Bloomberg Línea — El sismo que golpeó el occidente de Colombia durante la mañana del lunes abrió el primer desafío de Abelardo de la Espriella a tres días después de asumir la Presidencia: una emergencia que puede favorecer su arranque político, pero que introduce nuevas presiones sobre la cuenta pública que ya exigía un fuerte ajuste.
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Para Rafael Ch, socio y analista sénior para Latinoamérica y Mercados Emergentes de Signum Global Advisors, “(Políticamente) Es probable que el terremoto tenga un efecto positivo, fortaleciendo la luna de miel inicial de Abelardo”. No obstante, el desafío fiscal se complica.
El sismo se sintió con fuerza en buena parte del centro y occidente de Colombia, incluidas las localidades de Cali, Pereira, Manizales, Quibdó, Medellín y Bogotá.
La emergencia dejaba al menos 111 muertos, además de daños en varias ciudades. De la Espriella asumió la coordinación de la respuesta y, tras liderar el Comité Nacional para el Manejo de Desastres, el Gobierno aprobó la declaratoria de desastre nacional.
Para Signum, el sismo desplaza parte de la atención sobre la polarización que dejó la estrecha victoria electoral del nuevo presidente y abre una prueba sobre el liderazgo presidencial y la capacidad estatal. También ofrece a De la Espriella la posibilidad de proyectarse más allá de la imagen de candidato confrontacional de la derecha que tuvo durante la campaña electoral.
Signum Global advierte que llega en un momento en el que el nuevo Gobierno apenas comienza a definir cómo enfrentará el deterioro de las cuentas públicas, ya que De la Espriella llegó al poder con el ajuste fiscal entre sus prioridades económicas, una tarea que ahora deberá avanzar al mismo tiempo que el Ejecutivo atiende los efectos del sismo.
Ajuste fiscal en Colombia: nuevas presiones
El efecto fiscal aparece como la principal complicación. Signum ya consideraba difícil que el Gobierno cumpliera completamente su objetivo y proyectaba un ajuste más cercano a la mitad de la cifra propuesta.
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“El terremoto añade otra razón por la que seguimos creyendo que Abelardo probablemente quedará muy por debajo del objetivo de consolidación del Gobierno de aproximadamente 3% del PIB, y en cambio entregará más cerca de la mitad del ajuste propuesto”, dice el informe.
La presión llega sobre unas cuentas que ya obligaban al nuevo Ejecutivo a reducir gastos. La semana pasada, el ministro de Hacienda, Miguel Gómez, confirmó que el Gobierno pondría en marcha un ajuste equivalente a cerca de COP$20 billones.
Gómez había elevado además la dimensión del desequilibrio que deberá enfrentar la administración. “El déficit real de Colombia es 7,8% del PIB. No es lo que nos han dicho. La cifra es 7,8%”, aseguró el ministro durante un evento la semana pasada.
De la Espriella incluyó entre sus primeras medidas económicas una reforma tributaria y un decreto para reducir gastos del Estado. Esos planes deberán convivir ahora con las necesidades de asistencia y reconstrucción derivadas del terremoto.
Signum advierte que, aunque el impacto económico general permanezca localizado, los daños en infraestructura podrían superar las estimaciones iniciales y sumar nuevas necesidades de gasto a un presupuesto rígido y sometido a prioridades que compiten por los mismos recursos.
Los recortes de mayor tamaño también serán más difíciles de justificar mientras las comunidades afectadas necesiten reconstrucción y asistencia. La dimensión política aumenta, porque varias de esas zonas forman parte de la base electoral de De la Espriella.
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Rafael Ch de Signum considera que “el terremoto afectó varias áreas de tendencia conservadora, donde es probable que una respuesta fuerte consolide aún más el apoyo existente de Abelardo”.
El desastre ofrece, al mismo tiempo, margen político frente a un eventual incumplimiento de la meta fiscal. El analista afirma que “el terremoto le da al Gobierno una explicación políticamente defendible para incumplir su objetivo fiscal principal”.
El escenario base de Signum contempla una repriorización significativa del gasto, recortes a programas de la era Petro, subsidios y otras partidas políticamente más débiles, mientras las necesidades de reconstrucción servirían parcialmente para justificar una consolidación fiscal menor.
El manejo de la emergencia
El alcance del desastre, según el análisis, todavía luce manejable para el Ejecutivo. La afectación permanece concentrada geográficamente en una escala que no debería desbordar la capacidad de respuesta del Gobierno nacional.
El eventual respaldo humanitario, técnico y financiero de Estados Unidos también podría facilitar la atención de la emergencia y reforzar la mejora de las relaciones entre Bogotá y Washington que Signum espera bajo la nueva administración.
La coyuntura, además, eleva el costo político de una movilización agresiva de la oposición. Los intentos de la izquierda por competir con el Gobierno alrededor de la respuesta podrían ser interpretados como una politización del desastre, según el análisis.
La magnitud final de los daños en infraestructura, el costo de la reconstrucción y la capacidad del Ejecutivo para combinar la respuesta a la emergencia con sus planes de recorte serán variables centrales para medir cuánto del ajuste fiscal puede ejecutar el nuevo gobierno.













