EE.UU. impone aranceles del 50% a Canadá y Carney promete responder “dólar por dólar”

El fracaso de las negociaciones comerciales entre EE.UU. y Canadá activa aranceles del 50% y abre la puerta a una escalada entre dos de los principales socios comerciales del mundo.

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El puerto de Vancouver en Vancouver, Canadá.
Por Josh Wingrove - Alicia Diaz - Thomas Seal

Bloomberg — Las negociaciones comerciales entre EE.UU. y Canadá fracasaron en el último momento, con lo que entraron en vigor nuevos aranceles del 50% sobre miles de millones de dólares en productos canadienses, y el primer ministro Mark Carney prometió tomar medidas de represalia.

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Los aranceles estadounidenses entraron en vigor el sábado sobre cientos de artículos que EE.UU. compra a Canadá, como madera contrachapada, bebidas alcohólicas, equipos eléctricos y material de hockey, por un valor total de unos US$20.000 millones.

Carney afirmó que había suspendido las negociaciones y que su Gobierno igualaría dichos aranceles “dólar por dólar para proteger a nuestros trabajadores y empresas”. Las autoridades estadounidenses se han comprometido a presentar al presidente Donald Trump opciones para intensificar las medidas en caso de que él lo haga.

Mark Carney, primer ministro de Canadá.

Ambas partes se culparon mutuamente del fracaso de las negociaciones. El representante comercial de EE.UU., Jamieson Greer, afirmó que los negociadores canadienses plantearon exigencias de última hora que echaron por tierra un borrador de acuerdo elaborado tras días de negociaciones.

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“A pesar de la oferta de EE.UU. a Canadá de recibir el mejor trato de todos los principales exportadores a nuestro mercado, las nuevas exigencias y el incumplimiento de otros compromisos por parte de Canadá han trastocado el delicado equilibrio alcanzado en los últimos días”, declaró Greer en un comunicado.

Carney, por su parte, argumentó que fue EE.UU. quien había cambiado de postura, y señaló que “los cambios de última hora en las condiciones propuestas por EE.UU. eran injustos, antieconómicos y ponían en duda la fiabilidad de cualquier acuerdo”.

Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, durante una visita a una planta industrial.

No quedó claro de inmediato a qué sectores estadounidenses se dirigirá Carney en sus medidas de represalia, ni con qué rapidez tomaría Estados Unidos a su vez medidas adicionales, pero estas maniobras de última hora apuntaban a la posibilidad de una escalada en la disputa comercial entre ambas economías.

Un funcionario estadounidense, que habló bajo condición de anonimato a última hora del viernes, afirmó que no había programadas nuevas negociaciones. El Gobierno ofrecerá a Trump opciones para equilibrar las condiciones si Canadá toma medidas de represalia, añadió el funcionario.

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El fracaso a la hora de alcanzar un acuerdo agrava la tensión entre dos aliados de larga data que el año pasado mantuvieron un intercambio comercial de bienes y servicios por valor de casi US$900.000 millones.

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Además de los aranceles, Trump ha especulado públicamente sobre la posibilidad de convertir a Canadá en un estado de EE.UU., se ha referido a sus primeros ministros como “gobernadores” y ha afirmado que el país no podría sobrevivir sin EE.UU.

Esto puso de manifiesto cómo Trump pareció precipitarse el martes por la noche, cuando anunció, menos de dos horas antes de que los aranceles entraran en vigor según lo previsto inicialmente, que ambas partes habían llegado a un acuerdo. Los funcionarios canadienses señalaron posteriormente que aún quedaban por resolver aspectos importantes.

Ambas partes habían estado negociando un acuerdo que incluía la reducción de los aranceles sobre determinados productos canadienses de acero y aluminio al 25%, la reducción de los aranceles sobre los automóviles canadienses al 15% y la eliminación de un arancel del 10% sobre la madera.

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El funcionario estadounidense afirmó que las negociaciones concluyeron cuando Canadá solicitó concesiones adicionales en un par de esos ámbitos, aunque se negó a precisar cuáles.

No obstante, el borrador del acuerdo no estuvo exento de críticas. La industria estadounidense del acero y el aluminio se opuso a las medidas que habrían debilitado su posición, por ejemplo.

Carney también se enfrentó a reacciones negativas en Canadá por las concesiones que estaba dispuesto a hacer y que, en la práctica, habrían codificado unos aranceles que Canadá lleva mucho tiempo declarando ilegales, aunque a un nivel inferior.

Esta disputa comercial plantea un nuevo reto para Trump, quien se enfrenta a una caída en las encuestas y a un conflicto prolongado con Irán mientras se acerca a toda velocidad a las elecciones de mitad de legislatura de noviembre.

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Un enfrentamiento con Canadá, una de las principales fuentes de importaciones de Estados Unidos, amenaza con avivar las preocupaciones de los votantes por los altos precios y enturbiar aún más el camino de la Reserva Federal, en un momento en que la Administración busca controlar el mercado de bonos y reducir los costos de financiación.

En su comunicado del viernes por la noche, Greer confirmó que el acuerdo habría reducido los aranceles sobre los automóviles, el acero, el aluminio y la madera, y habría supuesto la cooperación entre ambos países en materia de controles de exportación, comercio digital y determinados aranceles conjuntos que no especificó.

Asimismo, habrían iniciado negociaciones formales para renovar el Acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá, que Trump negoció durante su primer mandato, pero que se negó a renovar a principios de este año, lo que sumió al pacto en una década de revisiones continuas.

Flujos comerciales de bienes y servicios de EE.UU. con sus principales socios en 2025.

A cambio, Canadá estaba dispuesto a eliminar las medidas de represalia aplicadas el año pasado tras el inicio de la guerra comercial por parte de Trump, aunque aún no se ha hecho público el alcance total de sus posibles concesiones.

La Casa Blanca había estado buscando la eliminación de los contrar aranceles de Canadá sobre los vehículos de fabricación estadounidense y el fin de la prohibición de la venta al por menor de bebidas alcohólicas estadounidenses en la mayoría de las provincias.

“Aunque espero que se revelen más detalles sobre lo ocurrido y sobre el camino a seguir, esto resulta profundamente preocupante para miles de pequeños exportadores canadienses”, afirmó Dan Kelly, presidente de la Federación Canadiense de Empresas Independientes.

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Los nuevos aranceles del 50% se imponen en virtud de una disposición nunca antes utilizada de la Ley Arancelaria de 1930, que otorga al presidente la facultad de imponer aranceles a países que se considere que discriminan al comercio estadounidense.

Sin embargo, los nuevos gravámenes no se aplicarán a los recursos naturales más importantes que Estados Unidos importa de Canadá, como el petróleo, la potasa y los minerales esenciales. Canadá es el principal proveedor extranjero de petróleo crudo y productos petrolíferos de Estados Unidos, con más de 4 millones de barriles al día.

Las encuestas de opinión pública en Canadá muestran un amplio apoyo a la idea de contraatacar los aranceles de Trump, y las autoridades de Ottawa han estado estudiando una serie de opciones, según fuentes familiarizadas con el asunto.

En una conversación telefónica con los primeros ministros provinciales a principios de esta semana, Carney afirmó que su Gobierno estaba dispuesto a tomar represalias con aranceles “dólar por dólar” si fuera necesario, pero que se mostraba satisfecho con el acuerdo marco y aliviado de no tener que dar ese paso, que, según él, podría resultar muy perjudicial, según una persona con conocimiento del asunto.

“El primer ministro cuenta con mi pleno apoyo para una respuesta contundente: arancel por arancel, dólar por dólar”, afirmó Doug Ford, primer ministro de la provincia de Ontario, donde tiene su sede el sector automovilístico canadiense, en una publicación en redes sociales el sábado por la mañana.

Carney parecía haber descartado anteriormente la posibilidad de restringir el suministro de importantes recursos naturales a EE.UU. “Es importante ser un proveedor fiable”, declaró a los periodistas a finales de julio, poco después de que la Administración Trump amenazara por primera vez con aranceles del 50%.

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Canadá también anunciará en breve “medidas adicionales para apoyar a los trabajadores y las empresas canadienses”, afirmó Carney, sin dar más detalles.

El economista de la Universidad de Calgary, Trevor Tombe, estimó que, si estos aranceles se mantienen, Canadá podría perder casi 90-000 puestos de trabajo. Añadió que el impacto en las exportaciones se nota con mayor intensidad en los sectores de la maquinaria y la electrónica, los plásticos y el caucho, el mobiliario, la madera, el papel, así como en los productos químicos y los cosméticos.

Según él, las provincias más afectadas serían Columbia Británica, Ontario y Quebec.

--Con la colaboración de Mathieu Dion, Derek Wallbank, Laura Curtis, Jennifer A. Dlouhy, Nick Wadhams y Sarah Gray.

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