Bloomberg Línea — Mientras que algunos gobernantes latinoamericanos prometen seguir el ejemplo de Nayib Bukele construyendo megacárceles de alta seguridad como el CECOT en El Salvador, hay quienes navegan en contracorriente y plantean soluciones que no son precisamente de “mano dura” para reducir los índices de criminalidad.
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Una iniciativa brasileña llamada Replantando Vida cree que la región necesita menos prisiones grises, frías y donde las personas privadas de la libertad reciben un trato inhumano. En cambio, apuesta por espacios verdes, que generen empleo y en los que incluso se les permite aportar su granito de arena al cuidado del planeta.
Lo del granito de arena no es metafórico ni un cliché.
Replantando Vida construye viveros forestales dentro de las cárceles de Brasil, mientras que capacita y emplea a los reclusos en la producción de plantas nativas destinadas a la restauración de áreas deforestadas. Incluso les permite salir todos los días para plantar en otras zonas los árboles producidos.
La iniciativa fue ganadora en la categoría de Desarrollo Humano de los Premios Verdes 2026, entregados en Cuenca, Ecuador, donde Bloomberg Línea conversó con su pionero, Alan Abreu.
“Hoy son 600 personas que trabajan en el proyecto. Tenemos la producción de plantas en tres cárceles y personal saliendo para plantar en otras nueve”, dice Abreu. “Este es un modelo replicable en toda Latinoamérica debido a la necesidad de restauración de la naturaleza y de generar oportunidades para personas en cumplimiento de condena”.
Presos han plantado 4,5 millones de árboles y recuperado 45 km de cauces de ríos
El proyecto Replantando Vida cobra todavía más importancia si se tiene en cuenta que Brasil tiene la tercera mayor población carcelaria del mundo, un total de 700.000 personas privadas de la libertad. Entre ellas, 45.000 cumplen condena solamente en Río de Janeiro, pero apenas 1.800, es decir, el 4%, accede a actividades laborales.
La falta de oportunidades laborales limita las oportunidades de reinserción social y aumenta la reincidencia.
“Si una persona no consigue empleo cuando sale de la cárcel, ¿cómo va a ayudar a su familia? Entonces tenemos que comenzar antes, cuando aún está en cumplimiento de condena, a brindarle oportunidades. Por eso, Replantando Vida tiene el objetivo de ir hasta las prisiones y transformar el ambiente penitenciario”, explica Abreu.
Por otra parte, Brasil enfrenta un desafío ambiental crítico: la restauración de la Mata Atlántica para garantizar el abastecimiento de agua a largo plazo. Actualmente, solo el 27% de la cobertura original de este bioma se mantiene en pie, comprometiendo servicios ecosistémicos esenciales.
Replantando Vida tiene una solución para estos dos retos, el penitenciario y el ambiental. De ahí que fuera uno de los diez ganadores de los Premios Verdes, entre más de 2.000 iniciativas inscritas este año.
Sus resultados también hablan claro: más de 6.000 personas privadas de la libertad han contribuido en el proyecto a lo largo de su existencia, siendo capacitadas y remuneradas por su labor.
Y pese a que para algunos no son útiles para la sociedad, han plantado más de 4,5 millones de árboles y restaurado más de 45 kilómetros de cauces de ríos.
A ello se suma una tasa de éxito del 80%, o en palabras de Abreu: “De cada diez personas que pasan por el proyecto, ocho se reintegran socialmente y apenas dos retornan nuevamente al sistema prisional”.
La réplica del modelo Bukele en Latinoamérica, una preocupación
Abreu dice que cada vez que Replantando Vida llega a una prisión brasileña, todas las personas privadas de la libertad quieren participar, y eso es positivo, porque cambian sus perspectivas. “Hay una mejora de todo el ambiente carcelario, porque pasan a tener un objetivo de trabajar, de tener su salario, de ayudar a su familia”, describe.
La preocupación de Abreu ahora mismo es que la región esté apostando por la construcción de megacárceles como la del CECOT en El Salvador; recientemente, Costa Rica inauguró una de ellas, y en noviembre de 2025, Ecuador hizo lo propio.

La peruana Keiko Fujimori, el boliviano Rodrigo Paz y el colombiano Abelardo De la Espriella también han prometido centros penitenciarios de este tipo. Lo mismo el senador Flávio Bolsaro, que perdió la segunda vuelta electoral en Brasil con Lula da Silva.
“Yo tengo un miedo, un recelo, y es que los líderes de Latinoamérica quieren replicar el CECOT, por ejemplo, una prisión que es de solo cemento”, dice Abreu. “Nosotros pensamos diferente; aunque hay presos peligrosos, no todos son iguales. Tenemos personas que quieren recomenzar, que quieren una oportunidad y esa oportunidad precisa llegar”.













