Bloomberg Línea — América Latina y el Caribe alberga a 120 millones de personas en asentamientos informales, mientras la vivienda continúa relegada en la acción climática pese a ser un factor clave para reducir la vulnerabilidad de las familias ante eventos extremos, según un reporte de Hábitat para la Humanidad.
La ONG indica que muchas de estas personas habitan en viviendas expuestas a inundaciones, huracanes, olas de calor, lluvias torrenciales y deslizamientos.
En América Latina y el Caribe, países como Haití, Bolivia, Venezuela y República Dominicana presentan algunas de las mayores proporciones de población urbana viviendo en estas condiciones, mientras que Brasil y México concentran los mayores volúmenes absolutos de personas afectadas.
En Centroamérica, países como Honduras y Guatemala también registran una incidencia significativa en el contexto urbano, explica Hábitat para la Humanidad.
Brasil concentra alrededor de 29,3 millones de personas viviendo en estas condiciones, seguido por México con aproximadamente 17,8 millones y Perú con cerca de 11,4 millones.
En el resto de la región, países como Venezuela (3 millones), Haití (4 millones), Bolivia (2,7 millones) y República Dominicana (1,4 millones) también presentan una carga significativa de población afectada, según estimaciones basadas en cifras del Banco Mundial y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), citadas por Hábitat para la Humanidad.

En conjunto, “estos datos evidencian una combinación de alta concentración en grandes economías y alta incidencia relativa en países más pequeños, lo que exige respuestas diferenciadas en planificación urbana, vivienda y adaptación climática”, dijo a Bloomberg Línea Ernesto Castro García, vicepresidente de Área para América Latina y el Caribe de Hábitat para la Humanidad Internacional.
En la actualidad, la vivienda continúa ocupando “un lugar marginal” en las políticas y los mecanismos internacionales de financiación climática, indicó en un reporte.
Ver más: Déficit de vivienda en Latinoamérica: corregir el rumbo impulsaría la economía regional
Hábitat para la Humanidad elaboró un análisis que abarca 188 planes nacionales de acción climática y encontró que solo 11 países reconocen expresamente los asentamientos informales como una prioridad.
En el mundo, detalló que apenas un 7% de los fondos climáticos se destina a soluciones de vivienda incremental o al mejoramiento de barrios informales.
“La resiliencia no comienza después del desastre. Comienza antes, cuando una familia puede habitar una vivienda ubicada en un lugar seguro, construida para responder a su clima y conectada con los servicios que necesita”, comentó Ernesto Castro García.
“Integrar la vivienda en la acción climática es proteger vidas, patrimonio y posibilidades de desarrollo”, ahondó.
En ese sentido, advirtió que la adaptación no puede limitarse a grandes obras de infraestructura, sino que también debe comenzar en los lugares donde las familias viven y enfrentan diariamente los eventos extremos.
Por ello, ve clave ampliar los recursos para el mejoramiento progresivo de hogares y barrios, fortalecer la planificación territorial y promover normas de construcción que respondan a las amenazas específicas de cada zona.
“En América Latina y el Caribe hablar de adaptación climática sin hablar de vivienda significa dejar fuera de la conversación a millones de familias”, señaló Castro García. “La casa es el primer refugio frente al calor, las lluvias y los desastres, pero todavía no recibe la atención que corresponde en la planificación y el financiamiento climático”, agregó.
Viviendas resilientes

Según la definición de Hábitat para la Humanidad, una vivienda resiliente está diseñada para resistir, recuperarse y adaptarse ante condiciones adversas.
Esto incluye no solo la solidez de la construcción, sino también su ubicación, el acceso al agua y la energía, la capacidad de evacuación, el manejo del entorno, la adecuación cultural y la posibilidad de mantener condiciones habitables durante una emergencia.
Explica que “cuando una vivienda resiste un evento extremo, la familia tiene mayores posibilidades de conservar su patrimonio, permanecer en su comunidad, retomar sus actividades económicas y evitar interrupciones prolongadas en la educación de los niños”.
La ONG señala que el diseño bioclimático puede contribuir a reducir los riesgos al aprovechar las condiciones naturales del entorno -como el sol, los vientos y la vegetación- para mejorar el confort térmico y reducir el uso de energía.
Mediante soluciones adaptables, incluso en viviendas existentes, dice que se puede optimizar la ventilación, disminuir la exposición a temperaturas extremas y prolongar la vida útil de las construcciones.
“Los casos muestran que la resiliencia habitacional no responde a un único modelo. Las soluciones deben adaptarse al clima, la cultura, los materiales disponibles, los riesgos del territorio y las capacidades económicas de cada comunidad”, indicó.
Hábitat para la Humanidad se refirió a ejemplos en países como México, El Salvador, Honduras y Trinidad y Tobago.
En México, destaca el proyecto Lekil’Na (expresión en lengua tzotzil que significa “vivienda sustentable”), que combina criterios ambientales, sociales y culturales en Chiapas.
Cada vivienda incorpora 232 kilogramos de RESIN8, un material elaborado a partir de plásticos no reciclables, y cuenta con certificación EDGE, sistema respaldado por el Grupo Banco Mundial.
En El Salvador, Hábitat para la Humanidad ha desarrollado viviendas bioclimáticas con sistemas de ventilación que permiten la salida del aire caliente y una mejor distribución de la iluminación natural.
Según explicó, estas construcciones han logrado reducir hasta en dos grados centígrados la temperatura dentro de los hogares.
En Honduras, la ONG expuso que viviendas elevadas sobre pilotes, construidas de acuerdo con las condiciones del territorio, resistieron las inundaciones provocadas por los huracanes Eta e Iota aproximadamente una década después de su construcción.
Y en Trinidad y Tobago, un programa en diez comunidades costeras vulnerables capacitó a más de 600 personas y creó un índice de vulnerabilidad y resiliencia para fortalecer la preparación y la respuesta ante emergencias.
Ver más: Precios de vivienda están subiendo más en estos países de Latinoamérica, según Knight Frank













