Bloomberg Línea — Cuando Marcelo Arévalo González levantó el trofeo de Wimbledon el 9 de julio, no solo celebraba un título más en su carrera.
El tenista salvadoreño de 35 años acababa de convertirse en el primer jugador de su país en ganar un campeonato en el torneo más tradicional del tenis mundial, después de imponerse junto a la letona Jeļena Ostapenko en la final de dobles mixtos ante la pareja australiana formada por Storm Hunter y Marc Polmans.
La victoria llegó después de una remontada en la pista central del All England Club. Arévalo y Ostapenko perdieron el primer set por 6-4 y llegaron a estar en desventaja en la segunda manga, pero reaccionaron para ganar por 7-5 y cerrar el partido con un 6-2 en el tercer set. El triunfo significó el primer título de Grand Slam en dobles mixtos para ambos jugadores y convirtió a Arévalo en el primer salvadoreño en ganar Wimbledon.
“Significa mucho, viniendo de El Salvador, un país que no es conocido por el tenis”, dijo Arévalo a la prensa después de la victoria.
Arévalo estuvo cerca de conseguir otro campeonato en Wimbledon. Junto a Mate Pavić llegó a la final de dobles masculino, donde enfrentaron a la pareja formada por el británico Henry Patten y el finlandés Harri Heliövaara. El equipo salvadoreño-croata perdió en dos desempates, con parciales de 7-6 y 7-6.
Nacido en Sonsonate el 17 de octubre de 1990, “Chelo” Arévalo creció en una familia amante del tenis. Comenzó a jugar a los ocho años, motivado por su padre, Rafael, quien solía practicar este deporte los fines de semana.
Su hermano mayor, Rafael Arévalo (1986), también fue tenista profesional y representó a El Salvador en la Copa Davis junto a Marcelo.
Como juvenil, Arévalo llegó a ocupar el puesto número ocho del mundo y ganó siete títulos en el circuito juvenil de la Federación Internacional de Tenis (ITF). Jugó tenis universitario en la Universidad de Tulsa, en Estados Unidos, entre 2010 y 2011
Su despegue llegó principalmente en la modalidad de dobles, donde encontró el espacio para competir contra las mejores parejas del planeta.
El ascenso
En 2018 ingresó al grupo de los cien mejores jugadores de dobles y ese mismo año consiguió su primer título ATP en Los Cabos, México, junto al mexicano Miguel Ángel Reyes-Varela. Ese resultado lo llevó por primera vez al top 50 del ranking y marcó el inicio de una etapa de mayor regularidad en el circuito.
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Ese mismo año también alcanzó el puesto 139 del ranking ATP en individuales, la mejor clasificación de un tenista salvadoreño, hombre o mujer, en esa modalidad.
En 2021 alcanzó la final de dobles mixtos del US Open junto a la mexicana Giuliana Olmos, un resultado que lo convirtió en el primer tenista salvadoreño en disputar una final de Grand Slam.
El salto llegó al año siguiente, en 2022, cuando formó pareja con el neerlandés Jean-Julien Rojer. La dupla ganó tres títulos ATP y disputó cuatro finales, resultados que impulsaron a Arévalo a ingresar por primera vez al top 10 del ranking mundial de dobles.
Juntos también conquistaron Roland Garros, donde levantaron el campeonato de dobles masculino. El triunfo lo convirtió en el primer centroamericano en ganar un título de Grand Slam en la modalidad masculina de dobles.
Entonces, Arévalo confesó que desconocía el alcance de la hazaña. “Ni siquiera sabía que era el primero. Me limité a ganar todos los partidos posibles. Tenía claros mis objetivos y uno de ellos era convertirme en campeón de Grand Slam”, dijo.
En 2024, ya junto al croata Mate Pavić, volvió a ganar Roland Garros y continuó acumulando resultados de alto nivel. Ese año alcanzó el número uno mundial del ranking de dobles de la ATP, convirtiéndose en el primer salvadoreño en llegar a esa posición.
“Solo quiero seguir inspirando a la gente de mi país y a los niños de mi país para que crean que, cuando te esfuerzas mucho y crees en tus sueños, puedes lograr grandes cosas en la vida”, dijo Arévalo tras alzarse su título en Wimbledon.
Fuera de las canchas, Arévalo está casado con Lucía Kovarcikova, extenista suiza, y son padres de dos hijos. Admirador de Roger Federer desde niño y aficionado al Real Madrid, también disfruta conducir autos deportivos y motocicletas, e incluso ha dicho que, de no haber sido tenista, le habría gustado convertirse en piloto de carreras.













