El Día de los Caídos (Memorial Day) marca el inicio oficial de la temporada de éxitos de taquilla del verano y, aunque un estreno de US$100 millones en su primer fin de semana sería un éxito para prácticamente cualquier franquicia, “Star Wars” tiene que lidiar con expectativas del tamaño de la Estrella de la Muerte (Death Star).
The Mandalorian & Grogu, el primer estreno de Star Wars en cines desde 2019, recaudó US$81 millones en EE.UU. durante el fin de semana, US$100 millones hasta el Día de los Caídos, lo que la hace el estreno de acción real con menor recaudación de la era Disney en Lucasfilm.
Aunque, según se informa, esta película tuvo un presupuesto de producción más reducido, lo que rebajó su punto de equilibrio, gran parte del debate se ha enfocado en sus supuestas deficiencias creativas, y algunas críticas la han comparado con un episodio excesivamente largo de la serie de Disney+.
Son críticas justas, pero no tienen en cuenta el problema estructural más profundo: Disney adquirió Star Wars con una estrategia que se basaba en la saturación, cuando la franquicia siempre ha prosperado gracias a la escasez.
Entre 1977 y 2005, Lucasfilm estrenó seis películas de Star Wars, lo que supuso una pausa de 16 años para George Lucas entre The Return of the Jedi (El retorno del Jedi) y The Phantom Menace (La amenaza fantasma). Por muy desesperantes que pudieran resultar estas largas pausas para los fans, al final resultaron ser una ventaja económica para la franquicia.
Cada vez que se estrenaba una película de Star Wars en los cines, se convertía en un auténtico fenómeno cultural que inspiraba a los cinéfilos a acampar frente a las salas la noche del estreno.
Lo más parecido en la actualidad son las películas de Avatar, de James Cameron, y la saga de James Bond. Estas franquicias no se definen por su volumen, sino por la expectativa de que cada entrega merecerá la pena ser esperada.

El enfoque de Disney invirtió por completo esa lógica. Tras adquirir Lucasfilm por US$4.050 millones en 2012 y estrenar su primera película, The Force Awakens (El despertar de la Fuerza) en 2015, Disney ha producido seis largometrajes, así como siete series de acción real en Disney+. Eso significa más contenido de Star Wars en una década que el que Lucas ofreció en casi 30 años.
La intención era gestionar la franquicia al estilo de Marvel, con la creación de otro universo en expansión de historias interconectadas diseñadas para mantener al público constantemente interesado.
The Force Awakens inicialmente pareció validar la estrategia de Disney, convirtiéndose en la primera película de Star Wars en recaudar más de US$2.000 millones en taquilla.
Sin embargo, la trilogía secuela perdió espectadores con cada entrega, culminando con The Rise of Skywalker (El ascenso de Skywalker) recaudando casi US$1.000 millones menos que El despertar de la Fuerza. Además, la segunda película derivada, Solo: A Star Wars Story (Solo: Una historia de Star Wars), fue el primer fracaso comercial de la franquicia. La erosión no fue solo un problema de narrativa.
Disney no dio a los espectadores tiempo suficiente para extrañar Star Wars.
Lo que esos primeros resultados ocultaron fue cómo la estrategia de streaming (transmisión) de Disney complicó su producción cinematográfica.
Con The Mandalorian como la serie estrella del lanzamiento de Disney+, se celebró como un éxito inicial para la plataforma. Pero a medida que Disney seguía produciendo series de acción real, el público se acostumbró a tratar una franquicia sinónimo de la experiencia cinematográfica como si fuera televisión.
The Mandalorian & Grogu agrava este problema al hacer que una suscripción a Disney+ parezca necesaria para seguir la trama de una película y disfrutar de una visita al cine.
La solución no es que Disney deje de producir películas de Star Wars, sino que recupere la sensación de que cada estreno cinematográfico es un evento imperdible.
En 2019, el entonces CEO de Disney, Bob Iger, reconoció que la compañía había gestionado mal la marca. “Hay algo muy especial en una películade Star Wars, y menos es más", declaró durante una entrevista con la BBC.
Aunque la compañía redujo su ritmo de estrenos en cines tras The Rise of Skywalker, Disney+ continuó lanzando series que mantuvieron a Star Wars omnipresente.
Ahora parece que Disney está abandonando esa estrategia, con la mayoría de sus producciones en streaming ya finalizadas y sin ninguna serie de acción real anunciada más allá de la segunda temporada de Ahsoka.
El tiempo dirá si la moderación de la compañía perdura. Ya hay una películade Star Wars en el calendario de estrenos de 2027, StarWars: Starfighter y Lucasfilm tiene una extensa lista de proyectos en diversas etapas de desarrollo.
En el resto del Reino Mágico, Disney ha demostrado que la moderación no es precisamente su punto fuerte. Hola, Universo Cinematográfico de Marvel.
La taquilla tras Endgame, junto con las series de Marvel en Disney+, sugiere que el cansancio de la franquicia no se debe tanto a una disminución de la calidad como a la mera cantidad, que convierte el fanatismo en una tarea.
Star Wars tiene incluso menos margen de error. Dispone de menos películas a las que recurrir, una base de fans que ha pasado la mayor parte de una década en conflicto sobre su identidad general, y un historial en taquilla que va en la dirección equivocada.
Disney pagó US$4.000 millones por una de las propiedades intelectuales más valiosas de Hollywood. La pregunta que se plantea ahora es si Star Wars está atravesando dificultades temporales o si la marca ha perdido realmente su valor. En manos de Disney, una galaxia muy, muy lejana nunca ha parecido tan pequeña.
Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios.
Lea más en Bloomberg.com













