Bloomberg Línea — Colombia elegirá en las urnas este domingo si continúa recorriendo el camino trazado por el presidente Gustavo Petro o si, por el contrario, da un giro de 180 grados en lo económico, político, social y, sobre todo, en seguridad.

Uno de los ejes de la propuesta de Abelardo De la Espriella es fortalecer la Fuerza Pública y restablecer el dominio del Estado en las regiones afectadas por grupos armados.
El outsider de derecha asegura que va a “recuperar el control territorial” a la vez que va a “reafirmar el monopolio estatal de las armas”.
Para el abogado, una de las tareas que deberá enfrentar es “reconstruir a la Fuerza Pública, fortalecerla y respaldarla en sus acciones”, esto con el propósito de “destruir economías ilegales”.
Para ello, dará fin de la política de negociación con grupos armados. De la Espriella ha cuestionado la política de Paz Total y propone una estrategia militar más contundente.
“No habrá negociación con los grupos armados”, ha dicho De la Espriella, y ha advertido que quienes no se sometan a la justicia, “serán dados de baja”.
Seguridad de “mano dura”
Su programa ha sido comparado con las políticas implementadas por el presidente salvadoreño Nayib Bukele. Entre sus propuestas están:

“Recuperar el sistema carcelario”, para lo cual ha manifestado que construirá 10 megacárceles. Además, habla de “fortalecer inteligencia, justicia y judicialización”.
Golpear las finanzas del narcotráfico
De la Espriella sostiene que la lucha contra el narcotráfico debe concentrarse en las rutas de transporte y en las finanzas de las organizaciones criminales.
Ha defendido “fortalecer las capacidades de inteligencia y control territorial”.
Y considera que la coordinación entre Ejército, Policía, Armada y Fuerza Aeroespacial es clave para enfrentar las estructuras ilegales.
Rechazo a la Paz Total
Su visión parte de que la seguridad es la base del desarrollo económico y la estabilidad institucional.
En su programa sostiene que “la seguridad debe convertirse en uno de los pilares centrales de la política pública”.

En términos generales, la propuesta de Abelardo De la Espriella se basa en una política de mano dura, fortalecimiento de las Fuerzas Militares, recuperación del control territorial, combate frontal al narcotráfico y rechazo a las negociaciones con grupos armados, en contraste con el enfoque de negociación impulsado por el Gobierno de Gustavo Petro.
Una visión antagónica
Cepeda ha planteado que la seguridad debe abordarse desde una perspectiva más amplia que la respuesta armada.
En su programa sostiene, que su Gobierno “concebirá la seguridad desde una perspectiva humana e integral, orientada a la transformación territorial”.
En ese sentido, advierte que “no repetiremos fórmulas que han fracasado una y otra vez en el país”.
Por es el candidato de izquierda plantea que “la seguridad humana será un componente esencial para garantizar la vida, la libertad, la paz y la democracia”.
Énfasis en las causas estructurales de la violencia
El candidato del Pacto Histórico ha insistido en que la pobreza y la exclusión alimentan la inseguridad.
“La inseguridad no es un hecho fortuito; tiene su origen en la pobreza, la desigualdad y el abandono histórico del Estado”.
También sostiene que, “la estrategia exclusivamente militar ha demostrado ser insuficiente” y en ese sentido defiende la tesis de que “la seguridad sin justicia social es una mentira”.

Por ello, ha manifestado que “la reforma laboral, el trabajo digno y las oportunidades para la juventud son la mejor política de seguridad”.
Protección de líderes sociales
Dentro de sus propuestas figura que “la inteligencia del Estado debe servir para salvar vidas, no para explicar tragedias”.
Dice que cuando asuma la presidencia va a “orientar prioritariamente la inteligencia hacia la desarticulación de redes criminales y de las finanzas ilícitas que sostienen la violencia”.
Además, plantea que, “el éxito no se medirá en bajas, sino en vidas protegidas, derechos garantizados y control territorial efectivo”.
Seguridad urbana
En materia de delincuencia común, su programa propone “reducir de manera efectiva la extorsión, el secuestro y el homicidio mediante una estrategia integral”.
Y en esa línea buscará fortalecer el trabajo conjunto entre autoridades y comunidades, para ellos pretende “articularse con alcaldías y gobernaciones para unificar las capacidades tecnológicas y fortalecer el trabajo entre la policía y las organizaciones de la sociedad civil”.
El balance oficial
El balance del Gobierno de Gustavo Petro en materia de seguridad nacional es objeto de debate. Mientras el Gobierno destaca mayores incautaciones de droga, golpes a las economías ilegales y reducciones en algunos delitos, analistas y organismos independientes señalan un deterioro del control territorial y una expansión de los grupos armados.
La apuesta central: la “Paz Total”
La principal estrategia de Petro fue la política de “Paz Total”, en la que el candidato Cepeda fue determinante, basada en negociaciones simultáneas con el ELN, disidencias de las FARC, bandas criminales y otros grupos armados.

El objetivo era reducir la violencia mediante acuerdos y ceses al fuego, más que por una estrategia exclusivamente militar.
Principales avances que destaca el Gobierno
- Incremento de las operaciones contra el narcotráfico.
- Destrucción de miles de laboratorios de cocaína.
- Récord de incautaciones de cocaína y otras drogas.
- Reducción en algunos períodos de homicidios, secuestros y masacres.
- Capturas y neutralización de integrantes de grupos armados.
- Procesos de desmovilización de algunas estructuras ilegales.
Principales cuestionamientos
- Expansión territorial del ELN, disidencias y Clan del Golfo.
- Crecimiento del número de integrantes de organizaciones armadas.
- Persistencia de altos niveles de homicidios.
- Aumento de extorsiones y secuestros.
- Incremento de ataques contra la Fuerza Pública.
- Crisis humanitaria en varias regiones por desplazamientos y confinamientos.
- Dificultades para que los ceses al fuego se tradujeran en una disminución sostenida de la violencia.
Fuerzas Militares
La oposición critica una pérdida de capacidad operativa de las Fuerzas Militares, atribuida a problemas de mantenimiento de aeronaves, cambios doctrinales y una menor intensidad de operaciones ofensivas.

El Gobierno ha rechazado esa interpretación y sostiene que se privilegiaron operaciones de inteligencia y golpes a las finanzas criminales.
La percepción predominante es que la seguridad fue uno de los puntos más débiles del Gobierno Petro, especialmente por la expansión de grupos armados y el deterioro del orden público en varias regiones.
Sin embargo, el Gobierno defiende que sus resultados deben medirse no sólo por acciones militares, sino también por los esfuerzos de negociación y por los avances contra las economías ilícitas.
En términos generales, el legado en seguridad deja un balance mixto: más énfasis en la negociación y la seguridad humana, algunos éxitos en la lucha contra el narcotráfico, pero con un deterioro del control territorial y una percepción de inseguridad que terminó convirtiéndose en uno de los principales temas del debate político colombiano hacia el final del mandato.
Un abismo los separa
La agenda ambiental se ha convertido en uno de los puntos que más distancia marca entre los candidatos presidenciales Abelardo De la Espriella e Iván Cepeda.

Aunque ambos plantean la necesidad de proteger los recursos naturales, sus diagnósticos y las herramientas para hacerlo son sustancialmente diferentes.
Iván Cepeda propone profundizar la transición energética y avanzar hacia una economía menos dependiente de los hidrocarburos, tal como propuso Petro hace 4 años.
Su programa plantea una sustitución del modelo extractivista por energías limpias, rechaza el fracking y mantiene una visión que vincula la protección ambiental con el desarrollo sostenible y la acción climática.
Asimismo, insiste en la defensa de la biodiversidad y en consolidar a Colombia como una “potencia mundial de la vida”.
En contraste, Abelardo De la Espriella defiende una política energética basada en el aprovechamiento de los hidrocarburos y es partidario del fracking.
Defiende que el fracking ha cambiado significativamente en las últimas dos décadas gracias a avances tecnológicos que han permitido perforaciones horizontales más largas, una mayor precisión y una reducción de costos, lo que ha incrementado la productividad y disminuido algunos impactos ambientales asociados al uso de agua y emisiones de metano.
Pone como ejemplo a los Estados Unidos, en donde esta técnica se utiliza ampliamente porque ha permitido explotar vastas reservas de petróleo y gas no convencionales, convertir al país en uno de los mayores productores mundiales de energía, reducir su dependencia de las importaciones y mantener precios relativamente competitivos para la industria y los consumidores.

Sus defensores sostienen que el gas natural obtenido mediante fracking también ha contribuido a reemplazar parte del carbón en la generación eléctrica, mientras que sus críticos advierten sobre riesgos para las fuentes de agua, las emisiones y los efectos sísmicos asociados a la actividad.
La propuesta de De la Espriella considera que el crecimiento económico y la seguridad energética requieren mantener y ampliar la explotación de recursos fósiles.
Además, plantea combatir la deforestación, la minería ilegal y los cultivos ilícitos desde una óptica de seguridad nacional, fortaleciendo la presencia del Estado en las zonas afectadas antes de implementar políticas de conservación.
Las diferencias también se reflejan en la forma de abordar la relación entre medioambiente y desarrollo.
El candidato del Pacto Histórico plantea una transformación gradual de la matriz productiva con énfasis en la sostenibilidad, mientras que De la Espriella prioriza el crecimiento económico y la seguridad, argumentando que la conservación ambiental debe ir acompañada de control territorial y combate a las economías ilegales.













