El control de EE.UU. sobre el petróleo venezolano amenaza el pago de la deuda con China

La administración Trump busca reestructurar la deuda de Venezuela y limitar la participación de China en el sector petrolero, abriendo un nuevo frente de tensión entre Washington y Pekín.

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The Petroleos de Venezuela SA (PDVSA) Bajo Grande Refinery at the Paraguana Refinery Complex on Lake Maracaibo in Maracaibo, Zulia state, Venezuela, on Friday, Nov. 17, 2023. A decision by the US on Oct. 18 to ease sanctions in exchange for greater political freedom in Venezuela, has opened the doors for dealmaking and increased production that will enable the Latin American country's crude to reach global markets. Photographer: Gaby Oraa/Bloomberg
Por Bloomberg News

Bloomberg — Venezuela se está convirtiendo en un importante campo de pruebas para las ambiciones hemisféricas de Donald Trump y está emergiendo como otra posible fuente de rivalidad con China.

Tras anunciar sus planes de hacerse con el control de más de 65.000 millones de barriles de las reservas de crudo de Venezuela, la administración Trump dejó claro que eso no era más que el principio. Se avecina una campaña para marginar a China y a potencias como Rusia, a las que la Casa Blanca ha calificado de “actores extranjeros malignos”, en un esfuerzo por garantizar que “el dominio estadounidense en nuestro hemisferio nunca vuelva a ponerse en duda”.

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El siguiente punto en la agenda de Washington es un intento de reestructurar la deuda de Venezuela, que incluye miles de millones de dólares adeudados a China. El secretario de Energía de Estados Unidos. Chris Wright, declaró el miércoles que Pekín no tendrá derecho alguno a los ingresos procedentes de la nueva producción venezolana, lo que corta una vía para realizar los reembolsos.

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Estados Unidos ha presentado su campaña como el último capítulo de la Doctrina Monroe, codificada en la Estrategia de Seguridad Nacional de la Casa Blanca y que reivindica el derecho unilateral de Estados Unidos a negar a las potencias rivales la capacidad de poseer o controlar “activos estratégicamente vitales”. Bajo ese lema, arrebatar los yacimientos petrolíferos venezolanos a las empresas chinas supone una oportunidad geopolítica para alinearlos con los intereses de Washington.

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China ha reducido su exposición a Venezuela en los últimos años y es probable que a Trump le resulte difícil replicar en otros lugares la magnitud de sus acciones en Venezuela, lo que significa que, para Pekín, las implicaciones son más políticas que económicas.

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Un Estados Unidos más intervencionista corre el riesgo de chocar con los intereses generales de China en Sudamérica, afirmó Christian Reyes, analista de riesgo político afincado en Pekín y originario de Ecuador.

“Venezuela no es necesariamente un precedente de expropiación directa, pero puede serlo de exclusión forzada”, afirmó. “Estados Unidos se muestra cada vez más dispuesto a definir parte de la relación económica de la región con China como una cuestión de seguridad y a ejercer una influencia considerable para hacer respetar esas líneas rojas”.

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China Faces a 'Donroe' Test in Latin America

La reacción de China hasta ahora ha sido relativamente moderada. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Guo Jiakun, afirmó el jueves, en una rueda de prensa habitual celebrada en Pekín, que “deben protegerse” los derechos e intereses legítimos de China en Venezuela. “La cooperación entre China y Venezuela está protegida por el derecho internacional”, añadió. “No es asunto de terceros”.

De cara a la primera visita de Estado del presidente Xi Jinping a EE.UU. en más de una década, prevista para este mes, los responsables de las principales economías del mundo tratan de evitar cualquier enfrentamiento grave, a pesar de sus discrepancias en cuestiones como los desequilibrios comerciales y el apoyo económico de Pekín a Teherán.

Aún no está claro en qué medida los proyectos vinculados a China se incluyen en el acuerdo de concesión a 100 años anunciado por Washington. Las autoridades estadounidenses y venezolanas no han identificado públicamente los yacimientos incluidos en el acuerdo.

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El gobierno de EE.UU. negoció a principios de esta semana una participación del 35% en North American Blue Energy Partners, la empresa privada del empresario venezolano Alejandro Betancourt, con lo que obtuvo acceso a 17 yacimientos petrolíferos locales.

El acuerdo “hace menos probable que la deuda se salde en un futuro próximo”, afirmó Michal Meidan, director de investigación sobre energía china en el Instituto de Estudios Energéticos de Oxford. “Será interesante ver si este tema se aborda siquiera a finales de este mes durante la reunión entre Trump y Xi, aunque lo dudo”.

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Para Pekín, Venezuela se ha convertido en una fuente de energía menos importante en los últimos años. El crudo procedente de ese país representó únicamente el 4% del total de las importaciones de petróleo de China en 2025. No se ha registrado la llegada de ningún cargamento venezolano a China desde que la administración Trump asumió el control de los activos tras la captura, a principios de este año, del entonces presidente Nicolás Maduro.

El golpe más duro podría recaer sobre los miles de millones de dólares de deuda contraída con los bancos chinos, que está vinculada a los barriles de petróleo no entregados. Aunque Caracas dejó de publicar información detallada sobre dichas obligaciones tras su impago soberano en 2017, se estimaba que la deuda total con China ascendía al menos a US$10.000 millones en 2025.

Esa cifra ya se ha reducido considerablemente desde su máximo. China comenzó a financiar proyectos de infraestructura y energía en Venezuela en 2007, bajo el mandato del expresidente Hugo Chávez. Los datos disponibles públicamente sugieren que los bancos estatales chinos habían concedido al país más de US60.000 millones en préstamos respaldados por petróleo hasta 2015.

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A medida que las sanciones de EE.UU. contra Caracas se intensificaron en los años siguientes, China se convirtió en el mayor comprador de crudo de Venezuela y en su acreedor extranjero más importante. Empresas estatales como China National Petroleum Corp. —matriz de PetroChina Co.— y China National Offshore Oil Corp. desarrollaron proyectos de petróleo y gas en el cinturón de petróleo pesado del Orinoco y en otras zonas.

Las empresas privadas chinas, entre ellas Concord Resources, también invirtieron en participaciones en activos de exploración y producción.

Sin embargo, el entorno operativo se volvió cada vez más difícil a medida que la economía venezolana se deterioraba y las instalaciones de producción funcionaban muy por debajo de su capacidad prevista. Esta tendencia se aceleró después de que EE.UU. impusiera sanciones al sector petrolero venezolano en 2019, aunque es posible que algunas empresas conjuntas chinas ya existentes y personal contratado, incluidos los de CNPC, sigan estando presentes en Caracas.

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Esto significa que las afirmaciones de que EE.UU. está recuperando yacimientos petrolíferos de adversarios extranjeros no tendrán un gran impacto en las empresas chinas, que ya habían reducido su presencia a medida que evolucionaban las prioridades estratégicas de Pekín.

China's Investment in Venezuela Collapsed Under Maduro

El golpe más duro podría recaer sobre las refinerías chinas, que ya se ven afectadas por las interrupciones en el suministro procedente de Irán.

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Las refinerías independientes de la provincia de Shandong, en particular, llevan mucho tiempo dependiendo del crudo pesado venezolano como materia prima para la producción de betún. La pérdida de esos suministros ha provocado una contracción del mercado nacional de betún, lo que ha contribuido a un fuerte repunte de los precios de los futuros.

Según los analistas, para la mayoría de las empresas y acreedores chinos en Venezuela, los riesgos de hacer negocios ya eran bien conocidos, lo que significa que la última agitación no supondrá una sorpresa.

“Sudamérica ha sido durante mucho tiempo una encrucijada geopolítica en la que los intereses de China y EE.UU. se cruzan y, en ocasiones, chocan”, afirmó Liao Na, fundadora de GL Consulting, una empresa especializada en investigación energética. “Dada la importancia que ambas potencias conceden a Venezuela, las fricciones son casi inevitables siempre que sus intereses se solapan”.

-Con la colaboración de Philip Glamann, Jennifer A. Dlouhy e Iain Marlow.

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