Elecciones en Perú: Sánchez enfrentaría mayor riesgo de vacancia presidencial que Fujimori

Analistas creen que ningún candidato tendrá mayoría en el próximo Congreso bicameral, pero advierten que la líder de Fuerza Popular partiría con una ventaja clave para bloquear intentos de destitución.

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Congreso de la República del Perú
Por Gonzalo Arcasi

Bloomberg Línea — Un eventual gobierno de Roberto Sánchez enfrentaría mayores riesgos de gobernabilidad que uno de Keiko Fujimori, al ser más vulnerable a intentos de destitución en un Congreso peruano fragmentado y donde ninguna fuerza tendrá mayoría propia, advierten analistas.

La líder de Fuerza Popular partiría con una ventaja clave: una minoría suficiente para bloquear procesos de vacancia en ambas cámaras del futuro Legislativo bicameral.

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Perú se encamina a una segunda vuelta, el próximo 7 de junio, marcada por la incertidumbre política y un escenario legislativo fragmentado. Hasta el cierre de esta nota, con el 98,2% de actas contabilizadas, Keiko Fujimori y Roberto Sánchez lideran la contienda con cerca de 17,1% y 12% de los votos, respectivamente, mientras que Rafael López Aliaga se ubica en tercer lugar con 11,8%.

Este último ha pedido anular los comicios por un supuesto fraude. El proceso aún no está cerrado: 59 de 5.897 actas sobre la elección presidencial -enviadas por la ONPE- siguen pendientes de calificación por parte de los Jurados Electorales Especiales, del Jurado Nacional de Elecciones. Este órgano electoral se encarga resolver inconsistencias, errores materiales o impugnaciones de votos.

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Una primera encuesta de Ipsos anticipa un balotaje ajustado, con ambos candidatos en torno al 38% de intención de voto.

La diferencia central no es solo política, sino aritmética. Con el retorno del Congreso bicameral desde julio de 2026 tras más de 30 años, el proceso de vacancia presidencial exige mayorías calificadas en dos instancias.

Primero, la Cámara de Diputados deberá aprobar la vacancia con al menos 87 votos (dos tercios de 130 legisladores). Luego, el Senado deberá ratificar la decisión con 40 votos (dos tercios de 60 senadores).

Este doble filtro eleva el umbral para destituir a un presidente, pero también hace determinante contar con una minoría suficiente para bloquear cualquiera de las dos votaciones.

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Fujimori: minoría de bloqueo asegurada

En ese escenario, Keiko Fujimori partiría con una ventaja estructural. Según el analista político José Carlos Requena, Fuerza Popular podría alcanzar cerca de un tercio de los escaños en ambas cámaras.

Ese porcentaje no le permitiría gobernar en solitario, pero sí cumplir una función clave: impedir que se alcancen los 87 votos en Diputados o los 40 en el Senado. “Solo no puede gobernar, pero sí puede protegerse”, resume Requena.

El analista Gonzalo Banda coincide en que el fujimorismo tendría los números para evitar que una eventual coalición opositora avance en un proceso de vacancia. En la práctica, esto le otorga a Fujimori un “escudo” político desde el inicio de su eventual gobierno.

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Sánchez: sin capacidad de contención

El escenario es distinto para Roberto Sánchez. Aunque su bancada de Juntos por el Perú tendría presencia relevante, no alcanzaría el umbral necesario para bloquear una vacancia en ninguna de las dos cámaras.

Esto implica que, si se articula una mayoría opositora, el Ejecutivo no tendría cómo frenar el proceso ni en Diputados ni en el Senado. “No es autosostenible”, advierte Requena.

Banda refuerza el diagnóstico: sin un bloque de contención propio, Sánchez dependería de alianzas permanentes no solo para gobernar, sino también para evitar su destitución. “Su presidencia sería bastante más débil”, señala.

En un sistema político donde la vacancia ha sido una herramienta recurrente, esta diferencia marca un punto de partida desigual en términos de estabilidad.

En los últimos seis años, el Poder Legislativo ha destituido a cuatro mandatarios por incapacidad moral: en el 2020, a Martín Vizcarra; en el 2022, a Pedro Castillo; en el 2025, a Dina Boluarte; y a José Jerí en febrero de este año.

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Roberto Sánchez, candidato presidencial en Perú.

Un Congreso dividido y más ideológico

Más allá de esta diferencia, el contexto general será complejo para cualquier presidente. El director ejecutivo de Vox Populi y analista político, Luis Benavente, estima que el Congreso se perfila con una correlación de fuerzas cercana al “50-50” entre bloques ideológicos.

“Las alianzas se van a dar y van a tener un claro corte ideológico: izquierdas versus derechas”, afirma.

Este equilibrio implica que ninguna fuerza podrá imponer su agenda sin negociar, lo que refuerza la importancia de construir mayorías caso por caso.

Alianzas necesarias, pero inestables

En este escenario, la gobernabilidad dependerá de acuerdos puntuales más que de coaliciones estables. Las alianzas se formarían en función de cada iniciativa, desde reformas hasta decisiones clave como el presupuesto.

“Quien esté en el poder tiene más capacidad de seducción”, explica Benavente, en referencia al margen del Ejecutivo para atraer apoyos.

Esa dinámica también implica cierta fragilidad: las mayorías pueden cambiar rápidamente.

El rol bisagra de Buen Gobierno

En un Congreso sin mayorías claras, la bancada de centro será determinante. Buen Gobierno, liderado por el candidato Jorge Nieto Montesinos, se perfila como el principal “fiel de la balanza”, con capacidad para inclinar votaciones clave. “Va a tener un rol de equilibrio político”, señala Benavente.

Banda coincide en que cualquier reforma relevante dependerá de estos votos. “Si uno quiere una reforma importante como economía, salud o trabajo, necesita esos votos”, afirma.

A diferencia de legislaturas anteriores, estas bancadas podrían mostrar mayor cohesión y actuar con criterios más programáticos, lo que les da un peso político adicional.

Sin embargo, no todos los bloques intermedios ofrecen la misma previsibilidad. El Partido Cívico Obras, del candidato Ricardo Belmont, es visto como una de las principales incógnitas del próximo Parlamento.

“Es una incógnita”, resume Banda, al advertir que su comportamiento podría ser decisivo, pero también volátil debido a su heterogeneidad interna: en sus filas lleva cuadros de derecha e izquierda.

Mesa Directiva como primer pulso de poder

La elección de la mesa directiva del Congreso será el primer test de gobernabilidad. Este proceso definirá quién controla la agenda legislativa y marcará el tono de la relación con el Ejecutivo.

“El control de la mesa directiva le da un carácter a la relación entre el Congreso y el gobierno”, señala Benavente, quien advierte que este factor puede fortalecer o debilitar al Ejecutivo desde el inicio.

En esa línea, indica que si el oficialismo logra ese control, el gobierno podría iniciar con mayor margen político. En caso contrario, enfrentaría un escenario más confrontacional desde el arranque.

Por su parte, Requena señala que el esquema bicameral añade una capa adicional de complejidad. “Ahora hay que construir mayorías en dos cámaras”, explica, lo que obliga a una negociación política más sofisticada y constante.

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