Precio del petróleo entre US$110 y US$200: los escenarios de Citi por la guerra en Irán

El banco proyecta un escenario de tensión en el corto plazo con precios que podrían superar los US$110 por barril, mientras advierte que una disrupción prolongada en Medio Oriente elevaría el crudo a niveles históricos.

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Industry In The Permian Basin
18 de marzo, 2026 | 12:42 PM

Bloomberg Línea — El mercado petrolero enfrenta un punto de inflexión en el corto plazo. Las interrupciones en el suministro desde Medio Oriente han alterado las expectativas de precios y han llevado a los analistas a revisar sus escenarios base y extremos con rapidez.

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Las proyecciones de Citi (C) incorporan un cambio en la dinámica de oferta que introduce un sesgo alcista inmediato, aunque mantienen un escenario central de normalización hacia finales de año. El comportamiento de los flujos a través del estrecho de Ormuz se convierte en el eje que define tanto la trayectoria de precios como el riesgo macroeconómico global.

Somos incrementalmente alcistas en el muy corto plazo y vemos que los precios suben a US$110–US$120/barril en el escenario base, con el sesgo de riesgo alrededor de los precios actuales inclinado al alza”, dicen los analistas de Citi. La lectura ve al mercado en una fase de tensión donde el equilibrio depende de factores geopolíticos aún abiertos.

El análisis introduce además un rango de escenarios que abarca desde una moderación progresiva hasta un shock de magnitud histórica, en función de la duración de las disrupciones y de la respuesta de actores clave como Estados Unidos, China y los países de la OCDE.

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Disrupción en Ormuz y presión inmediata

El detonante de este cambio en expectativas radica en la magnitud de la interrupción en los flujos energéticos. Citi estima que la pérdida de suministro en una cifra que, aunque inferior al volumen total que transita por el estrecho de Ormuz, representa un recorte sustancial en el balance global.

“Nuestro caso base actualizado es que los flujos de petróleo se vean interrumpidos durante las próximas 4–6 semanas, hasta mediados o finales de abril, en una magnitud de hasta 11–16mb/d”, dice el informe, lo que configura un escenario de tensión temporal pero intensa en el mercado.

Esta reducción ocurre en un contexto donde la capacidad de desvío es limitada. Las infraestructuras alternativas, como los oleoductos en Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, solo permiten compensar una fracción del volumen afectado, lo que amplifica la presión sobre inventarios y precios.

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El mercado, según el banco, se encuentra en un proceso de descubrimiento del nivel de precios necesario para inducir respuestas políticas y operativas. Citi plantea que “el mercado probablemente suba hasta encontrar el precio o evento de mercado que impulse a Estados Unidos a terminar su operación militar”, lo que introduce un componente de retroalimentación entre precios y decisiones geopolíticas.

La dinámica de inventarios se convierte en otro elemento central. Con niveles iniciales cercanos a 10.700 millones de barriles, equivalentes a unos 103 días de consumo, la persistencia de pérdidas mensuales cercanas a 400 millones de barriles implicaría una reducción acelerada de las reservas globales.

De US$110 a US$200

El rango de proyecciones de Citi refleja la amplitud de posibles trayectorias del mercado. En el escenario base, con una probabilidad del 50%, el Brent alcanzaría niveles de US$110 en el primer trimestre antes de moderarse hacia un rango de US$70–80 al cierre del año.

Buques cisterna atracaron en la terminal Phillips 66 Freeport en Freeport, Texas, EE.UU., el viernes 16 de enero de 2026.

Este escenario supone una desescalada en un horizonte de cuatro a seis semanas, resultado de presión económica global, intervención política o acuerdos implícitos entre las partes involucradas.

Sin embargo, el banco asigna una probabilidad del 30% a un escenario alcista en el que la disrupción se extiende o se intensifica. En ese caso, el informe señala que “nuestro escenario alcista es para que los precios del Brent alcancen US$150/barril, y para que los precios ‘todo incluido’ del crudo y productos alcancen hasta US$180–200/barril a mitad de año”.

Este escenario contempla múltiples vías de escalada, desde ataques a infraestructuras energéticas hasta una interrupción prolongada del estrecho de Ormuz. La combinación de estos factores podría replicar dinámicas observadas en episodios históricos de shocks petroleros.

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El banco también advierte que, si la disrupción se prolonga hasta finales de junio, el mercado podría acercarse a niveles comparables con 2008. En ese contexto, se indica que “se pueden esperar precios de tipo 2008 de US$180–210/barril ‘todo incluido’, basados en relaciones históricas entre inventarios y precios”.

En contraste, el escenario bajista, con una probabilidad del 20%, depende de una resolución rápida del conflicto y la reapertura de rutas clave. Este caso implicaría un retorno del Brent hacia niveles de US$65–70 al cierre del año, aunque Citi reconoce que este desenlace resulta menos probable en el contexto actual.

Presión sobre inflación y crecimiento global

El aumento de los precios energéticos ya tiene efectos medibles sobre la economía global. Citi estima que el costo total del petróleo y sus derivados ha aumentado en cerca de 2% del PIB mundial. “Los costos de crudo y productos a nivel mundial han aumentado en alrededor de US$2,0 billones hasta aproximadamente US$4,6 billones anualizados, desde US$2,6 billones en enero”, lo que refleja la magnitud del shock en curso.

Oil seeps into the ground from an abandoned leaky well near Imperial, Texas, US, on Sunday, Aug. 24, 2025. The problem of too much wastewater is spreading across America’s biggest oil field, posing a pressing threat to a basin that has grown into a cornerstone of global markets and is critical to President Donald Trump’s push for energy dominance. Photographer: Mark Felix/Bloomberg

En Estados Unidos, el impacto también resulta significativo. El gasto en energía ha aumentado en torno a 1,2% del PIB, lo que implica un incremento cercano a US$400.000 millones en términos anualizados. Este aumento se traduce en presiones directas sobre los consumidores, especialmente a través de los precios de combustibles.

Las proyecciones de Citi apuntan a que los precios minoristas de la gasolina podrían alcanzar entre US$3,9 y US$4,0 por galón, mientras que el diésel se ubicaría entre US$5,0 y US$5,2 por galón. Este ajuste refleja no solo el encarecimiento del crudo, sino también el aumento en las primas de productos refinados.

El banco enfatiza que el impacto sobre los consumidores va más allá del precio del crudo. En este sentido, señala que “el crudo no se consume, se refina en productos como gasolina, diésel y combustible de aviación, y luego se consume”, lo que explica por qué los costos finales superan el incremento observado en los precios del WTI.

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El mercado de combustible de aviación emerge como uno de los segmentos más afectados, con precios que superan niveles observados durante el conflicto entre Rusia y Ucrania. Este comportamiento refleja restricciones tanto en la oferta de crudo como en la capacidad de refinación.

La evolución de los precios energéticos también introduce riesgos sobre la política económica. El aumento de costos podría influir en decisiones de bancos centrales, así como en la dinámica de inflación y crecimiento en las principales economías.

Citi sugiere que uno de los canales de ajuste podría provenir de la presión política interna en Estados Unidos. El encarecimiento de la energía podría modificar las posiciones de negociación y acelerar una eventual desescalada, aunque no existe certeza sobre el momento en que esto ocurriría.

citi

Al mismo tiempo, el rol de actores internacionales como China permanece incierto. El banco considera que una intervención de Beijing podría contribuir a una solución, aunque no forma parte del escenario base.

En suma, el mercado petrolero se encuentra en una fase donde la interacción entre geopolítica, oferta física e inventarios define una estructura de precios con alta volatilidad. La trayectoria final dependerá de la duración de las disrupciones y de la capacidad de los actores globales para restablecer los flujos en el corto plazo.

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