Bloomberg Línea — La elección anticipada convocada por la primera ministra Sanae Takaichi del domingo 8 de febrero para elegir 465 escaños en la Cámara de Representantes se convierte en un evento clave no solo para la política japonesa, sino también para los mercados financieros globales. Con el yen oscilando en torno a los 160 por dólar y los rendimientos de los bonos soberanos japoneses (JGB) bajo presión alcista, el escenario electoral tiene implicaciones que exceden lo doméstico.
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El yen ha sido protagonista del llamado carry trade, una estrategia que se apalanca en las bajas tasas de interés en Japón para financiar inversiones en activos de mayor rendimiento en otras monedas. Sin embargo, este esquema enfrenta una coyuntura crítica. La posibilidad de un ciclo de alzas de tasas por parte del Banco de Japón (BoJ) y el deterioro de las cuentas fiscales podrían provocar un giro estructural en los mercados financieros japoneses.
Desde ING, los analistas Min Joo Kang, Chris Turner y Padhraic Garvey anticipan que “la fortaleza del USD/JPY probablemente exigirá una intervención sostenida”. Los mismos analistas prevén una normalización progresiva de la economía japonesa, con efectos directos sobre la curva de rendimientos. Según su análisis, “el retorno a un estado normal significa expectativas de inflación más altas, menos control del banco central sobre los mercados de bonos del gobierno japonés, mayor volatilidad y más ajustes de rendimiento”.
El regreso de la volatilidad a los bonos japoneses
En un contexto de inflación sostenida, subsidios estatales y aumento de salarios reales, los rendimientos de los JGB podrían escalar hasta 3% para fines de 2027. ING sostiene que esta dinámica responde menos a preocupaciones sobre la sostenibilidad fiscal y más a un cambio estructural en la economía nipona. “Creemos que la normalización económica desempeña un papel más importante en el impulso al alza de los rendimientos”, afirman Kang, Turner y Garvey.

El Banco de Japón ya ha iniciado un proceso paulatino de ajuste monetario, con previsiones de elevar su tasa de política monetaria en 75 puntos básicos hacia 2027. Esta transición hacia condiciones monetarias más estrictas reduce la intervención directa del BoJ en los mercados de bonos, lo que podría agudizar la volatilidad en el segmento largo de la curva.
“Mientras continúa el endurecimiento cuantitativo y los bonos vencen, el control del BoJ sobre el mercado de JGB disminuirá más, lo que conducirá a mercados de bonos más volátiles y orientados al mercado”, señalan los tres analistas de ING.
Este movimiento tiene implicaciones directas sobre el carry trade. A medida que los rendimientos en Japón aumentan, la ventaja relativa de endeudarse en yenes para invertir en activos en otras divisas se reduce, afectando la rentabilidad esperada de estas operaciones. Esto puede modificar los flujos de capital hacia mercados emergentes o activos de mayor riesgo, con impacto en los diferenciales de tasas a nivel global y en la volatilidad de los cruces cambiarios más utilizados por los inversores institucionales.
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En paralelo, la posible intervención cambiaria por parte de las autoridades japonesas parece inminente si el yen rompe el umbral de 160 por dólar. “La intervención cambiaria cerca de 160/162 parece probable”, afirman desde ING, aunque matizan que las condiciones actuales distan de las de 2024, cuando una fuerte posición especulativa corta sobre el yen y recortes de tasas de la Reserva Federal facilitaron una corrección abrupta del tipo de cambio.
Gasto fiscal, subsidios y estabilidad política
Takaichi busca capitalizar su popularidad inicial y transformar un gobierno minoritario en una mayoría sólida. Las encuestas anticipan una victoria amplia del Partido Liberal Democrático (LDP), lo que habilitaría un marco más estable para la implementación de políticas fiscales expansivas. Sin embargo, esto genera inquietud entre inversores institucionales. Su principal contrincante es la Alianza de Reforma Centrista (CRA), que enfrenta una pérdida significativa de apoyo según los sondeos.
Bruce Kirk, estratega jefe de renta variable japonesa de Goldman Sachs, advierte que “los inversores están preocupados de que tener un mandato político más fuerte signifique que ella gastará más agresivamente y financiará una expansión fiscal”.

En línea con esta visión, desde ING aclaran que “el mercado parece temer que una gran victoria de Takaichi pueda dañar bastante las condiciones fiscales”, aunque consideran que la política fiscal podría ser más equilibrada que lo anticipado.
En relación con los subsidios y recortes tributarios, el enfoque ha sido cauteloso. Pese a que la propuesta de reducir el impuesto al consumo de alimentos fue central antes de la campaña, ha perdido relevancia durante el proceso electoral. “Ahora se mantiene ambigua respecto al momento de implementación y prefiere ‘acelerar la discusión’ para mantener la agenda neutral”, señalan desde ING.
La sostenibilidad fiscal sigue siendo una línea roja para el LDP. Aunque el gobierno ha pospuesto el objetivo de alcanzar un superávit primario para el año fiscal 2025/2026, la administración Takaichi ha reiterado su compromiso con la reducción de la deuda sobre el PIB.
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Perspectivas bursátiles bajo presión externa y doméstica
La bolsa japonesa ha tenido un rendimiento destacado en los últimos tres años. El índice TOPIX acumuló una ganancia total de más de 80%. Sin embargo, Goldman Sachs estima que este ritmo será difícil de sostener. “Pronosticamos que el índice retornará 10% en los próximos 12 meses”, afirma Kirk, quien considera que factores como la política comercial de Estados Unidos y el enfoque fiscal de Takaichi añaden complejidad al panorama de inversión.
Aun así, algunos elementos estructurales juegan a favor del mercado bursátil. La perspectiva de alzas de tasas por parte del BoJ no genera aversión, sino lo contrario. “Recuperar esta flexibilidad es un neto positivo para el mercado de acciones”, explica Kirk al referirse a la capacidad del banco central de responder a ciclos económicos mediante herramientas tradicionales.
Además, la transición hacia un entorno de mayor demanda interna, en medio de aumentos salariales sostenidos, podría favorecer a las acciones domésticas. “Ahora tenemos una presión real de arriba hacia abajo del gobierno para aumentar los salarios”, señala Kirk, en lo que podría configurarse como un cambio de paradigma tras décadas de deflación.

En el plano corporativo, el énfasis del regulador bursátil en mejorar la gobernanza y el retorno al accionista genera expectativas de mayor dinamismo en fusiones y adquisiciones. “Una mejora en los derechos de los accionistas debería traducirse en un retorno acelerado a los accionistas y fomentar más acuerdos y reestructuraciones”, concluye el estratega de Goldman Sachs.
La combinación de una posible mayoría parlamentaria para Takaichi, un yen debilitado, el ajuste progresivo del BoJ y una curva de rendimientos en ascenso configura un escenario relevante para los mercados internacionales. La política monetaria y fiscal japonesa se encuentra en un punto de inflexión con implicaciones directas para el flujo global de capitales, la competitividad de las exportaciones y la estructura del mercado de bonos.
Los resultados de la elección del 8 de febrero y las decisiones que le sigan serán observados con atención por los actores financieros que evalúan tanto el riesgo soberano como las oportunidades en la renta variable japonesa.













