Si las stablecoins son el futuro del dinero, ¡mucho cuidado!

PUBLICIDAD
Stablecoins
Por Consejo Editorial de Bloomberg Opinión

En el futuro digital, ¿cómo te gustaría que fuera tu dinero? ¿Un instrumento respaldado de forma explícita por un gobierno? ¿O un pagaré de una compañía privada que quizá no sea tan estable como dice?

Si los actuales dirigentes de Estados Unidos logran salirse con la suya, es posible que prevalezca este último modelo, lo que podría acarrear graves consecuencias para el sistema financiero internacional. Otros gobiernos actúan correctamente al oponerse a ello.

PUBLICIDAD

El mundo financiero se encuentra a las puertas de una transformación que podría ser profunda. Una tecnología conocida como “tokenización” hace posible que activos de todo tipo sigan instrucciones.

En una operación de bolsa, por ejemplo, el dinero digital y las acciones pueden ser programados para transferirse simultáneamente, un proceso que hoy lleva uno o dos días.

Esta “liquidación atómica” permite que los pagos internacionales sean mucho más baratos y rápidos, y también reduce drásticamente el riesgo de que los activos comprometidos no se entreguen.

PUBLICIDAD

Solamente en el mercado de divisas, el importe en espera de liquidación en un día cualquiera puede llegar a superar los US$2 billones.

¿Qué es lo que servirá como dinero en este ámbito emergente?

No existe un verdadero equivalente tokenizado del dólar; al contrario, la Casa Blanca descartó su creación. Como alternativa, apuesta por las stablecoins, tokens de emisión privada que pretenden estar vinculados al valor del dólar.

Su proliferación, afirma el secretario del Tesoro, Scott Bessent, puede ayudar a consolidar el dominio global del dólar y crear la demanda que tanto necesita la deuda del gobierno de EE.UU., cada vez más grande, y que la nueva legislación les obliga a mantener en reserva.

PUBLICIDAD

Bessent aspira a que el mercado de las stablecoins alcance los US$3 billones a finales de esta década, frente a unos US$300.000 millones en la actualidad.

Stablecoins

No obstante, lo que el secretario del Tesoro interpreta como un éxito podría suponer un grave problema, ya que las stablecoins adolecen de graves deficiencias.

Su emisión corre principalmente a cargo de Tether, una entidad con sede en El Salvador cuyas prácticas contables y de lucha contra el blanqueo de capitales dejan mucho que desear.

Son vulnerables a retiradas masivas repentinas que podrían socavar la confianza en la moneda y desestabilizar los mercados en los que invierten sus reservas (Tether se encuentra entre los mayores tenedores de títulos del Tesoro de EE.UU.). De momento, las usan mayoritariamente los operadores de criptomonedas, los delincuentes y otras personas que están dispuestas a ignorar estos problemas.

Si las stablecoins basadas en el dólar se generalizaran en los mercados financieros fuera de EE.UU., los riesgos podrían ser de alcance mundial.

La UE y otras jurisdicciones podrían verse sometidas a una forma defectuosa de dinero gestionada al margen de su control, en parte por entidades privadas y en parte por una administración estadounidense con numerosos conflictos de intereses.

El colapso de un emisor de stablecoins, o un fallo en su código, podría causar un daño colosal, ya que los operadores sufrirían pérdidas y los mercados se paralizarían por falta de un medio de pago.

¿Qué hacer? Ofrecer algo mejor.

Con ese fin, el Banco Central Europeo ha estado trabajando para habilitar transacciones tokenizadas con dinero emitido por el gobierno y, en última instancia, lanzar una moneda digital completa. Debería redoblar este esfuerzo, que es crucial para mantener la calidad fundamental del dinero: un euro siempre debe valer un euro de forma fiable, sea cual sea su formato tecnológico.

Esto llevará algún tiempo para que funcione correctamente. Mientras tanto, los reguladores pueden mitigar los riesgos de las stablecoins exigiendo que mantengan reservas en forma de depósitos en bancos centrales.

La conexión directa con el dinero público garantizaría su intercambiabilidad y reduciría su potencial para desestabilizar los mercados, permitiendo que la innovación privada avance mientras los gobiernos se adaptan.

Para comprender los peligros que pueden presentar las monedas privadas, basta con estudiar la desastrosa historia de las emitidas por los bancos estadounidenses no oficiales en el siglo XIX, una experiencia que, en primer lugar, llevó al gobierno a tomar el control del dinero. No hay necesidad de que se repita.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios.

Lea más en Bloomberg.com

PUBLICIDAD