Toyota golpea a la industria automoriz de México

La creciente incertidumbre sobre el futuro del T-MEC aviva la preocupación de que una mayor parte de la producción automovilística mexicana acabe en fábricas de EE.UU.

Camioneta Tacoma.
Por Gonzalo Soto

Bloomberg — La industria automovilística mexicana se prepara para un golpe que podría extenderse mucho más allá de Toyota Motor Corp., después de que el fabricante japonés anunciara que trasladaría la producción de su popular camioneta Tacoma fuera del país, a Texas.

La creciente incertidumbre sobre el futuro de las relaciones comerciales entre Estados Unidos y México está avivando la preocupación de que una mayor parte de la producción automovilística mexicana pueda acabar en manos de las fábricas estadounidenses, después de que Donald Trump optara la semana pasada por no renovar a largo plazo el acuerdo comercial T-MEC y, en su lugar, impulsara negociaciones anuales.

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Las dudas están llevando a más fabricantes de automóviles con operaciones en México a revisar sus planes de producción alternativos, recortar la producción y reevaluar los acuerdos a largo plazo vinculados a la ampliación de las plantas, según dos personas del sector que pidieron no ser identificadas al referirse a deliberaciones privadas.

Ambas afirmaron que temen que se produzcan más anuncios como el de Toyota en los próximos meses, a medida que se desvanecen las esperanzas de que se reduzcan a corto plazo los aranceles estadounidenses sobre los vehículos fabricados en México.

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“No es casualidad que este anuncio se produzca poco después de que EE.UU. optara por revisiones anuales”, afirmó Gabriela Siller, directora de análisis económico del Banco Base. “Si esto le ha ocurrido a Toyota, otras empresas podrían decidir abandonar México en un efecto dominó para evitar perder competitividad”.

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La decisión de Toyota de trasladar parte de su producción a EE.UU. podría presagiar un replanteamiento regional, ya que la perspectiva de cambios en los aranceles y las normas de origen para la miríada de piezas que componen los vehículos erosiona aún más la previsibilidad que ha sustentado al sector durante años.

La economía mexicana, ya de por sí maltrecha, tiene mucho que perder. La fabricación de automóviles es la joya de la corona de su base industrial orientada a la exportación, ya que representa el 4,5% del Producto Interno Bruto del país.

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Siller señaló que el anuncio de Toyota envía una señal especialmente negativa, ya que sus modelos ya cuentan con una de las proporciones medias más elevadas de piezas fabricadas en EE.UU. Destacó que las exportaciones mexicanas de BMW AG, de Audi —la marca de gama alta de Volkswagen AG— y de Nissan Motor Co. son las que más han disminuido este año, entre otras que también han registrado un descenso en los envíos.

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Desde el año pasado, varios fabricantes de automóviles han estudiado la posibilidad de trasladar parte de su producción mexicana al otro lado de la frontera o de reestructurar su red de proveedores para incluir más componentes fabricados en EE.UU., según afirmó una de las fuentes. Esas conversaciones se han acelerado después de que Trump se negara a autorizar una prórroga de 16 años del T-MEC.

El sector del automóvil es conocido por su planificación a largo plazo, que tiene en cuenta múltiples objetivos, según ha señalado la sede norteamericana de Toyota en un comunicado a Bloomberg.

“Aunque nos vemos afectados por la evolución de las políticas comerciales, nuestras inversiones son decisiones que abarcan varias décadas y se basan en objetivos estratégicos más amplios, en nuestro compromiso de fabricar allí donde vendemos y en superar las expectativas de los clientes”, afirmó la empresa.

Desde su primer mandato, Trump ha tratado de atraer más fábricas a EE.UU. al tiempo que restaba importancia a las ventajas de una industria automovilística integrada a nivel regional. El martes, se jactó de que sus aranceles habían sido la causa de la decisión de Toyota respecto a la Tacoma.

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La celebración de la victoria de Trump reforzó las expectativas de que más fábricas de automóviles mexicanas tendrán que trasladar parte de su producción a EE.UU. o prepararse para afrontar unos costes más elevados debido a sus aranceles.

La última decisión de Toyota no es, ni mucho menos, el único traslado de México a EE.UU.

General Motors Co. ya había anunciado una nueva capacidad de producción en EE.UU. para sus modelos SUV Chevrolet Blazer y Equinox, ambos fabricados actualmente en México, mientras que Hyundai Motor Co. ha trasladado de forma similar parte de su producción del SUV Tucson y, al mismo tiempo, ha creado un grupo de trabajo sobre aranceles para impulsar el abastecimiento en EE.UU.

Nissan suspendió las exportaciones de su sedán compacto Versa desde México a EE.UU. a finales del año pasado. Asimismo, dejó de fabricar otros dos modelos producidos en México —el Infiniti QX50 y el QX55—, que estaban destinados en gran medida al mercado estadounidense.

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Los vehículos fabricados en México e importados a EE.UU. pueden eludir parte del arancel del 25% impuesto por Trump al sector del automóvil si cumplen con el T-MEC, en función del porcentaje de componentes fabricados en EE.UU. que contengan. No obstante, gran parte de los impuestos a la importación siguen aplicándose. Según un documento al que ha tenido acceso Bloomberg, el arancel medio se sitúa en casi el 19%, una cifra superior al arancel del 15% que se aplica a algunos vehículos importados de Corea del Sur o Japón.

Algunos analistas señalan que las exportaciones totales de vehículos de México siguen aumentando.

“No creo que los fabricantes de automóviles estén considerando abandonar el país”, afirmó Julio Ruiz, economista jefe de Citi México. “En cambio, simplemente están ajustando determinadas líneas de producción, concretamente algunos modelos que pueden fabricarse en otros lugares, para intentar minimizar los aranceles a los que se enfrentan”.

--Con la colaboración de Chester Dawson.

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