Milei seduce a Wall Street, pero los argentinos siguen prefiriendo “el colchón”

Suben los depósitos y el Gobierno impulsa el regreso de ahorros al sistema, pero persisten la memoria del corralito y las dudas sobre la estabilidad de largo plazo, en un contexto electoral que condiciona decisiones.

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Por David Feliba

Bloomberg — Te sorprendería lo húmedos y malolientes que pueden llegar a estar los billetes de dólar cuando llevan años guardados debajo de un colchón, dice Alejandro Lamas. A lo largo del tiempo ha recibido tantos fajos de argentinos a los que les vendió autos usados que se ha vuelto casi un experto: si le pasan un billete falso, lo detecta al primer contacto.

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Es una habilidad tan importante hoy como lo era hace cuatro décadas, cuando vendió su primer coche en Buenos Aires, y todo indica que lo seguirá siendo en el futuro cercano. La última iniciativa del presidente Javier Milei para convencer a los ahorristas de depositar su dinero en cuentas en dólares aún no logra despegar, lo que pone de relieve la desconfianza que todavía sienten los argentinos hacia el gobierno y el sistema financiero.

Casi 25 años después de una crisis financiera que llevó al gobierno a convertir forzosamente depósitos en dólares a pesos, que rápidamente perdieron el 75% de su valor, los intentos por recuperar la confianza apenas han tenido efecto. Por eso, cuando los argentinos quieren ahorrar dinero para emergencias o para pagar algo costoso, compran dólares. Y muchos los guardan en efectivo.

Hay gente que sigue teniendo miedo”, dijo Lamas en su concesionaria, donde un Toyota Corolla Cross casi nuevo estaba a la venta por unos US$30.000. “Los gobiernos en Argentina se dedicaron a hacer cualquier cosa durante años. ¿Cómo no vas a perder la confianza?

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Las autoridades estiman que hay unos US$170.000 millones fuera del sistema bancario. Desbloquear tan solo una fracción de ese monto y ponerlo a trabajar en el sistema financiero formal podría ayudar a reactivar la segunda mayor economía de Sudamérica y generar el crecimiento que Milei prometió como recompensa por soportar duras medidas de ajuste tras años de gasto financiado con deuda.

Aunque Wall Street ha respaldado a Milei —premiando su disciplina fiscal con compras de bonos y otros activos—, un nuevo conjunto de incentivos llamado “Inocencia Fiscal” no ha logrado hasta ahora provocar un cambio significativo entre los ahorristas. Los depósitos en dólares han aumentado en menos de US$1.000 millones desde su lanzamiento en febrero.

El programa busca incentivar a los argentinos a reincorporar al sistema ahorros no declarados, flexibilizando los requisitos de declaración y reduciendo significativamente el riesgo de ser investigados por las autoridades fiscales. A quienes depositen ahorros en dólares “no se les pedirán explicaciones”, aseguró a comienzos de este año la agencia tributaria.

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La demanda de dólares sigue siendo fuerte. Los argentinos compran alrededor de US$2.000 millones en moneda extranjera cada mes, una cifra que puede dispararse a más de US$6.000 millones en períodos de tensión política, como las elecciones. Las autoridades estiman que cerca del 10% de estas compras se mantiene en efectivo, oculto en casas o en cajas de seguridad, o se envía al exterior.

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Inocencia Fiscal es una ley revolucionaria, pero vos no le podés imponer las cosas por la fuerza a la gente”, señaló Milei en una entrevista reciente, dejando entrever cierta frustración. Ante consultas, un portavoz del Ministerio de Economía apuntó a datos que muestran que los depósitos en dólares están en su nivel más alto al menos desde 2001.

La cultura de atesoramiento en Argentina está tan arraigada que tiene sus propias particularidades. Los billetes de 100 dólares antiguos se conocen como “cara chica”, por el retrato más pequeño de Benjamin Franklin en una serie que dejó de emitirse hace unos 30 años. Suelen cotizar con un leve descuento frente a los billetes más nuevos, llamados “cara grande”, en el mercado informal, que funciona en esquinas, locales comerciales y trastiendas en zonas como la calle Florida en Buenos Aires.

Los comerciantes locales están acostumbrados a manejar ese efectivo, especialmente los que venden artículos de alto valor, donde es más probable que los clientes utilicen dólares.

Los comerciantes argentinos conocen más cuáles son los dólares falsos que los propios norteamericanos”, afirma Lamas. A menudo, explicó, todo se reduce al tacto: pasar los dedos por los billetes para comprobar el papel, una sensibilidad perfeccionada tras años de manejar billetes gastados. “Es una habilidad que se adquiere muy rápido acá. Por más que el billete esté viejo y gastado, te das cuenta”.

Marcelo Capobianco, un carnicero de un barrio de clase trabajadora en las afueras de Buenos Aires y partidario de Milei, dice que el dólar siempre le ha servido de salvavidas financiero, especialmente en épocas de tensión política.

“El año pasado, con las primeras elecciones que gana nuevamente la oposición, la gente tuvo miedo y salieron nuevamente con los pesos a comprar dólares”, señaló. “Al desvalorizarse tu dinero, todos corremos al dólar. Acá no hay nadie que ahorra en pesos. El que lo hace, está fuera de juego”.

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La desconfianza de los argentinos hacia los bancos tiene su origen en la crisis financiera de 2001, cuando el gobierno, desesperado por mantener los dólares en la economía, impuso el llamado “corralito”, que convertía los depósitos en dólares y limitaba los retiros de efectivo. Los años siguientes trajeron consigo repetidas crisis cambiarias, picos de inflación y turbulencia política, lo que reforzó el hábito de ahorrar fuera del sistema financiero y comprar dólares como protección frente a la devaluación. El banco central permite una depreciación gradual de la moneda, que ha perdido un 99% de su valor en la última década.

Aun así, el ministro de Economía, Luis Caputo, ha insistido en que ahora las cosas son diferentes, instando a los argentinos a ingresar sus ahorros al sistema formal. Lo plantea como una situación en la que todos ganan: Argentina puede impulsar la actividad económica mientras los ahorristas obtienen rendimientos por el dinero que, de otro modo, estaría guardado en sus casas.

“Mucha gente guarda su dinero en casa, perdiendo valor, cuando podría llevarlo al banco”, dijo Caputo en una entrevista televisiva este mes. El temor a que vuelva un gobierno que gasta sin control, agregó, es lo que frena a muchos, especialmente con las elecciones presidenciales previstas para 2027.

El estatal Banco Nación también se ha sumado a la campaña, empleando una dosis de humor. Con el slogan “Aliviá tu colchón”, la entidad lanzó anuncios en los que aparecen colchones desgastados quejándose de que no pueden dormir porque están “llenos” de las preocupaciones de sus dueños.

Cabe señalar que la confianza bajo la administración de Milei es la más alta de cualquier gobierno en décadas. Los depósitos en dólares en el sistema bancario han subido a casi US$40.000 millones.

Los dólares que ingresan por Inocencia Fiscal todavía lo hacen a cuentagotas”, dijo Adrián Yarde Buller, economista jefe de Facimex Valores. “El potencial es enorme considerando la magnitud de los activos que tienen los argentinos fuera del sistema, pero creo que se necesita más que esta ley para que eso ocurra. Necesitas recrear la confianza en las instituciones, y eso es algo que lleva mucho tiempo”.

Lamas dice que está de acuerdo con el mensaje del gobierno de que es seguro ahorrar en los bancos. Él deposita las ganancias de su negocio. Pero sabe que, para mucha gente, el trauma de viejas heridas sigue presente.

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“Hoy son 25 años desde el corralito de 2001, y la gente todavía lo seguimos recordando”, señaló Lamas. “Cincuenta años de derrotero hicieron que la gente se forme de esta manera. Va a tomar otros 50 años de hacer las cosas bien para que se olviden de esto”.

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