Bloomberg Línea — El nombre de Alejandro Betancourt ya había comenzado a aparecer en los reportes sobre la nueva apuesta de Washington por el petróleo venezolano cuando Donald Trump hizo público el acuerdo. Bloomberg había revelado días antes las negociaciones que situaban al empresario venezolano en el centro de la operación y, tras el anuncio del pacto que, según afirmó el presidente estadounidense, permitirá a Estados Unidos asegurar el control mayoritario sobre más de 65.000 millones de barriles de reservas, su papel adquirió una nueva dimensión.
El empresario venezolano, durante años asociado con los llamados bolichicos y con los millonarios contratos que obtuvo Derwick Associates durante la crisis eléctrica de Venezuela, se ha convertido ahora en una de las figuras privadas vinculadas al impulso de la administración estadounidense para recuperar la producción petrolera del país.
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Su empresa North American Blue Energy Partners (NABEP) ha sido señalada como una de las compañías que desempeñarán un papel central en el desarrollo de los 17 campos incluidos en el acuerdo anunciado el 28 de agosto. Reportes recientes de Reuters también apuntan a que Estados Unidos estudió adquirir una participación en la compañía de Betancourt y obtener derechos preferenciales sobre parte de su producción, aunque la estructura definitiva de la operación y las empresas involucradas no han sido detalladas públicamente por la Casa Blanca.
La posición que ocupa ahora Betancourt, de 46 años, representa un giro notable para un empresario cuyo nombre ha estado durante más de una década rodeado de controversias, investigaciones y acusaciones relacionadas con negocios surgidos en Venezuela durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.
También ayuda a explicar por qué su protagonismo en el nuevo acuerdo petrolero ha despertado preguntas sobre quién es y cómo llegó al centro de una de las operaciones más ambiciosas anunciadas por la administración Trump en América Latina.
Los contratos en la Venezuela chavista
Antes de fundar Derwick Associates, Betancourt trabajó en empresas vinculadas al sector energético. Según su propio currículum profesional, inició su carrera en ICC-OEOC, una compañía especializada en el comercio de petróleo y sus derivados, y posteriormente ocupó cargos en otras empresas del sector antes de crear Derwick.
Su nombre comenzó a hacerse ampliamente conocido en Venezuela a partir de Derwick, la compañía que cofundó con Pedro Trebbau y que consiguió contratos para construir y suministrar plantas de generación eléctrica durante la emergencia energética declarada por el Gobierno venezolano a finales de la década de 2000.
La rápida expansión de la empresa convirtió a sus directivos en algunos de los representantes más visibles de una generación de jóvenes empresarios que acumuló negocios durante los años de mayor gasto público y bonanza petrolera del chavismo. El término bolichicos comenzó a utilizarse para describir a parte de ese grupo de empresarios, cuyas fortunas crecieron en paralelo con contratos y oportunidades de negocio vinculadas al Estado venezolano.
Derwick quedó pronto en el centro de cuestionamientos sobre la adjudicación y ejecución de esos proyectos. Transparencia Venezuela calcula que la empresa recibió US$2.900 millones en presuntos sobreprecios por los 12 contratos que obtuvo en menos de 14 meses durante la emergencia eléctrica. Betancourt y otros empresarios relacionados con la compañía han rechazado durante años las acusaciones de irregularidades.
Otras investigaciones
La controversia que ha acompañado a Betancourt no se limitó a Venezuela.
Su nombre apareció posteriormente en investigaciones y procedimientos en distintas jurisdicciones relacionados con presuntas operaciones financieras y con el origen de fondos vinculados a negocios venezolanos. En España, la Fiscalía Anticorrupción impulsó una investigación por un presunto esquema de blanqueo relacionado con fondos de PDVSA.

El juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz archivó el procedimiento en marzo de 2026 al considerar que no se había demostrado la existencia de un delito y después de tomar en cuenta que la justicia venezolana ya había investigado los hechos. La Fiscalía Anticorrupción recurrió posteriormente esa decisión, según informó El País en abril.
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Betancourt también ha sido objeto de pesquisas fuera de España. Su trayectoria y sus negocios han sido examinados durante años por autoridades y medios internacionales, mientras el empresario ha rechazado las acusaciones relacionadas con el origen de su patrimonio. Betancourt no ha sido condenado por esos hechos.
Esa combinación entre una fortuna construida en los años de expansión de los negocios públicos venezolanos y una larga lista de controversias ha hecho que su nombre siga generando suspicacia, incluso cuando su actividad empresarial se extendió mucho más allá de Venezuela.
La apuesta por las startups
Mientras su nombre permanecía asociado en Venezuela a Derwick y al sector energético, Betancourt comenzó a construir una segunda faceta como inversor internacional.
España se convirtió en una de las principales vitrinas de esa transformación. Allí entró en el capital de varias compañías tecnológicas y participó en negocios que lo conectaron con el ecosistema de startups y empresas de crecimiento.
Su inversión más conocida fue Hawkers. Betancourt desembarcó en la compañía de gafas de sol en 2016 con una inversión de 50 millones de euros, operación que le permitió convertirse en uno de sus principales accionistas y en una figura determinante para la expansión internacional de la marca.
La apuesta por Hawkers proyectó una imagen empresarial diferente a la que lo había hecho conocido en Venezuela. En lugar de contratos públicos y proyectos de generación eléctrica, Betancourt comenzó a aparecer asociado con empresas tecnológicas, capital privado y negocios digitales.
Su cartera de inversiones en España también ha incluido participaciones en compañías como Jobandtalent y Playtomic, además de otras empresas vinculadas con los sectores tecnológico y de movilidad. Esa presencia lo convirtió en uno de los empresarios venezolanos con mayor visibilidad en el ecosistema de inversiones español, de acuerdo con su propio portal comercial.
La internacionalización de sus negocios, sin embargo, no eliminó los cuestionamientos sobre su trayectoria. Durante años convivieron dos facetas de su perfil empresarial: la del inversor vinculado a algunas de las compañías españolas de mayor crecimiento y la del empresario venezolano cuya fortuna seguía siendo objeto de escrutinio.
El escrutinio de Washington
Ese historial también fue revisado antes de que su nombre quedara vinculado a la nueva estrategia petrolera de Estados Unidos en Venezuela.
Según una investigación de The New York Times, funcionarios de la administración Trump comenzaron a examinar al empresario el año pasado, mientras Washington buscaba socios que pudieran ayudar a impulsar sus intereses en Venezuela.
Entre quienes evaluaron su trayectoria estuvo el secretario de Estado, Marco Rubio. De acuerdo con el reporte, Rubio y otros funcionarios tuvieron una visión favorable de la experiencia de Betancourt en el incremento de la producción petrolera, una capacidad que la administración consideró especialmente valiosa en una industria venezolana marcada por años de deterioro.
Ese historial operativo habría llevado a Washington a mirar más allá de las acusaciones de corrupción que han rodeado al empresario, según una persona familiarizada con el proceso citada por The New York Times.
La investigación también reveló que funcionarios estadounidenses habrían intervenido este año para intentar suavizar las pesquisas abiertas en Suiza y solicitar al Reino Unido que levantara restricciones de viaje que pesaban sobre Betancourt. Estados Unidos también le habría concedido un visado de entradas múltiples para facilitar sus reuniones con funcionarios de la administración Trump.
El regreso al petróleo
En abril de 2024, Betancourt fundó North American Blue Energy Partners (NABEP) junto con el magnate energético estadounidense Harry Sargeant III. La compañía fue creada para operar y comercializar crudo en Venezuela bajo los Contratos de Participación Productiva con PDVSA, según Transparencia Venezuela.
La apuesta coincidió con una etapa en la que el Gobierno venezolano buscaba nuevas fórmulas para atraer capital privado a una industria afectada por años de caída de la producción y falta de inversión. Los contratos de participación productiva abrían la puerta a una mayor participación de empresas privadas en la explotación y comercialización del petróleo venezolano, y NABEP comenzó a expandir sus operaciones en ese contexto.
Para Betancourt, además, no se trataba de una incursión completamente nueva. Después de pasar por el negocio eléctrico, había avanzado en el sector petrolero. En 2011 consiguió una participación en Petrozamora, una empresa conjunta vinculada a PDVSA, de la que fue apartado en 2022 durante una disputa con el entonces ministro de Petróleo, Tareck El Aissami.
Betancourt recuperó el control de Petrozamora en 2024, después de la detención de El Aissami en una investigación por presunta corrupción en PDVSA. A partir de entonces, la producción del campo pasó de unos 20.000 barriles diarios a cerca de 200.000 barriles, según fuentes del sector citadas por Financial Times, un crecimiento que comenzó a llamar la atención de Washington.
NABEP se consolidó al mismo tiempo como una de las principales compañías privadas de la industria petrolera venezolana. Según personas familiarizadas con sus operaciones citadas por Bloomberg, la empresa llegó a producir alrededor de 200.000 barriles diarios en campos cercanos al lago de Maracaibo y la Faja del Orinoco, convirtiéndose en la segunda mayor productora privada del país, detrás de Chevron.
El ascenso de la compañía también coincidió con un cambio en la relación entre sus dos fundadores. Sargeant, magnate energético de Florida y durante años un intermediario informal entre Washington y Caracas, había ayudado a conectar a Betancourt con la administración Trump a comienzos de 2026, según personas cercanas al empresario citadas por Financial Times.
Pero en agosto de 2026, apenas semanas antes del anuncio del acuerdo petrolero de Trump, Sargeant comenzó a salir del negocio venezolano bajo presión de la administración estadounidense. Una parte cercana a Betancourt acordó comprar por US$300 millones la participación minoritaria que el empresario estadounidense mantenía en NABEP a través de su sociedad offshore Bluewave Properties, según personas familiarizadas con la operación citadas por Bloomberg.
Poco después de firmado el acuerdo, el Departamento del Tesoro notificó al abogado de Sargeant que había bloqueado activos de su sociedad holding offshore. La presión de Washington terminó acelerando su salida de una compañía que había fundado junto con Betancourt poco más de dos años antes.
La salida de Sargeant dejó a Betancourt como la figura central de NABEP justo cuando la empresa comenzaba a adquirir una importancia mucho mayor para la estrategia estadounidense en Venezuela.
Centro de la apuesta de Trump
El anuncio de Trump cambió la escala de todo ese proceso.
El presidente estadounidense aseguró que el acuerdo permitirá desarrollar 17 campos petroleros y acceder a más de 65.000 millones de barriles de reservas venezolanas. La operación podría atraer hasta US$100.000 millones en inversiones, según las proyecciones divulgadas por las autoridades, aunque buena parte de sus términos todavía no han sido publicados.
NABEP ha sido identificada en los reportes sobre la negociación como una de las empresas privadas vinculadas al esquema, colocando a Betancourt en una posición que difícilmente podía anticiparse hace una década.
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El empresario que se hizo conocido durante la crisis eléctrica venezolana y que posteriormente diversificó su patrimonio con inversiones internacionales ha vuelto a situarse en el centro del negocio que marcó su trayectoria: la energía venezolana.
Esta vez, sin embargo, su papel está vinculado a una estrategia diseñada desde Washington y promovida directamente por Trump para reactivar la producción venezolana y asegurar para Estados Unidos acceso a una parte significativa de las mayores reservas de crudo del mundo.













