Esta vez, una economía de guerra sería diferente

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Estados Unidos ha decidido levantar algunas restricciones al uso por parte de Ucrania de armas fabricadas en Occidente para atacar objetivos militares limitados en Rusia. Fuente: Bloomberg
Por Allison Schrager

Hace poco escuché una predicción aterradora: los avances en la tecnología de defensa cambiarán la forma en que se libra la guerra hoy en día tanto como lo hizo la industrialización en la Primera Guerra Mundial. Si esto es cierto —y no lo sé con certeza, ya que mi área de especialización es la economía—, podríamos enfrentarnos a bajas de una magnitud inimaginable, al igual que ocurrió con la mecanización del armamento a principios del siglo XX.

Sin embargo, como ya he dicho, soy economista, y esta previsión me ha llevado a preguntarme: ¿qué implicará esta transformación para la economía de EE.UU. y global? En el pasado, el incremento del gasto militar ha funcionado como una especie de estímulo. Pero existen motivos para dudar de que eso se repita esta vez, al menos de la misma forma.

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Tal y como ocurrió a inicios del siglo XX, la política y la tecnología a escala global están provocando un incremento del gasto en defensa. Un mundo más dividido conlleva más riesgos y menos cooperación, por lo que los países están invirtiendo cada vez más en sus propias capacidades militares, al tiempo que la tecnología genera nuevas herramientas de guerra.

Gasto bélico

Durante la segunda mitad del siglo XX, el gasto militar como porcentaje del PIB se redujo. A pesar de la Guerra Fría, el fortalecimiento de las alianzas hizo posible que muchos países redujeran su gasto en defensa. Con la caída de la Unión Soviética y el auge tecnológico de la década de los noventa, numerosos miembros del ejército de EE.UU. llegaron a argumentar que el país podía reducir su gasto.

El gasto militar experimentó un ligero aumento en la década de los 2000, a raíz de las guerras de Irak y Afganistán, pero se mantuvo en niveles relativamente bajos.

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Ahora el mundo está entrando en una nueva era de mayores gastos militares, según lo destacado esta semana tanto en las Perspectivas de la economía mundial del FMI así como en el Informe económico del presidente. Los países de la OTAN ya han comenzado a incrementar sus gastos en respuesta a las medidas del presidente Donald Trump.

Al mismo tiempo, EE.UU., ante la perspectiva de más conflictos y el auge militar de China, no está disminuyendo su propio gasto.

El Congreso será quien tenga la última palabra, pero la Administración acaba de proponer un presupuesto de defensa de US$1,5 billones para 2027, lo que supone un aumento de más del 40% con respecto a 2026, y gran parte de ese gasto se destinará a la implementación y la defensa frente a las nuevas tecnologías.

El Fondo Monetario Internacional se basa en datos de la posguerra para especular sobre las posibles implicaciones para la economía mundial.

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En el pasado, el gasto militar era similar a otras formas de estímulo fiscal: generaba empleo no solo en el ejército, sino también para quienes fabrican equipos como submarinos y aviones de combate, así como para los habitantes de esas comunidades.

No obstante, el FMI advierte que puede reducir el gasto en servicios sociales. Estima que el gasto militar tiene un multiplicador de 1, lo que significa que los gobiernos obtienen un retorno proporcional a su inversión, al menos en términos de producto interno bruto.

Si bien el aumento del gasto puede asemejarse al del pasado, su impacto en la economía podría ser muy diferente, ya que el dinero se gastará de otra manera.

Las guerras actuales y futuras involucrarán más tecnología autónoma impulsada por inteligencia artificial y quizás menos combatientes, pero también podrían prolongarse y tener resultados más inciertos.

Probablemente participarán pequeñas empresas tecnológicas, lo que generará empleos, riqueza y actividad empresarial, pero los beneficios no se percibirán con la misma amplitud que con los grandes contratistas de defensa.

En el pasado, el gasto en defensa fue un importante generador de empleos para la clase media y los trabajadores manuales. Pero la guerra moderna requiere un ejército más pequeño y armas más precisas, que suelen ser fabricadas por trabajadores con mayor nivel educativo.

La buena noticia es que el gasto en defensa probablemente continuará siendo un importante incentivo para innovaciones con beneficios más amplios. La Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA por sus siglas en inglés), fundada en 1958, desarrolló la tecnología que hizo posible internet.

El futuro de la guerra impulsado por la inteligencia artificial también podría generar innovaciones que transformen la economía de maneras que aún no podemos imaginar.

Existe otra diferencia con el pasado que podría resultar crucial: el impacto de todo este gasto en las tasas de interés.

Niall Ferguson ha señalado que, cuando un país gasta más en el pago de intereses que en su ejército, sus días de esplendor han quedado atrás. Así ocurrió con España, Francia y Gran Bretaña, que se vieron tan abrumadas por la deuda que no pudieron financiar adecuadamente sus ejércitos ni mantener su hegemonía mundial.

Uno de los asesores económicos de Trump, el presidente interino del Consejo de Asesores Económicos (CEA, por sus siglas en inglés), Pierre Yared, ha señalado un punto similar. Ser la única superpotencia mundial confiere a una nación lo que se conoce como el “privilegio exorbitante”: puede obtener préstamos a tasas de interés más bajas.

Perder un conflicto militar, en cambio, suele implicar tasas de interés e inflación más altas. Una potencia hegemónica con un alto gasto, como Estados Unidos, debe encontrar un delicado equilibrio: si gasta demasiado, el servicio de la deuda puede desplazar el gasto militar; si no gasta lo suficiente, se debilita, lo que podría aumentar aún más las tasas de interés.

La pregunta de cuánto durará el dominio de Estados Unidos, por lo tanto, puede que tenga menos que ver con el poderío militar que con la deuda pública. En ese sentido, la hora de la verdad podría llegar antes de lo esperado, sobre todo si Washington decide (como es muy probable que haga) incrementar el gasto en defensa sin reducir el gasto social.

Por el contrario, si los Estados Unidos da prioridad al gasto militar, será la primera vez en este siglo que opta por invertir en los jóvenes en lugar de en los mayores. Una pequeña victoria.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios.

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