Bonos globales sufren nueva ola de ventas: ¿hay riesgo de otra crisis como la de 2022?

Si bien el reciente retroceso ha llevado los rendimientos a máximos de varios años en los mercados más grandes del mundo, este movimiento es solo una fracción del observado a finales de 2022.

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La emisión global de deuda cae, pero el retroceso dista mucho de la debacle de 2022
Por Ruth Carson - Masaki Kondo

Bloomberg — La ola de ventas que sacude a los mercados globales de bonos resulta dolorosa, pero no se compara con la debacle de hace cuatro años, cuando la disparada de la inflación obligó a los bancos centrales a ejecutar una serie de agresivas e intempestivas subidas de las tasas de interés.

La diferencia radica en la magnitud. Si bien el reciente retroceso ha llevado los rendimientos a máximos de varios años en los mercados más grandes del mundo, este movimiento es solo una fracción del observado a finales de 2022. Los rendimientos de los bonos gubernamentales globales han aumentado 17 puntos básicos en un promedio móvil de 20 días, en comparación con los 62 puntos básicos de entonces, según datos recopilados por Bloomberg. En términos de máximo a mínimo, los bonos han perdido un 4,2% este año, muy lejos del desplome del 23% registrado en 2022.

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Aunque la actual ola de ventas apenas da señales de remitir, la evolución relativamente moderada de los rendimientos hasta la fecha ofrece cierta tranquilidad a los observadores experimentados del mercado.

“Si bien la volatilidad actual puede resultar perturbadora, también está mejorando las oportunidades a largo plazo en los mercados de renta fija”, afirmó Mike Goosay, director de inversiones y responsable global de renta fija en Principal Asset Management. El aumento de los rendimientos está “creando oportunidades que prácticamente no se habían presentado durante gran parte de la última década”.

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Las caídas de los bonos son mucho menores que las de 2022.

La debacle de 2022 arrastró a los bonos globales a su primer mercado bajista en una generación. Ocurrió mientras los bancos centrales, encabezados por la Reserva Federal, se embarcaban en el endurecimiento monetario más sincronizado y vertiginoso en medio siglo para frenar un repunte inflacionario impulsado por el rebote de la demanda tras la pandemia y agravado por la guerra en Ucrania.

Si bien la inflación es también en esta ocasión un factor clave, dada la guerra en Irán y su impacto en los precios de la energía, otras fuerzas están aumentando la presión sobre los bonos.

El elevado gasto público en mercados importantes como Japón, el Reino Unido, Francia y Estados Unidos mantiene elevada la emisión de deuda, lo que lleva a los inversores a buscar una mayor compensación por mantener deuda con vencimientos más largos. Al mismo tiempo, la gran cantidad de fondos necesarios para financiar el auge de la inteligencia artificial está intensificando la competencia por el capital y contribuyendo a elevar los costos de financiación.

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Aun así, las pérdidas en los bonos se han mantenido más contenidas, en parte porque los rendimientos están subiendo desde niveles mucho más altos, lo que proporciona a los inversores un mayor colchón de ingresos frente a la caída de los precios. Por el contrario, los rendimientos se encontraban cerca de mínimos históricos a principios de 2022.

“Tal vez deberíamos relajarnos un poco”, dijo Stephen Miller, consultor de la firma de gestión de inversiones GSFM en Sídney, quien ha cubierto los mercados de deuda desde 1983. “No puedo decir que los bonos sean una compra segura”, afirmó, y agregó que, aun así, “con este tipo de rendimientos, sí merecen ser considerados por un inversor orientado a los ingresos”.

Los bonos del índice Bloomberg Global Treasury Total Return han tenido un cupón promedio del 2,68% este año, frente al 1,84% de 2022.

La subida de los rendimientos de los bonos a nivel mundial sigue siendo moderada.

“La situación no es tan grave para todas las economías como la pinta el mercado de bonos”, afirmó Kerry Craig, estratega de mercados globales de JPMorgan Asset Management en Melbourne. Y en algunos mercados, como el australiano, los inversores incluso podrían estar sobreestimando la magnitud de la subida de tasas del banco central, añadió.

Los informes económicos recientes respaldan esta perspectiva. En Estados Unidos, algunos datos clave han resultado decepcionantes: la creación de empleo disminuyó en julio y las ventas minoristas cayeron inesperadamente. La economía japonesa también creció menos de lo esperado en el segundo trimestre.

Desde luego, nadie se atreve a afirmar que los rendimientos han alcanzado su punto máximo todavía.

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La caída de los bonos podría continuar, ya que la inflación impulsada por el sector energético mantiene vivas las expectativas de subida de tasas de interés y la fuerte emisión de deuda ejerce presión al alza sobre los rendimientos. El aumento de los rendimientos japoneses representa otra posible fuente de tensión, pues podría atraer de vuelta el capital global a Japón.

El rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años —un referente mundial de los costos de financiación— subió el miércoles hasta el 4,81%, su nivel más alto desde finales de 2023, lo que ejerce una mayor presión sobre la deuda de otros mercados desarrollados. El rendimiento de los bonos del Estado japoneses a 10 años alcanzó el martes el 3% por primera vez en este siglo.

La rentabilidad de los bonos europeos también se disparó el miércoles. La tasa de interés del bono británico a 10 años subió seis puntos básicos hasta el 5,28%, el nivel más alto desde 2007, mientras que el equivalente alemán experimentó un alza casi idéntica, hasta el 3,39%, el nivel más alto desde 2011.

La volatilidad de los rendimientos de los bonos a nivel mundial se ha moderado con respecto a los máximos alcanzados en 2026.

No obstante, la menor volatilidad del mercado también sugiere que los inversores se están tomando la última ola de ventas con más calma. La volatilidad de los rendimientos de la deuda pública mundial ha descendido hasta los 37 puntos básicos desde un máximo de 56 puntos básicos registrado en mayo. Este indicador se disparó en 2022 antes de alcanzar un máximo de unos 92 puntos básicos en marzo del año siguiente.

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“Los factores negativos para los bonos se han ido acumulando progresivamente, pero hasta ahora no ha habido ningún catalizador decisivo lo suficientemente fuerte como para obligar a los inversores a salir del mercado”, dijo Ayako Sera, estratega sénior de mercado de Sumitomo Mitsui Trust Bank Ltd. en Tokio.

--Con la colaboración de Alice Gledhill y Nicholas Reynolds.

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