Bloomberg — El gobierno del presidente Donald Trump solicitó a OpenAI y a Anthropic PBC que no facilitaran nuevos modelos de IA a la principal agencia de pruebas del Reino Unido sin que las autoridades de Estados Unidos los hayan revisado previamente.
La administración Trump desea garantizar que los modelos fabricados en Estados Unidos sean seguros antes de compartirlos con socios como el Reino Unido, de acuerdo con un informe de Politico que un funcionario británico ha confirmado a Bloomberg.
OpenAI se ha negado a hacer comentarios, mientras que Anthropic y la Casa Blanca no han respondido de inmediato a las solicitudes de comentarios.
Esta medida pone de manifiesto el reto al que se enfrenta ahora el primer ministro británico, Andy Burnham, para posicionar a Gran Bretaña como “mediador imparcial” entre otras naciones en el desarrollo de esta tecnología.
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Burnham aprovechó su viaje de esta semana a la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York para promover que el Instituto de Seguridad en IA del Reino Unido desempeñe un papel destacado en la regulación y la seguridad de la inteligencia artificial.
Los funcionarios del gobierno británico han restado importancia al posible impacto, e insisten en que ambos países colaboraban estrechamente en esta cuestión y subrayan que el Reino Unido continúa siendo un “líder mundial” en materia de seguridad de la IA.
¿Qué cambia para el Instituto de Seguridad de IA de Reino Unido?
No obstante, este acontecimiento pone en duda el impacto que el Instituto de Seguridad de la IA seguirá teniendo en el sector. Este organismo es el ente gubernamental dedicado a la inteligencia artificial mejor financiado del mundo desde su creación hace tres años.
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“El Reino Unido es líder mundial en seguridad de la inteligencia artificial, y el Instituto de Seguridad de la IA (AISI, por sus siglas en inglés) sigue colaborando estrechamente con el gobierno de EE.UU., socios internacionales y empresas líderes en IA, entre ellas OpenAI y Anthropic”, indicó el gobierno británico en un comunicado. “Los riesgos no se detienen en las fronteras nacionales y ningún país puede hacerles frente por sí solo”.
El cambio en la política de Estados Unidos ocurre después de que figuras destacadas del ámbito de la IA advirtieran de una amenaza creíble para la humanidad si se permite que los modelos avancen sin controles de seguridad. Trump ha desestimado dichas preocupaciones y ha rechazado los llamamientos a favor de un enfoque coordinado en materia de regulación.
¿Cómo ha restringido EE.UU. el acceso global a sus modelos de IA?
La administración Trump ha estado tomando medidas drásticas contra el acceso global a los modelos de IA de vanguardia.
A inicios de este año, el gobierno de EE.UU. impidió a Anthropic que facilitara sus últimos modelos a cualquier ciudadano extranjero. Bloomberg informó con anterioridad de que Anthropic no había compartido la última versión de su potente modelo Mythos con el AISI, sin ofrecer ninguna explicación.
Antes de su reunión con Trump en Nueva York el martes, Burnham planteó su propuesta como una cuestión tanto de innovación como de seguridad, y declaró a los periodistas que su objetivo era encontrar el “punto de equilibrio” entre fomentar el desarrollo de la IA y garantizar la seguridad de su uso.
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Posteriormente, el primer ministro británico explicó a los líderes empresariales que su visión consistía en un “conjunto único de principios y normas globales” con el fin de protegerse frente a esta tecnología. Trump no tardó en descartar cualquier sugerencia de regulación mundial de la inteligencia artificial calificándola de “plan globalista”.
No obstante, la preocupación por la insuficiencia de las medidas de seguridad en los más importantes modelos de IA se intensificó esta semana después de que el primer ministro de Australia, Anthony Albanese, revelara que un modelo de OpenAI había obtenido acceso no autorizado a archivos de un sitio web gubernamental, uno de los primeros incidentes conocidos de piratería informática por parte de un agente de IA contra un organismo público.
-Con la colaboración de Mark Bergen y Amy Thomson.
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