Bloomberg Línea — La revisión del T-MEC se consolida como el principal determinante del mercado para México en 2026. El proceso ocurre en paralelo a un entorno externo marcado por tensiones comerciales, ajustes en aranceles y una reconfiguración de la cadenas de suministro con la guerra en Medio Oriente.
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El mercado ha comenzado a incorporar escenarios diferenciados en los activos mexicanos, con implicaciones directas en el tipo de cambio, la renta variable y las decisiones de inversión. La cercanía del plazo del 1 de julio ha intensificado la sensibilidad de los precios a cualquier señal de avance o retraso en la negociación.
Los analistas de Citigroup (C), liderados por Ernesto Revilla, aseguran que “la revisión del T-MEC presenta un punto de inflexión clave para las economías de América del Norte”, lo que sitúa el proceso como un evento con efectos transversales sobre el ciclo económico regional y los flujos de capital.
El catalizador para México y el “nearshoring”
El proceso de revisión del T-MEC ya entró en una fase activa de negociación, con discusiones bilaterales en marcha entre Estados Unidos y México y una agenda centrada en reglas de origen, seguridad económica y energía, lo que desplaza el foco desde la consulta hacia decisiones con impacto directo en inversión y producción industrial en la región.

El escenario base de JPMorgan (JPM) incorpora una resolución con continuidad del tratado, donde asignan “una probabilidad de 65% a este escenario de renegociación y extensión”, mientras que los escenarios de acuerdos bilaterales alcanzan 20% y la no renovación se mantiene como riesgo de cola en 5%.
Para los analistas, el canal de transmisión central es la inversión. Citi señala que “la inversión de México ha sido uno de los principales lastres de la actividad el año pasado, explicado en parte por un entorno de alta incertidumbre asociado a la nueva política comercial de Estados Unidos”.
Ese impacto se traslada al crecimiento potencial. En el mismo análisis se advierte que “la falta de inversión podría eventualmente presionar a la baja el crecimiento potencial del PIB de México de alrededor de 2,0%”, lo que sitúa el desenlace del tratado como un determinante estructural de la expansión económica en los próximos años.
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Para Citi, una renegociación exitosa “reduciría la incertidumbre de política y comercio que ha pesado sobre las decisiones de inversión”.
El marco arancelario actual permite dimensionar el impacto económico. La tasa efectiva de aranceles de Estados Unidos sobre importaciones mexicanas se ubica en torno a 4,4%, mientras que cerca de 85% de las exportaciones cumple con las reglas del acuerdo y permanece exento, incluso en un entorno donde se han aplicado tarifas de hasta 25% y un arancel general de 15% por 150 días, lo que limita el impacto agregado sobre la economía mexicana.
En Citi se subraya que “los ajustes arancelarios en general se proyecta que tengan un impacto limitado en México”, lo que refuerza la idea de que el principal canal de transmisión no es el nivel de aranceles, sino la incertidumbre que afecta las decisiones de inversión y el sentimiento empresarial.

El diferencial competitivo frente a otros países se mantiene como elemento clave a la hora de analizar el impacto de un nuevo acuerdo comercial. El equipo liderado por Revilla indica que “mientras México enfrente menores aranceles o costos en relación con el resto de sus competidores hacia el mercado estadounidense, México estará mejor”, lo que vincula la continuidad del tratado con la preservación de ventajas relativas dentro del comercio global.
La reorganización de cadenas de suministro refuerza esta dinámica. La participación de China en las importaciones de México alcanzó 20% en 2025, frente a 17,8% en 2018, lo que ha llevado a medidas para limitar insumos provenientes de economías sin acuerdos comerciales y a una mayor presión por reforzar contenido regional en la producción.
Incertidumbre y el peso mexicano
El mercado cambiario ha reaccionado de forma anticipada a la negociación, con estrategias que reflejan diferencias en la posición relativa de México frente a Canadá. En Citi, aseguran que dentro de su estrategia global de divisas consideran “que México está mejor posicionado que Canadá hacia la revisión del T-MEC”, lo que ha impulsado operaciones que favorecen una apreciación relativa del peso (USDMXN) frente al dólar canadiense en la antesala del plazo de julio.
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Este posicionamiento se apoya en datos de comercio bilateral. México ha captado una mayor proporción del ajuste en las cadenas de suministro derivado de la reducción de importaciones estadounidenses desde China. Las importaciones desde México han aumentado en este proceso, mientras que aproximadamente 90% de los bienes mexicanos quedan excluidos de ciertos aranceles temporales en Estados Unidos.
El comportamiento del tipo de cambio también refleja factores internos. Jorge Gutiérrez, director ejecutivo de Estrategia y Promocon de Wealth Management de Scotiabank México, señala que “estas negociaciones del T-MEC no van a ser fáciles”, lo que introduce un componente de incertidumbre que se suma a preocupaciones estructurales sobre el estado de derecho e inseguridad, factores que influyen en la percepción de riesgo país.
Gutiérrez señala que, desde Scotiabank, ven la renegociación “como oportunidad”, pues el banco tiene presencia en México, Estados Unidos y Canadá, lo que le permite posicionarse como intermediario para canalizar capital hacia proyectos productivos vinculados al tratado.

Ese interés ya muestra señales concretas. Gutiérrez indica que han “tenido la visita de 300 empresas canadienses aquí en México hace no más de 3 semanas”, lo que refleja que, incluso en medio de la incertidumbre, el proceso de inversión asociado al T-MEC continúa avanzando, con un enfoque en sectores industriales y de integración regional.
No obstante, el análisis de JPMorgan añade un componente adicional al advertir que la duración de la incertidumbre es el principal riesgo, dado que un escenario de revisiones anuales hasta 2036 mantendría presión sobre la planificación de inversión en sectores intensivos en capital. En ese contexto, el tipo de cambio actuaría como variable de ajuste frente a la prima de riesgo.
El escenario de volatilidad se amplía al considerar alternativas de negociación. En Citi, se reconoce que un retraso más allá de 2026 o la transición hacia acuerdos bilaterales podría mantener un entorno de incertidumbre elevada, con impacto sobre la inversión y el sentimiento empresarial.
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Bolsa mexicana: sectores ganadores y perdedores
La renta variable mexicana incorpora el escenario del T-MEC a través de la dispersión sectorial y la sensibilidad a cambios regulatorios. El sector automotriz concentra el mayor riesgo debido a posibles modificaciones en las reglas de origen. JPMorgan señala que “las reglas de origen automotrices ya son las más restrictivas de cualquier acuerdo comercial global”, lo que sugiere un margen limitado para ajustes sin impacto en costos.
El endurecimiento de estas reglas podría afectar la estructura de producción, en particular para empresas con insumos provenientes de fuera de la región. Al mismo tiempo, este cambio favorece a compañías con integración regional más profunda, lo que introduce una diferenciación dentro del propio sector.
JPMorgan señala que ve un potencial alcista para el S&P BMV/IPC (MEXBOL), “ya que los niveles actuales no parecen reflejar completamente el viento de cola idiosincrático de una conclusión comercial exitosa”.

Citi, por su parte, tiene un objetivo de 70.000 puntos para el S&P BMV/IPC para finales de 2026, que ya refleja la visión de que se logrará un acuerdo este año. La valuación actual del mercado incorpora parcialmente este escenario. El múltiplo de 13 veces precio sobre utilidades hacia adelante se presenta como referencia en el análisis de Citi, aunque con limitaciones para expansión adicional en un entorno de volatilidad externa vinculada al conflicto en Medio Oriente.
A nivel sectorial, el análisis identifica oportunidades en bienes raíces industriales, transporte y manufactura vinculada a exportaciones. Las empresas con exposición a logística, infraestructura y producción integrada dentro de América del Norte se benefician del aumento en flujos comerciales bilaterales.
El sector financiero se posiciona como receptor indirecto del resultado de la negociación. Una reducción de la incertidumbre puede traducirse en mayor demanda de crédito y actividad económica, lo que impulsa los ingresos bancarios.
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En el análisis de Citi se identifican beneficiarios directos del proceso, con preferencia por REITs industriales como Vesta, empresas automotrices como Nemak y firmas de logística como Traxion, mientras que bancos como Banorte y Gentera destacan por su capacidad de capturar un repunte en el crédito ante una reducción de la incertidumbre.
No obstante, el desempeño del mercado también depende de factores externos. La evolución de tasas de interés, el comportamiento de precios energéticos y la dinámica del conflicto en Medio Oriente introducen una volatilidad adicional. Sin embargo, el T-MEC permanece como el eje estructural que define la dirección de los flujos de inversión hacia México.
El resultado de la negociación definirá el ritmo del mercado. El escenario base contempla un acuerdo cercano al plazo del 1 de julio, con una posible reducción de la incertidumbre hacia finales de 2026, mientras que un retraso prolongado mantendría presión sobre la inversión y el crecimiento, incluso si el marco actual del tratado permanece vigente.













