Bloomberg Línea — Pedirle a ChatGPT alternativas para terminar una relación amorosa o acudir a Gemini en busca de recomendaciones para solicitar un aumento salarial después de años de trabajo consume energía y agua. ¿Cuánta? No hace falta preguntárselo a un chatbot de IA: aquí está la respuesta.
Una consulta en ChatGPT requiere 0,34 vatios-hora (Wh) de electricidad, “aproximadamente lo que consume un horno en poco más de un segundo”, según Sam Altman, presidente de OpenAI. También demanda 0,32 mililitros de agua, “alrededor de una quinceava parte de una cucharadita”, agrega en su blog.
Una consulta en Gemini, el asistente de IA de Google (GOOGL), requiere 0,24 Wh de electricidad y 0,26 mililitros de agua cuando se trata de un mensaje de texto de tamaño mediano.
“El impacto energético por indicación equivale a ver la televisión durante menos de nueve segundos”, explica Amin Vahdat, vicepresidente sénior y director de tecnología de IA de Google, en su blog.
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El consumo de una consulta individual parece bajo, pero su impacto aumenta al considerar la escala de uso. Los usuarios de ChatGPT envían alrededor de 2.500 millones de mensajes al día en todo el mundo, según cifras reveladas por OpenAI a Axios. La cifra correspondiente a Gemini no se conoce.
El consumo tiene una explicación: cuando haces una consulta a la IA, se envía una solicitud a un centro de datos, donde una gran cantidad de procesadores funciona con electricidad y genera calor residual. Para mantenerlos operativos, estas instalaciones utilizan sistemas de refrigeración que pueden requerir agua.
Cuantas más consultas, más energía y agua consumen los centros de datos. Lo mismo pasa dependiendo de la complejidad de las consultas.
La Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés) prevé que el consumo mundial de electricidad de los centros de datos se duplique para 2030 y alcance alrededor del 3% del consumo total.
“China y Estados Unidos son las regiones más importantes para el crecimiento del consumo eléctrico de los centros de datos, representando casi el 80 % del crecimiento global hasta 2030″, dice la IEA.
Proyecciones del Grupo de Investigación en Sostenibilidad Ambiental y Social del Centro Académico de Ruppin, en Israel, apuntan a que la demanda mundial de agua dulce asociada con la IA podría alcanzar entre 4.200 y 6.600 millones de metros cúbicos en 2027.
¿La IA está agotando el agua en zonas que la necesitan?
Una de las preocupaciones asociadas al consumo de agua de los centros de datos es que estas infraestructuras pueden ubicarse en regiones donde la demanda de agua dulce supera la disponibilidad durante determinados periodos. Este fenómeno se conoce como estrés hídrico.
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Bloomberg News descubrió recientemente “que aproximadamente dos tercios de los nuevos centros de datos construidos o en desarrollo desde 2022 en Estados Unidos se ubican en zonas que ya sufren altos niveles de estrés hídrico”.
Aunque estas instalaciones están surgiendo en todo el país, solo cinco estados concentran el 72% de los nuevos centros ubicados en áreas con altos niveles de estrés hídrico.
Recientemente, en conversación con Bloomberg Línea, Camilo Prieto Valderrama, profesor de cambio climático y experto en energía nuclear de la Pontificia Universidad Javeriana, explicó que “la conflictividad social que puede existir respecto al uso del agua” está limitando el crecimiento de centros de datos en Latinoamérica.
Google puede servir como ejemplo del interés que existe en la región y, al mismo tiempo, de las preocupaciones que genera el uso de recursos como el agua.
Por un lado, está instalando un centro de datos en Canelones, Uruguay. Por otro, suspendió temporalmente un proyecto de este tipo en Santiago de Chile debido a los reclamos de la comunidad por su posible impacto en tres acuíferos, mientras solicita un nuevo permiso ambiental.













