¿Con qué países está endeudado el mundo? La lista de los mayores prestamistas globales

El financiamiento del mundo está en manos de pocos acreedores, frente a una mayoría de países que recurren al crédito externo para crecer.

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16 de enero, 2026 | 06:00 AM

Bloomberg Línea — Alemania, Japón y China encabezan el listado de mayores prestamistas globales, al concentrar las posiciones externas netas más elevadas del mundo, mientras que Estados Unidos se mantiene como el principal deudor internacional, según datos de la Posición de Inversión Internacional Neta (NIIP).

El primer financiador del mundo es Alemania, con una posición externa neta positiva cercana a US$3,6 billones, seguida de Japón y China, que superan los US$3,4 billones cada uno, según cifras compiladas a Bloomberg Línea por el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), una asociación empresarial mundial de instituciones financieras.

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“Son las tres economías que, de manera más estructural, prestan ahorro al sistema global y marcan las condiciones financieras internacionales a través de sus bancos, aseguradoras, fondos de inversión y entidades públicas”, dijo a este medio Jonathan Fortun, economista del IIF.

Explica que el resto del mundo mantiene una parte muy significativa de su riqueza en bonos del Tesoro, depósitos y otros activos en dólares.

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Cuando un país tiene NIIP positiva, lo que presta no es una caja única de ahorro público o privado, sino el excedente de ahorro agregado de la economía sobre su inversión doméstica acumulado a lo largo del tiempo.

En la práctica, ese excedente se manifiesta como un stock neto de activos externos en manos de residentes, que puede estar repartido entre el sector público y el privado, y que toma forma de inversión directa en el exterior, bonos y acciones extranjeros, préstamos bancarios transfronterizos, depósitos y, cuando corresponde, reservas internacionales del banco central.

Emanoelle Santos, analista de mercados de la plataforma global de inversiones XTB Latam, dijo que la diferencia más relevante entre Alemania, Japón y China radica en la combinación entre el canal que intermedia el ahorro y la composición del portafolio externo.

Alemania tiende a reflejar un acreedor neto en el que predominan posiciones privadas y financieras dentro de una arquitectura de moneda común, por lo que la acumulación de reservas oficiales no es el rasgo central.

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Japón también es un acreedor muy apoyado en el sector privado, pero con “una huella fuerte de inversionistas institucionales y corporaciones, y con una sensibilidad mayor a valuaciones por tipo de cambio y precio de activos”, dijo Santos a Bloomberg Línea.

Y China, en cambio, suele mostrar una presencia más visible del sector público a través de activos oficiales, y un pasivo externo con peso relevante de inversión directa, lo que implica una estructura donde parte del financiamiento que recibe es más tipo equity que deuda.

La posición de EE.UU.

Nueva York

Una posición externa neta negativa no implica que los países no sean grandes financiadores del sistema.

Estados Unidos y el Reino Unido concentran pasivos que el resto del mundo demanda como activos seguros, lo que los mantiene como ejes del financiamiento global pese a su posición deudora.

A esto se suma el papel de los organismos multilaterales que, aunque no lideran en volumen, son clave por su capacidad de prestar de forma anticíclica cuando el financiamiento privado se retrae, especialmente en economías emergentes.

Si bien contablemente Estados Unidos aparece como el mayor deudor neto del planeta, en la práctica su Tesoro y sus mercados son uno de los principales canales a través de los cuales el mundo se financia y se protege frente a los shocks.

Santos detalló que el mundo mantiene un stock muy grande de pasivos estadounidenses porque necesita liquidez, colateral y activos considerados seguros, y ahí los valores del Tesor cumplen una función sistémica que hace que la demanda externa sea estructural.

Estados Unidos absorbe el ahorro global, pero a la vez exporta el activo de referencia del sistema monetario internacional, por lo que su NIIP negativa convive con una capacidad singular de financiarse en su propia moneda.

“Si pensamos en ‘quién financia al mundo’, Estados Unidos está en el mismo círculo que Alemania, Japón y China, aunque lo haga a través de la provisión de activos seguros y liquidez en dólares más que a través de un superávit externo clásico”, indicó Fortun.

De acuerdo a las cifras del IIF, Estados Unidos tiene una posición externa neta negativa superior a US$25,5 billones.

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Otros de los grandes prestamistas globales

Hong Kong ha estado construyendo activamente un marco para apoyar el desarrollo de criptoactivos y monedas estables como parte de su estrategia para convertirse en un centro financiero digital de primer orden.

Por detrás del grupo principal de acreedores aparecen otros grandes prestamistas como Hong Kong (US$2,1 billones), Emiratos Árabes Unidos (US$1,8 billones) y Noruega (US$1,7 billones), junto con Suiza (US$1,1 billones) y Corea del Sur (US$1 billón).

Más abajo en el listado aparecen economías con posiciones externas aún positivas, pero de menor magnitud, como Catar, Singapur, Arabia Saudita, Países Bajos y Kuwait, muchas de ellas con un rol clave como centros financieros o administradores de fondos soberanos.

Según Fortun, particularmente Hong Kong, Suiza y Singapur funcionan como plataformas de intermediación financiera, con posiciones externas netas muy positivas en relación con el tamaño de sus economías.

“Una parte importante del ahorro global se canaliza a través de estos centros hacia deuda soberana, corporativa y proyectos de inversión en todas las regiones”, dijo el analista del IIF.

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Noruega es considerado un caso emblemático, ya que su fondo soberano convierte los ingresos del petróleo en activos externos de largo plazo. “Esto lo sitúa entre los mayores prestamistas del mundo pese a ser una economía pequeña en términos de PIB”.

En el Golfo, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Kuwait también se han consolidado como prestamistas sistémicos a través de sus fondos soberanos.

Los superávits energéticos se reciclan en portafolios globales de equity, deuda y activos reales.

Fortun dice que parte de esos recursos financian gobiernos y empresas en mercados desarrollados y parte se dirige a infraestructura y proyectos estratégicos en economías emergentes. “La contabilidad de la NIIP no siempre captura todos estos activos, pero el tamaño de sus fondos soberanos deja claro que forman parte del círculo de grandes acreedores”.

La posición de Latinoamérica

Dólar en Argentina

Latinoamérica tiene una marcada dependencia del financiamiento externo y países como Brasil, México y Chile siguen siendo deudores netos.

“En el mapa de prestamistas globales, América Latina sigue siendo más usuaria de ahorro externo que proveedora”, resume Jonathan Fortun, economista del IIF.

Brasil o México pueden tener reservas elevadas y seguir como deudores netos porque las reservas son solo una parte de los activos externos y pertenecen al banco central, mientras que la NIIP consolida todo el balance externo de la economía, apuntó Emanoelle Santos, analista de XTB Latam.

En algunos países, el volumen de pasivos externos, como inversión extranjera directa, tenencias de deuda local por no residentes y deuda externa pública y corporativa, es tan elevado y persistente que supera ampliamente el nivel de reservas.

Estas reservas funcionan sobre todo como un seguro de liquidez frente a shocks, no como un mecanismo para volver acreedor neto al país, por lo que tener un colchón alto no implica una NIIP positiva.

Según Emanoelle Santos, los países emergentes podrían ganar peso como prestamistas netos si logran sostener superávits externos, profundizar sus mercados financieros y “crear vehículos creíbles” para reciclar el ahorro hacia el exterior, como fondos soberanos, banca de desarrollo y esquemas de garantías que movilicen capital privado.

En el marco de BRICS, Santos considera que iniciativas de cooperación pueden impulsar ese proceso al ampliar el financiamiento en monedas locales, compartir mecanismos de liquidez y reducir los costos de capital para proyectos transfronterizos, lo que favorecería un rol de prestamista más regional y por tramos.

Aun así, la transición hacia un papel global comparable al de los grandes centros financieros “requeriría institucionalidad, gobernanza, profundidad de los mercados, protección jurídica y convertibilidad, porque la demanda por activos de reserva no se construye solo con acuerdos políticos, sino con décadas de confianza y escala”, señaló la analista.

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