean cuales sean las razones, el incremento de los costes de financiación está subrayando la fragilidad fiscal de los Estados Unidos.

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La deuda del país es tan elevada, aproximadamente el 100% del PIB, que las variaciones en las tasas de interés tienen un impacto presupuestario desmesurado. Los intereses de la deuda en manos del público superan ya US$1 billón, una cifra que rivaliza con el gasto en defensa.

De mantenerse, un aumento de 30 puntos básicos en los costes de financiación supondría unos US$100.000 millones adicionales, en un momento en el que los fondos fiduciarios destinados a dos de las responsabilidades más importantes del Gobierno, la Seguridad Social y Medicare, están en vías de agotarse en 2032 y 2033, respectivamente.

Cuando no te puedes permitir endeudarte más, la solución obvia es pedir menos dinero prestado. En el caso de EE.UU., esto implicaría alcanzar el difícil acuerdo político que se requiere para reducir el mayor déficit presupuestario del mundo desarrollado, que se sitúa en más del 6% del PIB.

Pero los esfuerzos bipartidistas para lograrlo no han tenido hasta ahora ningún éxito. Por el contrario, la Casa Blanca y el Congreso continúan buscando formas de bajar los impuestos y gastar más, incluso en “seguridad electoral” y en una desastrosa guerra en Irán.

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Entre tanto, Scott Bessent, el secretario del Tesoro, está recurriendo a medidas aparentemente desesperadas.

La más reciente es su promesa de aumentar “al menos al doble” la recompra de bonos del Tesoro a 30 años, el vencimiento en el que el aumento de los rendimientos ha sido más pronunciado. Si bien esta medida sorpresiva redujo temporalmente los rendimientos, tiene un costo.

Por un lado, la estrategia socava la reputación de un Tesoro que había prometido una emisión de deuda regular y predecible. Además, el gobierno podría tener que recaudar fondos emitiendo deuda a corto plazo, lo que lo haría más dependiente de la refinanciación y más vulnerable a las fluctuaciones de las tasas de interés, un enfoque que Bessent criticó a su predecesor.

Ninguna maniobra de mercado, por sofisticada que sea, puede ocultar la cruda realidad: el gobierno de Estados Unidos está lamentablemente poco preparado para un mundo en el que los costos de endeudamiento vuelvan a un nivel que, no hace mucho, se consideraba normal. La única solución es poner en orden sus finanzas públicas.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios.

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