Bloomberg — Estados Unidos e Irán intercambiaron ataques nuevamente el viernes, lo que presionó los precios del petróleo y redujo aún más las probabilidades de un rápido retorno al frágil acuerdo de alto al fuego firmado el mes pasado.
El Comando Central de Estados Unidos anunció que una nueva ronda de ataques aéreos comenzó a las 3 p. m. (hora del este) del viernes con el objetivo de “debilitar las capacidades militares iraníes”. No se proporcionaron más detalles.
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Una semana de ataques recíprocos por ambas partes se ha extendido más allá de los objetivos estrictamente militares para incluir puentes, servicios públicos e instalaciones portuarias. El Centcom había confirmado anteriormente que el jueves había destruido una torre de vigilancia en el puerto iraní de Chabahar, señalando que formaba parte de una cadena de puestos avanzados marítimos a lo largo del golfo de Omán que Teherán utilizaba para rastrear y atacar buques comerciales.
El crudo Brent se disparó el viernes, subiendo alrededor de un 4,6% hasta situarse en torno a los US$88 y registrando su mayor avance semanal desde abril. Esto se produjo tras un informe de Axios según el cual la Administración Trump notificó a Israel que enviaría más aviones de reabastecimiento al país, una posible señal de que las operaciones militares estadounidenses podrían ampliarse en los próximos días. El medio citó conversaciones con tres funcionarios estadounidenses e israelíes.
Según los medios estatales iraníes, Estados Unidos atacó seis puentes de carretera durante la noche, además de la torre del puerto. También se reportaron ataques contra la ciudad sureña de Bushehr, donde se encuentra la única central nuclear del país, y la provincia occidental de Lorestán. Asimismo, un petrolero vacío atracado en la isla de Kharg fue atacado nuevamente por Estados Unidos, tras haber sido blanco de ataques días antes, informaron los medios iraníes.
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La escalada de los ataques ha suscitado la preocupación de que el acuerdo de alto al fuego —destinado a ayudar a restablecer el tráfico marítimo regular a través del estrecho de Ormuz y a establecer un proceso para las negociaciones de paz a largo plazo— ya no pueda salvarse.

Teherán respondió a los anteriores ataques estadounidenses impactando bases estadounidenses en Kuwait, Jordania y Baréin —los tres países que han soportado la mayor parte de los contraataques de la República Islámica desde que se recrudecieron los combates a principios de la semana pasada— y en el archipiélago de As Salamah, en Omán, situado en el estrecho. Irán también atacó radares y aeronaves estadounidenses en Catar, uno de los principales mediadores entre Washington y Teherán, según la agencia de noticias Tasnim.
En Kuwait, el Gobierno informó de ataques contra una planta desalinizadora de agua y una central eléctrica, en la que muchas unidades de generación de energía sufrieron daños.
En un discurso a la nación el jueves por la noche, el presidente estadounidense Donald Trump volvió a presentar la situación en Medio Oriente como un éxito. Estados Unidos está “ganando a lo grande en Irán, y verán los frutos de ese trabajo muy, muy pronto”, dijo antes de centrar su atención en los asuntos internos.
China y Pakistán expresaron su preocupación por los acontecimientos y instaron tanto a EE.UU. como a Irán a cesar las hostilidades y reanudar el diálogo.
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El recrudecimiento de las hostilidades aún dista mucho de la magnitud observada en el punto álgido de la guerra, en marzo y principios de abril. En aquel momento, EE.UU. e Israel bombardeaban ciudades iraníes a gran escala y Teherán lanzaba miles de drones y misiles contra los Estados árabes del Golfo e Israel.
Sin embargo, dado que Irán continúa con los ataques marítimos e insiste en que todos los buques soliciten su permiso antes de atravesar el estrecho, existe una gran probabilidad de que ambas partes sigan intensificando la escalada, según Mehran Kamrava, profesor de Ciencias Políticas en el campus de la Universidad de Georgetown en Catar.
Los ataques son “un presagio de que vendrán más, y peores”, declaró Kamrava a Bloomberg TV el viernes desde Doha. “Ninguna de las partes desea esta escalada, pero ambas se han vuelto dependientes de un ciclo de escalada del que no pueden dar marcha atrás. Este ojo por ojo es ahora muy peligroso en lo que respecta a ataques y contraataques contra infraestructuras críticas”.
Además de intensificar los bombardeos contra Irán, Estados Unidos ha vuelto a bloquear sus puertos y ha revocado la exención de las sanciones a sus exportaciones de petróleo.
“Irán y Estados Unidos se encuentran inmersos en una espiral de escalada, sin que ninguna de las partes esté dispuesta a ceder”, afirmaron las analistas de Bloomberg Economics, Becca Wasser y Dina Esfandiary. “La guerra ha resultado costosa para Teherán. Pero su influencia en el estrecho es valiosa, demasiado valiosa como para renunciar a ella”.
Con la colaboración de Jennifer Zabasajja.
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