Bloomberg — Los estadounidenses ya enfrentan un aumento de los precios en las estaciones de servicio. Ahora, otra ola inflacionaria se dirige hacia los supermercados.
Una combinación de factores, incluidos el mal clima, los aranceles y una baja en las cabezas de ganado, ya está impulsando los precios de los alimentos a un ritmo superior al promedio. En abril, registraron el mayor aumento en casi cuatro años, y economistas dicen que el impacto de la guerra con Irán y un posible fenómeno climático de El Niño añadirían más presión hasta 2027.
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El impacto sobre las finanzas de los hogares estadounidenses por el aumento de las cuentas del supermercado amenaza con intensificarse justo antes de las elecciones legislativas de noviembre, reforzando el costo de vida como un tema central. Y, más que el alza de los precios de la gasolina, este shock alimentario, más lento pero persistente, será difícil de revertir rápidamente, ya que el tamaño de las cosechas de otoño depende de decisiones de siembra tomadas en primavera.
“Va a ser un año complicado”, dijo Ricky Volpe, profesor de agronegocios en la Universidad Politécnica Estatal de California y exfuncionario del Servicio de Investigación Económica del Departamento de Agricultura de EE.UU. “Los alimentos serán menos accesibles económicamente y los consumidores deberían prepararse para eso”.
La última proyección de precios de alimentos del USDA, publicada el viernes, estimó un avance de 3,2% en los precios de los alimentos este año, mientras que Volpe dijo esperar una inflación más cercana a entre 4% y 4,5%.
James Giese, de Madison, Wisconsin, dijo que vive solo, pero está haciendo ajustes frente al aumento de los precios de los alimentos, como reducir la compra de comidas preparadas y carne. Giese, de 62 años, incluso intenta cultivar papas en el patio de su casa para complementar su presupuesto alimentario.
“Estoy muy preocupado”, dijo. “Probablemente me consideren de ingresos medios, pero ya se está sintiendo”.
Los fuertes aumentos de precios registrados hasta ahora en 2026 reflejan una mezcla de mala suerte, política comercial y presiones de más largo plazo vinculadas al cambio climático. El clima, en particular, no ha sido favorable para los agricultores estadounidenses, que han soportado olas de calor récord, frío extremo, granizo del tamaño de pelotas de ping-pong e incendios forestales.
EE.UU. registró el inicio de año más cálido de su historia, con temperaturas cerca de 3°C por encima del promedio hasta finales de abril, según los Centros Nacionales de Información Ambiental. El calor temprano provocó que algunos cultivos nacionales comenzaran a florecer semanas antes de lo habitual, en lugar de permanecer inactivos durante el invierno, dejándolos expuestos a heladas posteriores, según Brad Rippey, meteorólogo del USDA.
Los precios de la carne vacuna, uno de los temas más sensibles políticamente en EE.UU., alcanzaron un récord en abril luego que el número de cabezas de ganado cayera a su menor nivel en 75 años, afectado por la sequía y los elevados costos de producción.
Los precios del tomate, por su parte, se dispararon 33% en los últimos dos meses después de que dos tormentas invernales provocaran daños generalizados en plena temporada de cultivo en Florida, mientras los envíos desde México disminuían tras la imposición de aranceles por parte de la administración Trump a las importaciones.
El calor y la sequía en el oeste y centro de EE.UU. anticipan más presiones por venir. California representa casi la mitad de los ingresos anuales por vegetales y tres cuartas partes de los ingresos por frutas y frutos secos del país, y la reducción de nieve acumulada en la Sierra Nevada este año, a apenas 23% de los niveles habituales a mediados de abril, ha generado preocupación sobre el suministro de agua para riego.
La sequía también se ha expandido por el cinturón agrícola del país, donde cultivos básicos de trigo utilizados para producir harina o pasta se han deteriorado por la falta de lluvias. Al 19 de mayo, el 70% de la producción estadounidense de trigo de invierno estaba en zonas afectadas por sequía, junto con el 25% de la producción de maíz, según el Centro Nacional de Mitigación de Sequías de la Universidad de Nebraska-Lincoln.
Y ahora los pronosticadores dicen que es probable que un patrón climático de El Niño emerja en agosto, con crecientes probabilidades de un evento inusualmente fuerte que persista hasta 2027 y eleve aún más las temperaturas promedio globales. El Niño suele llevar más lluvias a California, pero también ha provocado sequías fuera de EE.UU. en importantes regiones productoras de arroz, café, cacao y otros cultivos.
A eso se suma la guerra, que ha provocado un fuerte shock en los mercados globales de fertilizantes debido al papel de Medio Oriente como importante proveedor de insumos.
Los precios de los fertilizantes han subido 20% desde el inicio de la guerra, según un índice de Green Markets para Norteamérica. Eso probablemente se traducirá en precios más altos al momento de la cosecha y, si los agricultores deciden reducir el uso de fertilizantes, los cultivos también quedarán menos preparados para resistir calor, sequías o inundaciones.
El mayor costo del combustible también terminará trasladándose a los precios en las góndolas, ya que agricultores y transportistas pagan más por el diésel para operar tractores y camiones, mientras los envases plásticos derivados del petróleo se vuelven más caros.
Las grandes cadenas de supermercados han intentado contener las alzas. El CEO de Kroger dijo que la compañía planea impulsar recortes de precios para competir con mayor agresividad contra Walmart, que ha ampliado sus esfuerzos para mantener precios bajos durante el último año.
Los consumidores ya están agotados porque los precios siguen aumentando incluso aunque la inflación alimentaria se haya moderado, dijo Andrew Harig, vicepresidente de la Asociación de la Industria Alimentaria.
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Al mismo tiempo, la deuda de los hogares está aumentando, la tasa de ahorro personal está cayendo y los ingresos reales promedio por hora retrocedieron en los 12 meses hasta abril por primera vez en tres años. La Reserva Federal de Nueva York publicó el miércoles datos que muestran un aumento “significativo” en los indicadores de inseguridad alimentaria entre octubre de 2025 y febrero de 2026.
“Muchas personas todavía miran su cuenta del supermercado antes del Covid en 2019 o principios de 2020 y dicen: ‘Estoy pagando muchísimo más’”, afirmó Harig. “Y están sintiendo esa presión”.
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