Bloomberg Línea — S&P Global Ratings elevó este jueves 29 de octubre la calificación crediticia soberana de largo plazo en moneda extranjera y local de Nicaragua de B+ a BB-, debido al fortalecimiento de las cuentas fiscales y la reducción de la deuda pública. La perspectiva se mantiene estable, informó la agencia en un comunicado.
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La decisión responde, principalmente, a los superávits registrados por el gobierno general de manera consecutiva entre 2022 y 2025.
Durante ese período, la deuda neta del gobierno general pasó del 46% al 25% del producto interno bruto (PIB), lo que, según S&P, amplía la capacidad del país para enfrentar posibles shocks económicos y externos.
La calificadora también destacó la acumulación de reservas internacionales y la solidez de la posición fiscal de Nicaragua como factores que proporcionan margen de maniobra ante imprevistos económicos y comerciales.
Al mismo tiempo, S&P revisó al alza su evaluación del riesgo de transferencia y convertibilidad (T&C), de BB- a BB, y confirmó las calificaciones soberanas de corto plazo en moneda local y extranjera en B.
Crecimiento económico y remesas
En su análisis, la agencia señaló que la economía nicaragüense registró un crecimiento real del 4,9% en 2025 y estimó una expansión del 3,8% para 2026.
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S&P atribuyó este desempeño a las políticas macroeconómicas prudentes, el aumento de la inversión, las exportaciones de materias primas y la entrada de remesas familiares, que en 2025 representaron el 27% del PIB de Nicaragua, la proporción más alta de Centroamérica y más del doble de la registrada en 2017.
Las dinámica favorables de las exportaciones, especialmente como resultado de los elevados precios del oro, también contribuyeron a compensar la desaceleración de la demanda de productos procedentes de las zonas de libre comercio.
S&P prevé, sin embargo, que el crecimiento económico se modere a un promedio del 3,5% entre 2027 y 2029. Esta proyección considera “la actual incertidumbre comercial y una economía informal significativa”, además de la moderación de los precios del oro y una desaceleración del crecimiento de las remesas.
Más del 80% de estos recursos proceden de Estados Unidos. Aunque S&P anticipa una desaceleración de esos flujos debido al endurecimiento de las políticas migratorias estadounidenses, considera que seguirán siendo una fuente importante de respaldo para las cuentas externas y contribuirán a compensar los déficits comerciales.
Riesgos institucionales y perspectivas
Pese a la mejora de la calificación, S&P señaló que Nicaragua mantiene desafíos relacionados con sus bajos ingresos per cápita, que será de US$3.420 en 2026, la limitada independencia de los contrapesos institucionales, la escasa flexibilidad monetaria y su exposición a shocks externos.
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La perspectiva estable refleja la expectativa de que el Gobierno mantenga políticas macroeconómicas prudentes, respaldadas por sus reservas fiscales y externas.
No obstante, la agencia también considera los riesgos asociados con la concentración del poder en el Ejecutivo y las tensiones geopolíticas y comerciales.
S&P advirtió que podría bajar las calificaciones en los próximos 12 a 24 meses si un deterioro en el comercio internacional y las remesas o tensiones políticas inesperadas socavan el crecimiento económico de Nicaragua.
“Tales eventos comprometerían las políticas macroeconómicas conservadoras del gobierno y conducirían a un debilitamiento estructural de su balance fiscal y de la trayectoria de su deuda”, señala la agencia.
Por el contrario, una mejora de la calificación podría producirse si acontecimientos políticos favorables y nuevas políticas económicas fortalecen la confianza de los inversionistas, impulsan un crecimiento superior al previsto y amplían el acceso de Nicaragua al financiamiento externo durante los próximos dos años.













