Bloomberg Línea — Subir la meta de inflación en Colombia podría tener efectos que van más allá del corto plazo y que se traducirían en mayores tasas de interés estructurales, un encarecimiento del financiamiento del Gobierno y una presión adicional sobre los mercados de deuda.
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“Si uno plantea una meta de inflación, por ejemplo, del 4% o 5% de manera estructural o a mediano plazo, estamos hablando de que las tasas, en un contexto más favorable para la economía en un futuro, no convergerían eventualmente a niveles por los lados del 6,5% o 7%, como se espera hoy para la tasa neutral o tasa de equilibrio, sino a algo más por los lados del 9%, con las implicaciones negativas que eso conlleva para la actividad económica en general”, dijo Daniel Velandia, director de Investigaciones Económicas de Credicorp Capital.
La discusión la puso sobre la mesa el ministro de Hacienda Germán Ávila ante la Comisión III de la Cámara de Representantes. Al cuestionar los aumentos de tasas del Banco de la República criticó que se hable repetidamente de “la meta de inflación del 3%”, pues a su juicio, “no somos un país hiperinflacionario” y por lo tanto “a la economía no le pasaría nada, no se va a desmoronar, por tener una meta del 4% o incluso, del 5%”.
Tasas estructuralmente más altas
Uno de los principales riesgos señalados por los analistas es que una meta de inflación más elevada implicaría, de manera casi automática, tasas de interés más altas en el largo plazo, incluso en escenarios económicos favorables.
Velandia explicó que una meta superior no solo afectaría la política monetaria en el corto plazo, sino que también cambiaría el punto de equilibrio hacia el cual convergen las tasas de interés, lo que tendría efectos directos sobre el crédito, la inversión y la actividad económica.
En esa misma línea, Felipe Campos, gerente de Estrategia de Inversión en Alianza Valores, advirtió que la discusión sobre subir la meta debe analizarse desde el propósito que tendría esa decisión y sus efectos sobre el crecimiento.
“Si el ‘para qué’ es hacer políticas expansivas que valgan la pena porque sólo habría un poco más de inflación, la respuesta es no: no le sirve, porque usted tiene que gastar por encima de la inflación", dijo Campos. “Así que una cosa es desanclarla primero al 4% o al 5%, pero si usted quiere seguir generando crecimiento a punta de gasto, le toca desanclarla indefinidamente, siempre gastando por encima de la inflación”.
Campos también advirtió que, si el ajuste de la meta se vincula con necesidades fiscales, el impacto podría ser aún mayor.
“Tendría que ser parte de un movimiento global, no un tema puntual de que nosotros no podemos, pero el resto sí”, señaló, al indicar que cualquier cambio estructural debería estar alineado con tendencias internacionales.
El impacto sobre la deuda pública
Otro de los efectos señalados por los analistas es el impacto que tendría una mayor meta de inflación sobre el mercado de deuda pública.
Andrés Langebaek, analista independiente, advirtió que el efecto inmediato sería un deterioro en el valor de los títulos de deuda, especialmente en los tramos de mayor duración.
“Uno de los más perjudicados sería el Gobierno, porque, en la medida en que tú aumentas la meta, va a tener una desvalorización de los TES, especialmente en la parte media y larga, que es la más sensible a las expectativas de inflación. Entonces, el ministro tiene que entender que, si propone eso, su deuda se le va a encarecer”, explicó.
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En este contexto, el encarecimiento del servicio de la deuda se convertiría en un factor adicional de presión sobre las finanzas públicas, particularmente en un escenario en el que los pagos por intereses ya representan una proporción significativa del gasto.
Campos también alertó sobre el costo acumulado que pueden generar las decisiones fiscales y monetarias cuando afectan la percepción de riesgo del país.
“Cuando se pasa de una calificación BB+ a BB-, el brinco es enorme; es un precipicio", dijo. “El costo que está asumiendo Colombia en este momento, después de haber gastado buena parte de su credibilidad y comenzar a gastar también la credibilidad del Banco de la República, es difícil de medir en términos simples, como decir 100 o 200 puntos básicos”, afirmó.
Credibilidad y costos financieros
Más allá de los efectos sobre tasas y deuda, algunos advierten que modificar la meta de inflación podría generar efectos sobre la confianza en la política monetaria y en las instituciones económicas.
Camilo Pérez, director de Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá, señaló que los cambios en metas durante momentos de incumplimiento pueden generar incertidumbre.
“Claramente, ajustar las reglas de juego durante el partido no es la mejor salida”, dijo, al comparar la situación con modificar reglas en medio de una competencia.
Pérez también advirtió sobre las implicaciones que tendría una decisión de este tipo en términos de credibilidad.
“Esto generaría mucha incertidumbre, desconfianza y pérdida de credibilidad por parte del Banco Central”, señaló.
Una postura similar expresó Wilson Tovar, director de Investigaciones Económicas de Acciones y Valores, quien resaltó que la estabilidad de las metas forma parte de la institucionalidad monetaria.
“La política monetaria no debería ceder a los deseos del mandatario de turno”, afirmó.
Tovar también indicó que, a nivel internacional, los bancos centrales han mantenido sus marcos de política incluso ante desviaciones inflacionarias.
“Si vemos la historia, el Banco de la República fue capaz de bajar la inflación desde niveles del 30% hasta la meta, o incluso por debajo de ella. Estas oscilaciones son normales y no deberíamos modificar entonces las herramientas para combatirlas”, señaló.
Expectativas de inflación y señales al mercado
Otro punto relevante en el debate es el papel de las expectativas de inflación y su influencia sobre las decisiones económicas y financieras.
Pérez advirtió que los cambios recientes en las expectativas inflacionarias reflejan choques concretos que ya se han materializado en la economía.
“Basta ver las proyecciones del mismo Ministerio de Hacienda, sin ir más lejos, o del mismo codirector César Giraldo, que está apoyando los recortes de tasa de interés. Ambos, hace unos meses, proyectaban inflaciones para el cierre de este año por debajo del 4%. Una vez se conoció el ajuste del salario mínimo, en ambos casos se revisó al alza, y hoy en día las predicciones que se tienen son más cercanas al 6%”, afirmó.
Por su parte, Campos señaló que las expectativas son un componente clave en el proceso de control inflacionario y en la lectura que hacen los mercados sobre la política económica.
“Hay un desconocimiento del proceso, del papel de las expectativas y de lo importantes que han sido para el control de la inflación”, indicó.
En esa misma discusión, Velandia recordó que mantener la estabilidad de la política monetaria es fundamental para la confianza de largo plazo.
“Hoy por hoy, el ancla tal vez más importante que tiene cualquier país del mundo es su política monetaria, que esté completamente alejada de cualquier tipo de cálculo político”, afirmó.
Al mismo tiempo, el impacto de una inflación más alta no se limitaría a variables financieras, sino que también tendría implicaciones sociales relevantes.
“Lo cierto es que no nos podemos olvidar de que la inflación es el impuesto más regresivo que existe”, advirtió Velandia.
Un debate con implicaciones fiscales y financieras
El debate sobre modificar la meta de inflación también tiene implicaciones directas sobre el espacio fiscal y la sostenibilidad del gasto público.
Campos advirtió que el aumento del costo del endeudamiento puede generar un círculo adverso para las finanzas públicas.
“No solamente hacen subir las tasas de interés de la economía y afectan a toda la economía, sino que después argumentan que no tienen espacio para reducir el gasto. Pero ¿cómo van a tener espacio si más de 30% se lo están gastando en intereses, precisamente por el perfil fiscal que han decidido tener?”, señaló.
Desde otra perspectiva, Langebaek también subrayó la importancia de reconocer la capacidad técnica en la elaboración de pronósticos económicos.
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“Aquí de lo que se trata es de analizar quiénes tienen las metodologías más sofisticadas para pronosticar”, afirmó, al destacar el papel de las herramientas técnicas en la formación de expectativas económicas.
En conjunto, las advertencias de los analistas apuntan a que cualquier decisión sobre la meta de inflación tendría implicaciones que se extenderían más allá del control de precios y afectarían directamente el costo del financiamiento, la sostenibilidad fiscal y el comportamiento de los mercados financieros.













