Bloomberg Línea — Las negociaciones del salario mínimo para 2027 en América Latina deberán compensar la pérdida de poder adquisitivo sin alimentar una nueva ola inflacionaria, en un escenario de mayores precios de la energía, tasas de interés elevadas y poco margen para impulsar aumentos reales, dijeron analistas consultados por Bloomberg Línea.
“Los gobiernos tendrán que equilibrar dos objetivos: proteger el poder adquisitivo de los trabajadores, que se ha erosionado este año, y no alimentar nuevas presiones sobre los precios en un contexto en que los bancos centrales siguen atentos a la inflación”, dijo a Bloomberg Línea Nicolás Cruz, analista de investigaciones económicas de la corporación financiera Corficolombiana.
Por eso, ve probable que las decisiones “se apoyen más en criterios técnicos, como la inflación esperada y la productividad, y en el diálogo entre gobiernos, empresarios y trabajadores”.
Según el analista de Corficolombiana, Colombia está entre los países que enfrentarán un panorama más desafiante con una inflación del 6,29% interanual en septiembre (el doble de su meta y tras un alza del salario mínimo cercana al 23% en 2026).
Asimismo, considera que las discusiones sobre el salario mínimo del 2027 serán especialmente sensibles en Brasil (con una inflación del 4,58% interanual en septiembre, por encima del techo de su meta).
Y a pesar de que ya han definido su esquema de ajustes, países como Argentina (con una inflación interanual de 33,4% en septiembre) y Perú (4,55% interanual en septiembre, su nivel más alto en tres años) también enfrentan presiones hacia el futuro.
“Las decisiones sobre el salario mínimo de 2027 llegan en el peor momento del año para la inflación, con el Brent en US$110, más del 70% por encima de fines de 2025”, dijo a Bloomberg Línea el economista del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), Jonathan Fortun.
Fortun considera que el alza del petróleo genera un aumento inicial de los precios, pero que los ajustes salariales definidos entre octubre y diciembre en la región determinarán si ese incremento se traduce en una mayor inflación en 2027, en un contexto marcado por las presiones políticas en varios países.
“Mirando a 2027, el escenario que más me preocupa para la región es que coincidan un petróleo caro, aumentos salariales indexados a la inflación de este año y bancos centrales que tengan que frenar los recortes de tasas, porque ahí la inflación deja de ser transitoria”, expresó.
Colombia, uno de los casos más desafiantes
Colombia es considerado el país con más presión en 2027 y el que más arriesga en la decisión sobre el salario mínimo.
El aumento del 23% decretado para este 2026 coincidió con una inflación que pasó del 5,1% en diciembre del 2025 a 6,29% en septiembre pasado.
Entre tanto, el Banco de la República subió su tasa en el año desde el 10,25% de enero hasta el 12,25% actual.
En agosto, el Emisor advirtió que un aumento por encima de la inflación y la productividad refuerza la indexación, reseña el IIF.
El gobierno del ultraderechista Abelardo de la Espriella abrió la concertación para el salario mínimo de 2027 el 1 de octubre, después de anticipar en julio la fórmula tradicional de inflación más productividad.
“Me parece que un aumento de un dígito es lo que permite proteger el ingreso sin repetir el choque de costos de este año, sobre todo porque en Colombia el salario mínimo sirve de referencia para pensiones, tarifas y muchos otros precios”, dijo el economista del IIF.
El rumbo del salario mínimo en Brasil

En Brasil, el salario mínimo de 2027 depende en buena medida de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 25 de octubre, según los analistas consultados.
En agosto, el gobierno del izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva elevó la previsión del salario mínimo a R$1.741 en 2027 (unos US$345 de hoy), lo que supone un ajuste del 7,4%.
La regla para esa definición del salario mínimo tiene en cuenta la inflación y una ganancia real limitada por el marco fiscal.
La administración de Lula da Silva espera que el aumento contribuya a estimular el consumo, especialmente entre las familias de bajos ingresos, mientras trata de hacer frente al impacto fiscal que limita el margen para ampliar otros gastos.
Jonathan Fortun explica que durante el Gobierno del ultraderechista Jair Bolsonaro (2019-2023), padre del actual candidato Flávio Bolsonaro, el salario mínimo se ajustó solo por inflación, sin ganancias reales desde 2020. “Gane quien gane, el salario mínimo indexa pensiones y beneficios sociales. Y con la Selic (tasa de interés de referencia de Brasil) en 13,75%, me parece que el banco central va a mirar ese ajuste antes de seguir recortando”.
La pérdida del poder adquisitivo en Argentina

En Argentina, el Gobierno fijó por resolución los aumentos del salario mínimo hasta abril de 2027, luego de que empresarios y sindicatos no lograran alcanzar un acuerdo en el Consejo del Salario.
Bajo este esquema se realizarán subidas salariales a un ritmo promedio de entre 1,7% y 1,9% hasta alcanzar los ARS$437.000 en abril de 2027 (unos US$286).
Con una proyección inflacionaria del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) del 17,8% para fines de 2027, el salario mínimo en Argentina mantiene una pérdida de poder adquisitivo y equivale, en términos reales, a cerca de la mitad de su valor de finales de 2019.
“La recuperación del poder adquisitivo en Argentina depende de que la desinflación avance más rápido que esas subas”, explica Fortun.
México llegaría en una posición aparentemente más cómoda

México llegaría en una posición relativamente más cómoda puesto que su inflación anual de 3,45% en septiembre está dentro del rango meta de Banxico, del 3%, lo que le da más margen para decidir su ajuste.
Después de varios años de aumentos de dos dígitos, incluido un 13% en 2026, la discusión se centrará en cuánto más puede crecer el salario sin presionar los precios, según los analistas.
“El escenario para México hacia 2027 proyecta un nuevo ajuste al salario mínimo de doble dígito (cercano al 12%), impulsado por la meta transexenal de cubrir 2,5 canastas básicas”, dijo a Bloomberg Línea la profesora Diana Becerra Peña, del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA) de la Universidad de Guadalajara.
“Este incremento, que supera con creces las revisiones salariales del sector privado (proyectadas entre 3% y 5%), coincide con la implementación gradual de la reducción de la jornada laboral a 40 horas, generando un efecto pinza en los costos operativos de las pymes que incentiva la informalidad y el traspaso de costos al consumidor final”, anotó la académica.
Para la hacienda pública y la estabilidad macroeconómica, Becerra Peña señaló que el ajuste encarece la contratación estatal de servicios provistos por terceros (mantenimiento, logística y seguridad) e incrementa los pasivos laborales del sector público.
Además, al superar el ritmo de la productividad, argumenta que estos aumentos aportan inercia a la inflación del sector servicios, lo que limita la velocidad de los recortes a la tasa de interés del Banco de México y encarece el financiamiento necesario para la inversión productiva.
Chile y Perú se adelantan en la definición del salario mínimo
Chile y Perú llegan a 2027 con buena parte de la discusión resuelta sobre el salario mínimo, pero con desafíos hacia el futuro.
El sueldo mínimo en Chile tendrá dos nuevos reajustes durante 2027, según lo establecido por la Ley n.º 21.830.
El primero comenzará a regir el 1 de enero y su porcentaje dependerá de la variación acumulada del Índice de Precios al Consumidor (IPC) entre mayo y diciembre de 2026.
Y el segundo está previsto para julio del próximo año.
Actualmente, el ingreso mínimo mensual para los trabajadores mayores de 18 años y de hasta 65 años es de CLP$553.553 (US$565), monto que comenzó a regir el 1 de mayo de 2026.
En Perú, el gobierno de Keiko Fujimori subió el salario mínimo de S/1.130 (unos US$328) a S/1.230 (US$357) desde el 1 de octubre, un 8,8% más.
Esta es la primera etapa hacia los S/1.300 en 2027 (US$378) previstos por el Gobierno peruano.
Esto “en un país donde el salario mínimo real estaba por debajo de su nivel de 2019 y la inflación de Lima subió de 1,5% en diciembre a 4,55% en septiembre”, dice Fortun.
Los retos de Bolivia

En Bolivia, la negociación del salario mínimo para 2027, que tradicionalmente se resuelve cerca del 1 de mayo, comienza con el rechazo abierto de la Central Obrera Boliviana (COB) al retiro del subsidio al diésel y con un Gobierno que tiene poco margen fiscal para repetir un incremento del 20% sin generar más presión sobre el tipo de cambio.
En este contexto, la discusión salarial en Bolivia podría trasladarse a las calles, con paros y bloqueos como principales riesgos para la estabilidad de los precios, anticipa Fortun.
Para 2026, el Gobierno fijó el salario mínimo en Bs.3.300 (US$281), un aumento del 20%, al tiempo que eliminó los subsidios a los combustibles.
Desde que el tipo de cambio comenzó a flotar a finales de junio, el dólar oficial pasó de Bs.6,86 a cerca de Bs.11,7.
En esa cotización, el salario mínimo cayó de unos US$400 en 2025 a cerca de US$280, una reducción de casi el 30%, calcula el IIF.
La inflación anual bajó al 5,7% en septiembre, frente al 20% de diciembre, en parte por efectos de base estadística.
No obstante, la eliminación total del subsidio al diésel en septiembre, que elevó un 83% el precio por litro, podría añadir alrededor de 1,7 puntos porcentuales al nivel de precios, según la estimación del IIF.
Ver más: La austeridad “impuesta” por el FMI deja a países con deuda doblemente vulnerables, según Oxfam
Equilibrar los ajustes del salario mínimo con las perspectivas de inflación
Nicolás Cruz, analista de Corficolombiana, dijo que en las futuras negociaciones del salario mínimo los gobiernos deberían tomar como referencia la inflación de cierre de 2026, para que los trabajadores recuperen el poder adquisitivo perdido durante el año, y sumarle la ganancia de productividad, que “es la que permite mejoras reales sostenibles sin presionar los precios”.
Argumentó que mantener el ajuste cerca de esa fórmula da previsibilidad a empresas y hogares y evita que el aumento salarial se convierta en una nueva fuente de inflación.
La pérdida de poder adquisitivo, medida por la inflación de cierre de año, define el ajuste mínimo necesario para que los trabajadores no vean reducido su ingreso real, algo especialmente relevante en un año en que la inflación repuntó en varios países.
La productividad, por su parte, determina cuánto puede crecer el salario por encima de esa reposición sin presionar los precios ni afectar el empleo: cuando avanza a ritmos moderados, como ocurre en buena parte de la región, el margen para mejoras reales también es limitado.
Un incremento que supere de forma significativa la suma de inflación y productividad eleva los costos de producción, que las empresas tienden a trasladar a precios, y termina reduciendo la misma ganancia de poder adquisitivo que se buscaba proteger, indicó Cruz.
Otros elementos, como el crecimiento económico, el mercado laboral o la situación fiscal tendrán un peso distinto, según el balance macroeconómico de cada país.
El IIF, al igual que grandes bancos de Wall Street como Citi (C), proyectan que la inflación se moderará en 2027 en Brasil, México, Argentina, Colombia y Chile.
Por eso, advierte que ajustar los salarios según la inflación de 2026 podría trasladar a los ingresos aumentos de precios que ya no se registrarían en 2027.
“Escalonar los aumentos, como hacen Perú y Chile, también le da tiempo al banco central para ver si aparecen efectos de segunda ronda”, dice Fortun. “El costo fiscal va a pesar mucho en Brasil y Colombia, donde el salario mínimo indexa pensiones y nómina pública, y la informalidad pone un límite en todos lados, porque un salario mínimo demasiado alto empuja a más trabajadores fuera del empleo formal. El costo de vida tampoco golpea parejo, ya que la energía y los alimentos pesan más en el gasto de los hogares que viven del salario mínimo”.













