Bloomberg — Donald Trump recibe a Xi Jinping en Washington para una visita de Estado centrada más en la ceremonia que en la política, con pocas expectativas de avances en las disputas de larga data entre las dos mayores economías del mundo.
Xi y su esposa, la excantante militar Peng Liyuan, fueron recibidos por Trump este miércoles. A continuación tendrán lugar reuniones en las que se abordarán cuestiones complejas, como el comercio y Taiwán, junto con una cena de Estado —la segunda del actual mandato de Trump— antes de las despedidas del viernes.
Este viaje supone la primera visita de Estado de Xi a la capital estadounidense desde 2015. Ambas partes han rebajado sus expectativas tanto de avances como de rupturas. Las conversaciones bilaterales preliminares celebradas el domingo en Nueva York fueron calificadas de positivas, pero no lograron alcanzar un acuerdo sobre la prórroga de la tregua arancelaria que expira en noviembre.
“La visita es el mensaje”, afirmó Edgard Kagan, exdiplomático estadounidense en Asia y actualmente miembro del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, con sede en Washington. “Ha habido una sorprendente falta de señales, tanto por parte de la Casa Blanca como de China, sobre los objetivos principales de la visita. Creo que la forma en que la están planteando se centra en la gestión de la relación”.
Como muestra de su deseo de que la reunión transcurriera sin contratiempos, Trump mencionó a China solo una vez por su nombre en su discurso del martes ante la Asamblea General de la ONU. Sí habló de la visita de Xi con la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, quien ha tenido roces con Pekín.
Qué discutirán Trump y Xi en Washington
Bajo la aparente cordialidad de la gala, persisten las tensiones. Estados Unidos se apresura a debilitar el control de China sobre las tierras raras ante las quejas de que Pekín está retrasando los envíos, elementos clave de la tregua comercial del año pasado. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, advirtió que “no habrá un mañana si China gana” en inteligencia artificial.
Los responsables chinos se centran en bloquear un paquete de armas estadounidense propuesto por valor de US$14.000 millones destinado a Taiwán, la isla autónoma que el Partido Comunista considera parte de su propio territorio.
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Según Zhu Feng, decano de la Facultad de Estudios Internacionales de la Universidad de Nanjing, los principales objetivos de China serán generar un mensaje positivo en torno a la cumbre en ambos países, atenuar las supuestas exageraciones estadounidenses sobre las amenazas de la IA china y defender las líneas rojas más claras de Pekín respecto a Taiwán.
“Ante los obstáculos que enfrenta la fabricación de armas en Estados Unidos a nivel nacional, una desaceleración en las ventas de armas a Taiwán —y una reducción en la cantidad— parece factible”, agregó.
Los retos internos que enfrenta Trump antes de recibir a Xi
El encuentro cara a cara se produce en un momento delicado para ambos. Trump, de 80 años, se prepara para las derrotas de sus compañeros republicanos en las elecciones de mitad de mandato de noviembre y se enfrenta a la posibilidad de un mandato sin poder real. Mientras tanto, Xi, de 73 años, avanza con paso firme hacia un histórico cuarto mandato, pero lidia con un lento crecimiento económico y un creciente desempleo juvenil.
Otras cuestiones importantes se cernirán sobre la reunión, incluida la oposición interna en EE.UU. El senador Roger Wicker, republicano por Misisipi y presidente de la Comisión de Fuerzas Armadas, arremetió el martes contra Trump por la visita.
“Francamente, si la Casa Blanca me hubiera pedido consejo, le habría sugerido al presidente que no invitara a Xi Jinping a Washington para una bienvenida tan fastuosa”, dijo en un discurso.
Tampoco se espera que el presidente de China traiga a ningún CEO a EE.UU. como parte de una delegación empresarial, según un alto funcionario de la Administración estadounidense. Esto se produce en un momento en el que la inversión china en EE.UU. ya ha disminuido.
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Trump ha enviado señales contradictorias sobre si permitiría la entrada de automóviles chinos en el mercado estadounidense, un acontecimiento potencialmente explosivo para el sector.
Anteriormente, se mostró abierto a permitir que China construyera plantas automotrices en Estados Unidos si contrataba a trabajadores estadounidenses. Sin embargo, según un funcionario estadounidense, cualquier acuerdo de este tipo tendría que cumplir con las normas de seguridad nacional para poder llevarse a cabo.
A medida que se recrudecen las tensiones en torno a la IA, EE.UU. ha prohibido las importaciones de nuevos robots humanoides e inversores procedentes de China, ha sancionado a empresas chinas por trabajo forzoso y ha incluido a sus principales empresas tecnológicas en una lista negra del Pentágono. Pekín ha prohibido la entrada de empresas estadounidenses y ha endurecido los controles sobre las exportaciones de drones. Sin embargo, ninguna de las partes ha llegado a un punto de escalada lo suficientemente grave como para romper su tregua general.
Los funcionarios de la Administración Trump han restado importancia a las expectativas en torno a las conversaciones sobre la IA, aunque Bessent afirmó que ambas partes acordaron establecer un nuevo diálogo sobre el tema.
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Mientras las principales empresas chinas de inteligencia artificial compiten por alcanzar a Silicon Valley, EE.UU. las ha acusado de extraer capacidades de modelos pioneros estadounidenses, unas acusaciones que Pekín ha rechazado.
“La realidad es que ninguna de las partes sabe realmente qué puede resultar de un diálogo en este momento político y tecnológico específico”, dijo Brett Fetterly, director gerente de The Asia Group.

En una conferencia informativa celebrada el viernes, funcionarios estadounidenses señalaron que necesitan que China haga más por frenar el flujo de fentanilo y aumentar las exportaciones de tierras raras. Los funcionarios también indicaron que EE.UU. no estaba interesado en un nuevo acuerdo de control de exportaciones para obtener acceso a metales que, según Washington, China ya se había comprometido a suministrar. El martes, China amplió las restricciones al envío de ingredientes que pueden utilizarse para producir opioides ilícitos, lo que supone una señal de cooperación en materia de estupefacientes en vísperas del viaje de Xi.
Las exportaciones chinas de imanes de tierras raras a EE.UU. cayeron un 21% en agosto con respecto al mes anterior, según datos aduaneros publicados el domingo. Por el contrario, el superávit comercial de China con EE.UU. el mes pasado también se disparó casi un 44% con respecto al año anterior, hasta superar los US$29.000 millones—la mayor diferencia desde que Trump regresó a la Casa Blanca en enero de 2025.
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Y aunque Pekín sigue siendo vulnerable a las restricciones estadounidenses a la exportación de semiconductores avanzados y sus equipos de fabricación, su industria nacional de chips está dando grandes pasos. La empresa china Huawei Technologies Co. aceleró la semana pasada los planes para su chip de inteligencia artificial de próxima generación, una señal de desafío frente a las restricciones tecnológicas de EE.UU.
El poder de Trump en Washington queda bajo escrutinio
Xi llega en un momento en que Trump desafía los límites de sus poderes de formas extraordinarias. El presidente ha prohibido el acceso a la Casa Blanca a tres importantes medios de comunicación, ha presionado para que se modifiquen las normas electorales y se ha quejado de que los jueces restrinjan sus competencias en materia arancelaria y sus esfuerzos por eliminar la ciudadanía por nacimiento.
Pancartas con imágenes de Trump cuelgan de los edificios del Gabinete, incluido el Departamento de Justicia, imágenes que, según los críticos, evocan las de los gobiernos autoritarios.
Trump ha elogiado repetidamente su relación con Xi, y las fotos de su último encuentro —en Pekín— cuelgan en un lugar destacado de las paredes del Ala Oeste. Esa reverencia podría envalentonar a Xi, y no solo en lo que respecta a Taiwán.
“Estados Unidos básicamente le está dando vía libre a Xi Jinping”, dijo Scott Kennedy, experto en China del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. “En realidad, no estamos limitando a los chinos de manera significativa”.
--Con la colaboración de Michelle Jamrisko, Jing Li y Colum Murphy.
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