Buenos Aires — La nueva escalada del precio internacional del petróleo abre una paradoja para la economía argentina. Con Vaca Muerta en niveles récord de producción, un barril más caro potencia el ingreso de dólares del sector energético. Pero, al mismo tiempo, aumenta la presión sobre el precio de las naftas y el gasoil, un frente sensible para la inflación que el Gobierno de Javier Milei quiere controlar.
El valor del Brent se ubicaba sobre US$101 por barril a las 14:30, después de haber superado los US$103 durante la mañana, en medio de las tensiones en Medio Oriente.
Pero el escenario encuentra a la Argentina en una posición muy diferente a la que tenía frente a shocks petroleros anteriores, ya que el país cuenta hoy con una producción creciente de crudo y cada vez más barriles disponibles para colocar en el mercado externo.
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En julio, la producción argentina alcanzó un récord de 916.200 barriles diarios, 17,2% más que un año atrás, según datos de la Secretaría de Energía. Vaca Muerta explicó 643.100 barriles diarios, con un crecimiento interanual de 26,4%, y ya representa alrededor del 70% del petróleo que produce el país.
Cuántos dólares adicionales puede recibir Argentina por cada US$10 que sube el petróleo
Una estimación de Daniel Dreizzen, director de Aleph Energy, permite dimensionar ese impacto: cada US$10 adicionales en el precio del barril pueden representar alrededor de US$1.300 millones de mejora en la balanza comercial energética argentina, en términos anualizados.
La estimación había sido realizada durante la escalada del petróleo de comienzos de año. En ese momento, una suba de aproximadamente US$10 llevó a Aleph Energy a elevar en US$1.300 millones su proyección para el saldo energético de 2026.
La cifra contempla el efecto neto sobre la balanza energética, es decir, no solamente el mayor valor de las exportaciones de crudo sino también el comportamiento de las importaciones de energía.

Otros cálculos muestran una sensibilidad incluso mayor. El Institute of International Finance (IIF) estimó que cada US$10 adicionales en el precio del petróleo generan para Argentina una ganancia de divisas de alrededor de US$1.700 millones anuales, equivalente a cerca de 0,25% del PBI.
Las proyecciones de Economía & Energía también reflejaron el fuerte impacto que puede tener el precio internacional. La consultora dirigida por Nicolás Arceo calculó distintos escenarios para 2026 que mostraban una mejora sustancial de las exportaciones hidrocarburíferas y del superávit energético a medida que aumentaba el valor del barril.
Vaca Muerta produce más en paralelo a que sube el barril
El salto de precios coincide con un nuevo récord productivo. Los 643.100 barriles diarios extraídos de Vaca Muerta durante julio representaron un aumento de 26,4% frente al mismo mes del año anterior. Y el crecimiento debería continuar a medida que se amplíe la infraestructura para llevar el crudo hasta los mercados internacionales.
En ese proceso tendrá un papel central Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), el sistema de transporte y exportación que permitirá ampliar significativamente la capacidad de evacuación del shale oil y que fue diseñado precisamente para que el crecimiento productivo no encuentre un límite en la infraestructura.
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La ecuación podría mejorar en los próximos años. Un informe de Deloitte proyecta que las exportaciones de hidrocarburos de Argentina podrían pasar de unos US$11.000 millones en 2025 a US$46.700 millones en 2035, de la mano del desarrollo de Vaca Muerta y de nueva infraestructura de transporte y exportación.
En ese escenario, la producción de petróleo alcanzaría alrededor de 1,5 millones de barriles diarios hacia 2030 y se acercaría a 1,7 millones en 2035, lo que permitiría a la Argentina convertirse en el segundo mayor productor de petróleo de América Latina, detrás de Brasil.
El desarrollo del sector requeriría, además, un fuerte flujo de capital: Deloitte estima inversiones que podrían superar los US$20.000 millones anuales hacia 2030 y acumular más de US$160.000 millones durante la próxima década.
La contracara en los surtidores
El mismo precio por barril que mejora las cuentas externas genera presión dentro del mercado argentino. La escalada del Brent eleva el valor de referencia del crudo y tensiona la relación entre los precios internacionales y los que pagan los consumidores argentinos en las estaciones de servicio.
Esa presión ya tuvo un traslado parcial. Según el último informe de Economía & Energía, desde el inicio de la crisis en Medio Oriente la nafta acumuló un aumento de 27% en Argentina y el gasoil, de 23%. Aun así, el traslado a los precios locales fue menor que el registrado en mercados como Estados Unidos, Perú y Filipinas.
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El dato muestra que el mercado argentino logró amortiguar parte del shock internacional. Sin embargo, la nueva escalada vuelve a poner a prueba ese desacople. La semana pasada, el Brent llegó a tocar los US$107 por barril, su mayor nivel desde mayo, mientras los precios en los surtidores argentinos prácticamente no se habían movido desde mediados de ese mes.
El Gobierno también utilizó la política impositiva para contener el impacto sobre los combustibles. A fines de agosto volvió a postergar parte de los incrementos pendientes en el impuesto a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono. Según el Decreto 829/2026, los remanentes correspondientes a las actualizaciones de 2024, 2025 y los dos primeros trimestres de 2026 deberán comenzar a regir desde el 1° de octubre.
Además, los cálculos de Economía & Energía señalan que un aumento de 10% en los precios de los combustibles tendría un impacto directo de alrededor de 0,36 puntos porcentuales sobre el Índice de Precios al Consumidor (IPC). A eso podría sumarse un efecto indirecto a través de los mayores costos de transporte y logística.
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