Robots humanoides en bolsa: una industria que atrae inversores, pero aún plantea dudas

El sector avanza entre expectativas de crecimiento y limitaciones estructurales, con pruebas industriales en marcha y una adopción aún incipiente.

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Bloomberg Línea — La industria de robots humanoides comienza a captar la atención de los mercados, aunque su impacto económico sigue siendo limitado en el corto plazo. El despliegue industrial avanza en fase piloto y las expectativas de crecimiento conviven con restricciones tecnológicas, de costes y regulatorias.

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El punto de partida es reducido. En 2025, se enviaron apenas 13.000 unidades a nivel global, con un mercado estimado entre US$200 y US$250 millones, muy por debajo de otras estimaciones más amplias que incorporan categorías adyacentes. Jonathan LaBerge, estratega jefe de BCA Research, advierte que “los robots humanoides son un tema de inversión potencial pero aún no inminente”, en un contexto donde la adopción real sigue concentrada en entretenimiento, hospitalidad e investigación.

La incertidumbre domina las previsiones. Para 2030, los envíos podrían oscilar entre 50.000 y 250.000 unidades, con escenarios extremos de hasta 1 millón. Para LaBerge, la dispersión refleja que “estas estimaciones están nubladas por mejoras necesarias en la duración de la batería, una reducción de costos del 80–90%, incertidumbre regulatoria y preocupaciones de privacidad del consumidor”. El desarrollo tecnológico, aunque acelerado por la inteligencia artificial, no garantiza una adopción lineal.

El interés inversor se apoya en el potencial de la llamada “IA física”. Frente a las dudas sobre la automatización del trabajo de oficina, el informe recoge que “la posibilidad de que los avances recientes se traduzcan en aplicaciones de IA física parece cada vez más probable”, especialmente en tareas manuales estructuradas donde la automatización presenta menos ambigüedad operativa.

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Esa llamada “IA física” comienza a reflejarse en los flujos de capital. En 2025, la inversión global en compañías vinculadas a este segmento superó los US$41.000 millones.

Los analistas de Bank of America (BAC) sostienen que “la primera ola de IA fue la generativa: creación de contenido y chatbots. La siguiente es la IA física: sistemas que interactúan, manipulan y operan en el mundo real. Esta transición de la inteligencia digital a los sistemas incorporados está impulsada por los avances en IA, la caída de los costos del hardware y la escasez estructural de mano de obra”.

Despliegue industrial y cuellos de botella

Más de 50 empresas trabajan actualmente en el desarrollo de robots humanoides. El despliegue inicial se mantiene concentrado en aplicaciones industriales. BofA resalta que China absorbió más del 80% de las instalaciones en 2025 y lideró también la producción a través de compañías como Agibot y Unitree, que en conjunto superan el 70% del volumen.

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El sector automotriz emerge como el principal laboratorio. Fabricantes como BMW, Mercedes-Benz, Hyundai o Tesla (TSLA) ya participan en pruebas con robots humanoides en líneas de producción, logística y ensamblaje. Empresas como Boston Dynamics o Figure AI también ideran el desarrollo de robots humanoides.

Sin embargo, el alcance sigue siendo limitado, con proyectos piloto que no inciden aún de forma relevante en la productividad.

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LaBerge subraya que “los robots humanoides no están haciendo una contribución significativa al proceso de manufactura hoy”, lo que delimita el estado actual del mercado. Las aplicaciones incluyen inspección de calidad, transporte interno o tareas repetitivas, pero no sustituyen procesos críticos.

Según BCA Research, el calendario de despliegue de los robots humanoides sitúa una fase inicial de comercialización entre 2027 y 2030. Este avance depende de superar restricciones técnicas relevantes. La autonomía energética es una de las principales, ya que “el tiempo de funcionamiento actual para la mayoría de los modelos se sitúa en solo 1 a 4 horas por carga”, muy por debajo de una jornada laboral estándar.

El coste representa otra barrera estructural. Con precios actuales entre US$150.000 y US$500.000 por unidad, el informe indica que “los precios por unidad necesitan caer a US$20.000–US$50.000 antes de que la adopción a gran escala sea viable”, una reducción que condiciona la viabilidad comercial del segmento.

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Para Bank of America (BAC), el desarrollo industrial convive con un aumento progresivo de la inversión en etapas tempranas. El financiamiento pasó de US$700 millones en 2018 a US$4.300 millones en 2025, aunque la transición hacia escala comercial sigue condicionada por las limitaciones técnicas.

A estos factores se suman elementos regulatorios y de privacidad. La interacción directa con usuarios plantea interrogantes sobre el uso de datos, en particular en entornos domésticos, donde la aceptación social podría limitar el ritmo de adopción.

Impacto macro y productividad: un impulso condicionado

El potencial económico se mide principalmente en términos de productividad. La automatización podría aportar al crecimiento anual una contribución significativa en economías desarrolladas con bajo crecimiento estructural.

IA

LaBerge calcula que “la automatización podría añadir entre 40 y 85 puntos básicos al crecimiento anual de la productividad y sería desinflacionaria en el margen”, lo que introduce implicaciones directas para la política monetaria y la dinámica inflacionaria.

Sin embargo, la relación no es lineal. Experiencias históricas muestran que mayores niveles de automatización no siempre se traducen en mayor crecimiento. En Estados Unidos, la productividad manufacturera se debilitó en un periodo de alta adopción de robots, reflejando un entorno de demanda débil.

China aparece como el principal beneficiario potencial. Su elevada participación en el empleo manufacturero y su dominio en la producción de baterías, clave para el desarrollo de estos robots, posicionan al país en una ventaja estructural dentro de esta transición tecnológica.

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Acciones y ETF: cómo posicionarse en el mercado

Desde el punto de vista de inversión, la exposición al tema se distribuye entre varios sectores. Tecnología (excluyendo software), bienes de capital y consumo discrecional concentran las principales opciones, con énfasis en semiconductores, maquinaria y automoción.

Los ETF representan el vehículo más directo. Entre los más consolidados destacan BOTZ, con US$3.190 millones en activos bajo gestión, y ROBO, con US$1.559 millones, ambos enfocados en robótica y automatización en sentido amplio. A ellos se suman instrumentos más específicos como KOID, HUMN y BOTT, lanzados entre 2024 y 2025, con activos que oscilan entre US$35 millones y US$128 millones y una exposición más directa a la cadena de valor de los robots humanoides.

La parte energética añade una dimensión adicional. Dado que la batería es un componente crítico, ETF vinculados al litio y materiales estratégicos, como LIT, con US$1.673 millones, BATT, con US$110 millones, y LITM, con US$35 millones, ofrecen exposición indirecta al crecimiento del sector.

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El comportamiento relativo de estos segmentos ya refleja expectativas elevadas. Las industrias vinculadas a robótica han superado al mercado global y cotizan con primas de valoración, lo que sugiere un posicionamiento selectivo, con mayor peso en industriales y consumo frente a tecnología pura.

“No creemos que posiciones de alta convicción estén aún justificadas, pero pequeñas asignaciones a este tema son potencialmente apropiadas”, dijo LaBerge.

Para BofA, a pesar del creciente interés en aplicaciones domésticas, el despliegue en ese segmento permanece limitado. Los analistas del banco creen que persisten desafíos en seguridad, movilidad y manipulación de objetos, lo que retrasa la adopción masiva fuera del entorno industrial.

El seguimiento del sector automotriz, la evolución de los costes y los avances en baterías también serán variables determinantes en los próximos años, en un contexto donde la materialización del crecimiento sigue abierta.

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