Bloomberg — La propuesta del secretario del Tesoro, Scott Bessent, de adoptar un enfoque sin límites para ayudar a Japón a rescatar el yen corre el riesgo de ser cuestionada por los participantes en el mercado, que señalan su limitada capacidad para llevar a cabo esa tarea.
La moneda japonesa cayó hasta un 1% el lunes, superando los 159 por dólar, lo que anuló la mitad del repunte provocado por la intervención conjunta de Estados Unidos y Japón del 31 de julio. Dicha intervención, la primera acción coordinada desde 1998, había elevado la moneda hasta cerca de 155 antes de que se reanudara la caída.
A raíz de esa operación inusual, Bessent afirmó: “Haremos todo lo que sea necesario para apoyarles de una forma que beneficie a la economía estadounidense, a los contribuyentes estadounidenses y que estabilice la economía mundial”.
El problema es que, en lo que respecta a los recursos para la intervención cambiaria, se considera que el secretario del Tesoro se ve limitado por su principal instrumento específico: el Fondo de Estabilización Cambiaria, con unos activos inferiores a US$220.000 millones. A modo de comparación, se estima que solo Japón gastó US$53.000 millones en operaciones con el yen el 30 de julio, el día anterior a la medida coordinada.

“Estados Unidos puede influir en la narrativa coordinándose con Japón en materia de intervención, pero no puede reescribir los fundamentos”, afirmó Nathan Thooft, gestor sénior de carteras de Manulife Investment Management. En cuanto a la capacidad de las autoridades estadounidenses, “los recursos son abundantes, pero no ilimitados”, añadió.
En EE.UU., la Reserva Federal es el organismo que cuenta, en principio, con recursos ilimitados para intervenir en el mercado de divisas con el fin de debilitar el dólar, ya que, en la práctica, es capaz de imprimir billetes. Sin embargo, en el caso de la operación del mes pasado, su papel se limitó a la ejecución efectiva de las compras de yenes, realizadas en nombre del Tesoro.
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Históricamente, la Fed se ha sumado en ocasiones al Tesoro con fondos propios para mostrar su apoyo a las intervenciones. Allá por 1998, la intervención sobre el yen de aquel momento se llevó a cabo a partes iguales con fondos de la Reserva Federal y del Tesoro. Una intervención conjunta de 2011 para vender yenes y otra de 2000 para comprar euros también se realizaron con una distribución equitativa.
En esta ocasión, la información de los medios de comunicación sobre la intervención sugiere que la Fed “no aportó fondos” para la intervención estadounidense, según escribió el lunes en una nota Derek Tang, economista de Monetary Policy Analytics. Es poco probable que se disponga de datos oficiales que lo confirmen hasta más adelante este año.
Capacidad de la Reserva Federal
“Su capacidad de intervención está, en teoría, limitada únicamente por su voluntad”, señaló Tang en referencia al banco central estadounidense.
La Fed se negó el lunes a hacer comentarios sobre la intervención estadounidense. El Tesoro no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios.
Bessent ha puesto de relieve otra forma en la que la Fed podría resultar útil: a través de su Mecanismo de Recompra para Autoridades Monetarias Extranjeras e Internacionales. Dicho programa permitiría a Japón canjear una parte de su reserva de bonos del Tesoro, que supera el billón de dólares, por efectivo en dólares. Dos días después de la intervención, Bessent recomendó que se “ampliara” el programa.
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Sin embargo, los datos de la Fed publicados el jueves sugieren que Japón no ha utilizado esta herramienta. A principios de este mes, la ministra de Finanzas japonesa, Satsuki Katayama, señaló que podría utilizarse en algún momento.
El umbral de 160
La presión para que Japón, o ambos aliados conjuntamente, vuelvan a intervenir podría aumentar si el yen cayera por debajo de los 160 por dólar, un nivel considerado a principios de este año como un umbral psicológico clave. Las autoridades intervinieron para respaldar la moneda cuando superó ese nivel en el verano de 2024.
“Si Estados Unidos y Japón permitieran que el yen volviera a cotizar de forma duradera por encima de 160, los mercados podrían interpretar la ausencia de intervención cambiaria” como una señal de la reticencia de EE.UU. a vender dólares, escribieron Marco Casiraghi y Gang Lyu, de Evercore ISI, en una nota publicada el lunes. “El resultado podría provocar una presión adicional en los mercados que pondría a prueba el compromiso con un yen más fuerte”.
Según economistas y participantes en el mercado, la principal motivación probable de Bessent para apuntalar el yen ha sido frenar cualquier efecto de contagio hacia los bonos del Tesoro. Las ventas masivas de bonos del Estado japonés se han extendido en ocasiones a los valores estadounidenses, y si Tokio se deshiciera de sus dólares, eso podría provocar un aumento de los rendimientos estadounidenses. Los rendimientos de referencia de los bonos del Tesoro a 10 años alcanzaron recientemente su nivel más alto desde que Bessent asumió el cargo.
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“Si a Bessent le preocupa que las operaciones con el yen puedan ejercer una posible presión al alza sobre los bonos del Tesoro de EE.UU. y los rendimientos estadounidenses a más largo plazo, la mejor manera de abordar el problema es contrarrestar el despilfarro fiscal estadounidense”, afirmó Mark Sobel, quien trabajó en el Tesoro durante más de tres décadas. “La intervención en el mercado de divisas y el uso del FIMA son solo un parche”.
Lo que opinan los estrategas de Bloomberg
“La renovada debilidad del yen, junto con el aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro, podría hacer que Washington volviera a intervenir. Si Estados Unidos acabara vendiendo dólares, en lugar de euros como hizo en julio, eso supondría un elemento disuasorio mucho más fuerte para las posiciones cortas en yenes”. —Skylar Montgomery Koning, estratega macroeconómico.
Dado que el martes es festivo en Japón, los operadores temen que la menor liquidez pueda crear las condiciones para una nueva ronda de intervención, ya que las autoridades podrían sacar mayor partido a su inversión. No obstante, los movimientos de divisas del lunes ponen de relieve los límites de ese mecanismo a la hora de modificar la trayectoria general del yen, cuando las fuerzas que impulsan su caída permanecen prácticamente intactas.
Entre esas fuerzas se encuentran los amplios diferenciales de tasas de interés entre Japón y EE.UU., las preocupaciones sobre las perspectivas fiscales de Japón y la incertidumbre geopolítica. El retroceso del yen del lunes se produjo en paralelo a una subida del precio del petróleo en medio de las continuas tensiones en torno a Irán. Japón importa la mayor parte de su energía, lo que lo hace vulnerable al aumento de los precios.
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En cuanto a las tasas de interés oficiales, la tasa de referencia del Banco de Japón se sitúa actualmente en el 1%, frente al rango objetivo de la Reserva Federal para su propia tasa de interés de referencia, que oscila entre el 3,5% y el 3,75%.
Un resumen de la última reunión de política monetaria del Banco de Japón señaló el aumento de los riesgos de que la inflación se acelere, y uno de los miembros del consejo de administración señaló la posibilidad de una aceleración del ritmo de las subidas de tasas. Los swaps indican que los operadores valoran en torno a un 63% la probabilidad de una subida para septiembre, mientras que una subida en octubre ya está prácticamente descontada.
“Creemos que la respuesta relativamente moderada a la intervención refleja las razones fundamentales de la debilidad de la moneda”, escribieron en una nota los estrategas de Goldman Sachs Group Inc. (GS), entre ellos Kamakshya Trivedi. El equipo espera que “las presiones a la depreciación resurjan con el tiempo, a menos que se produzca un cambio en las condiciones globales o una sorpresa en materia de política monetaria”.
Con la colaboración de John Cheng, Enda Curran y Neha D’silva.
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