Bloomberg Línea — La decisión del Banco de la República de mantener tasas de interés en su reunión de abril ha abierto un debate entre analistas sobre si se trata de un riesgo para la credibilidad de la institución o de una pausa estratégica, en un momento de alta tensión política y económica.
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Para Daniel Velandia, director de Investigaciones Económicas de Credicorp Capital, la respuesta tiene dos puntos claves, pero reconoce que “efectivamente, se corre un riesgo en términos de credibilidad”.
Velandia explicó que “parte del mercado ha tomado la decisión como una especie de complacencia del banco central, cediendo a las presiones del gobierno”, aunque también señaló que “por el otro lado, creo que no le hace daño al a la economía, como tal, esperar un par de meses para eventualmente reanudar el ciclo de subidas”.
Esto, considerando que la próxima reunión “es después de segunda vuelta presidencial”.
El analista añadió que “desde el punto de vista técnico, había que subir tasas”, pero advirtió que, desde el punto de vista político, “hay que considerar que estábamos en un momento muy álgido en términos de que podía materializarse alguna de las amenazas del presidente como un nuevo incremento del salario mínimo”, y sostuvo que “el banco hizo bien en bajarle un poco la espuma y la presión a esta situación”.
En esa línea, planteó que “la gran pregunta es qué va a pasar a partir de junio” y afirmó que “el banco debe continuar hacia adelante. Operando y tomando decisiones en línea con lo que se necesita, en línea con lo que sugiera los datos macro y las expectativas de inflación en particular”.
También advirtió que “si se siguiera tomando en consideración principalmente aspectos políticos las cosas se complicarían”, aunque señaló que “lo que podemos llegar a tener es una mejora en esta situación”.
Desde otra perspectiva, Andrés Langebaek, analista independiente, puso en duda que la decisión haya sido exclusivamente política.
“No estoy tan seguro de que la decisión de la junta haya sido exclusivamente política”, dijo Langebaek, quien, además, indicó que “a mí me parece que sí hay unos elementos que son complejos para el análisis de la situación actual” y mencionó que “el primero, tiene que ver con, la revaluación del peso colombiano”.
En ese sentido, explicó que “el incremento en las tasas de interés, el diferencial tan alto, está llevando a una apreciación del peso colombiano que es indeseable”.
El analista añadió que “la venta de automóviles en Colombia está creciendo 56%, y está siendo favorecida porque la tasa de cambio está reevaluada”.
En sus palabras, “es un síntoma complejo para la economía tener una tasa de interés tan alta que propicie la revaluación del peso y el abaratamiento de los vehículos importados”.
También advirtió sobre el mercado laboral: “yo he insistido en que las cifras del mercado laboral no son tan positivas”, y detalló que “en diciembre, la creación de empleo se hacía una tasa del superior al 3%. Las cifras de marzo hablan de una tasa del 1,1%”.
Según dijo, “los efectos del salario mínimo están generando, inicialmente, en una fase 1, una pérdida muy rápida en la generación de empleo en la economía”.
En ese contexto, sostuvo que “Colombia corre el riesgo de que en un par de meses va a tener una generación negativa de empleo” y agregó que “vamos a ver aumento en el número de desempleados o en el número de expulsados por el por el sector productivo”.
Concluyó que “no creo que sea exclusivamente un argumento relacionado con la unanimidad de que el banco debería haber subido tasas” y que “de pronto, haberse tomado un tiempo de espera para analizar nueva información, puede resultar valioso”.
Por su parte, Felipe Campos, gerente de Estrategia e Inversión de Alianza Valores, enfatizó en los costos de la decisión en términos de credibilidad.
“Sí, obviamente, aquí no hay almuerzo gratis, se sacrificó credibilidad, y eso, obviamente, se refleja en las tasas volviendo del gobierno”, afirmó.
Campos señaló que “no pierde el banco, pierde la economía, porque hay una dominancia fiscal completa” y agregó que “se refleja en el dólar, que para mí debería estar 200 pesos más arriba, si siguiera alineado con las monedas petroleras”.
El analista consideró que “es una medida muy extrema por el momento que se está viviendo” y que “por eso puede ser aceptable”.
También subrayó que “la presión fue por muchos lados, incluyendo la amenaza del tema del salario mínimo” y sostuvo que “la decisión también pudo haber evitado escalamientos más agresivos”.
Sin embargo, reiteró que “la credibilidad sí se debilita, y el mensaje hacia adelante para otros gobiernos, para los inversionistas, es que en Colombia existen formas externas de presión sobre el banco que pueden ser efectivas”.
En contraste, Wilson Tovar, director de Investigaciones Económicas de Acciones y Valores, planteó que la decisión se enmarca en una tendencia global.
“Primero hay que decir que es una constante la falta de unidad en las decisiones en los principales bancos centrales del mundo, en medio de la coyuntura por la que atravesamos”, afirmó.
Tovar señaló que “muchos han optado por mantener y esperar para no condenar el crecimiento y garantizar la temida estanflación” y destacó que “es un gesto generoso de la junta en pleno llegar a un acuerdo a pesar de las diferencias”.
Además, indicó que se debe “considerar que la tasa de política real es alta a pesar de haberla mantenido inalterada”.
El analista sostuvo que “el Emisor es una de las instituciones que más credibilidad tiene en el país y que es evidente que todas sus gestiones han sido son y seguirán siendo en función del bienestar del país y de los colombianos” y agregó que “no creo que haya expuesto su credibilidad”.
Según explicó, “aplazó el uso de sus herramientas para una coyuntura que puede complicar un poco más la inflación y su convergencia a la meta”.
Finalmente, advirtió que “cuatro meses adelante deberá enfrentar las contingencias del Fenómeno de El Niño que seguramente requerirán de su atención”, lo que, en su opinión, también forma parte del contexto en el que se tomó la decisión.
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Las visiones de los analistas muestran un panorama dividido, en el que coexisten preocupaciones sobre la credibilidad, lecturas sobre presiones políticas, advertencias macroeconómicas y argumentos a favor de una pausa estratégica en medio de la incertidumbre.












