¿Knockout a la izquierda? Perú y Colombia podrían acelerar el giro político regional

La mano dura contra el crimen, la motosierra para reducir la burocracia y la expulsión de migrantes irregulares, entre otros temas de su agenda política, explican al avance de la derecha en la región. Expertos ahondan en el tema.

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Keiko Fujimori en Perú y Abelardo De la Espriella en Colombia, los candidatos presidenciales que, de vencer en la segunda vuelta en sus países, ayudarían a esta corriente política a afianzarse en Latinoamérica. Fotos: Bloomberg

Bloomberg Línea — Una posible victoria de Keiko Fujimori en la segunda vuelta presidencial de Perú, el próximo 7 de junio, y de Abelardo De la Espriella en Colombia, el 21 de junio, dejaría a la izquierda latinoamericana a un golpe del knockout, a falta de lo que suceda en las elecciones generales de Brasil, el 4 de octubre.

No es una exageración. La izquierda perdió en los comicios presidenciales de Costa Rica, Honduras, Chile, Bolivia y Ecuador en cuestión de 14 meses.

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Cayó ante una matizada derecha política que convenció a los electores replicando, más en unos países que en otros, el discurso bukeleano de mano dura contra la criminalidad en El Salvador, la motosierra de Milei para reducir la burocracia estatal en la Argentina y la expulsión de migrantes indocumentados al estilo de Trump en Estados Unidos. A ello se suma la promoción del libre mercado y la desregulación económica.

Perú y Colombia podrían seguir los mismos pasos, aunque el panorama todavía no es tan claro.

“Muchos peruanos sienten que ni Keiko Fujimori [derecha] ni Roberto Sánchez [izquierda] son sus candidatos y probablemente van a terminar inclinándose por alguno más por miedo de que gane el otro que por convicción propia. Por un lado, se habla de no permitir el comunismo; por otro, de impedir que regrese la dictadura”, dice Javier Albán, profesor e investigador de la Universidad del Pacífico en Perú.

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En el último simulacro electoral, la diferencia entre Fujimori y Sánchez era estrecha e inferior al voto blanco y nulo. De ahí la dificultad de vaticinar quién vencerá en las urnas.

A Keiko Fujimori le suma y le resta apoyo ser hija de Alberto Fujimori, el controvertido político que gobernó Perú de 1990 al 2000 y se convirtió en el primer expresidente latinoamericano condenado por crímenes de lesa humanidad.

A Sánchez le agrega y le quita respaldo su defensa al expresidente Pedro Castillo, condenado por conspiración en el contexto del denominado autogolpe de Estado de diciembre de 2022, a quien llegó a ofrecer un indulto.

Roberto Sanchez and Keiko Fujimori Photographer: Angela Ponce, Sebastian Castaneda/Bloomberg

Albán asegura que un fenómeno en Latinoamérica es la demanda de líderes de nuevas derechas, con las que Fujimori es afín, pero que representaba en mayor medida el candidato Rafael López Aliaga, perdedor en primera vuelta.

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“Quienes hoy apoyan a estas nuevas derechas me recuerdan mucho a quienes en 2008-2009 apoyaban a Hugo Chávez, porque ciegamente respaldan a proyectos que no prometen algo democrático, sino mano dura y concentración de poder”, analiza el experto.

En Colombia, el candidato de extrema derecha, De la Espriella, sorprendió el pasado domingo al superar al candidato de izquierda, Iván Cepeda, quien lideraba la intención de voto entre 13 aspirantes inscritos a la presidencia, según todas las encuestas. No obstante, hay expectativa en torno a lo que ocurra en la segunda vuelta.

Al igual que en Perú, un sinnúmero de ciudadanos, como los de centro político, podrían votar por un candidato por miedo a que gane el otro y no por certeza.

Manuel Camilo González, politólogo y profesor de relaciones internacionales en la Universidad Javeriana en Colombia, dice que a la izquierda en la región la ha debilitado el manejo de la economía y la inseguridad, coyuntura aprovechada por la derecha como figura de oposición, en especial en el caso colombiano.

“La derecha también comienza a reenfocar temas sociales y morales viejos que la distancian de la izquierda, como los derechos reproductivos y sexuales y de las minorías. Ello hace un caldo de cultivo para que, de manera oportuna y gracias a ese timing de ver a la izquierda como establecimiento, produzca una movilización electoral llamativa”, comenta González.

De la Espriella defiende la familia tradicional y se opone a la adopción por parte de parejas del mismo sexo. Y pese a que antes se consideraba ateo, en campaña aseguró haber encontrado a Dios, recuperando principios del conservadurismo.

Autodenominado ‘Tigre’, como el ‘León’ Milei en Argentina, De la Espriella es un reconocido abogado que asesoró a Alex Saab, señalado por Estados Unidos como testaferro de Nicolás Maduro, y David Murcia Guzmán, el creador de una pirámide financiera que estafó a miles de colombianos, DMG.

Cepeda, su contendiente político, ha defendido los diálogos de paz con grupos armados ilegales en pleno recrudecimiento de la violencia en Colombia y puesto sobre la mesa la posibilidad de convocar a una Asamblea Constituyente durante su Gobierno, como también lo propuso Gustavo Petro.

Abelardo De la Espriella e Iván Cepeda se enfrentarán en la segunda vuelta de las elecciones en Colombia el 21 de junio.

González coincide con Albán en que las nuevas derechas, con ciertas salvedades, buscan la concentración del poder, poniendo en riesgo a la democracia.

“Estas derechas asumen que ganar las elecciones es un cheque en blanco y eso termina rozando, en algunos casos, con la idea del autoritarismo, como sucede en El Salvador”, expone González.

La derecha gana, ¿pero se desgasta pronto?

Santiago Carranco, decano de la Escuela de Relaciones Internacionales del Instituto de Altos Estudios Nacionales del Ecuador, dice que el ascenso de las nuevas derechas no debe sorprender a nadie.

“Hace algunos años, justo en nuestros países, la gente ya no está 100% de acuerdo con la democracia”, opina Carranco. “La gente prefiere un político o un modelo de gobierno que le solucione sus problemas de forma rápida e inmediata frente a instituciones clásicas democráticas”.

El experto plantea que, si bien las soluciones rápidas de la nueva derecha comienzan con mucha fuerza, como las reformas de Javier Milei para desregular la economía en Argentina o los estados de excepción de Daniel Noboa para contener la criminalidad en Ecuador —siguiendo los pasos de Bukele—, no necesariamente son sostenibles en el tiempo.

“En su primer año, Noboa no tuvo ni siquiera un desgaste natural, pero en el último tiempo su desgaste ha sido masivo y la población está sintiendo que sus políticas no les están dando las soluciones prometidas (...). Las medidas de seguridad han aumentado las cifras relativas a la violencia, no las han disminuido”, argumenta Carranco.

Milei y Noboa, que llegaron a ser los mandatarios sudamericanos más populares hace un año, hoy apenas superan a los mandatarios interinos de Venezuela, Delcy Rodríguez, y Perú, José María Balcazar, según una encuesta adelantada por la consultora CB Global Data.

Daniel Noboa, presidente de Ecuador

Muestra de cómo se pueden desgastar los presidentes de la nueva ola de derecha es el boliviano Rodrigo Paz, con todo y que sus posturas políticas son más de centro que las de Noboa, Milei o Bukele.

“Paz fue elegido como presidente [en octubre de 2025] por quienes no querían votar por la izquierda, pero tampoco por la derecha tradicional, y por un cierto apelativo al elector periférico, al indígena, que se sentía menos cómodo con los otros candidatos y tenía un cierto canal de representación con su fórmula vicepresidencial, Edman Lara”, dice el abogado y analista político Gonzalo Mendieta.

Pese al respaldo que obtuvo en las urnas, Paz afronta movilizaciones de sectores sociales que le exigen renunciar a la presidencia y bloqueos que amenazan con una crisis humanitaria en La Paz y El Alto, siete meses después de haber sido escogido como mandatario.

Rodrigo Paz Photographer: Marcelo Perez del Carpio/Bloomberg

“Hay mucha gente que ya reclama la declaratoria de estado de excepción; ya son 34 días de movilización y los bloqueos han crecido”, agrega Mendieta. “El presidente y el gabinete han apostado a una batalla de desgaste y no les ha salido bien; entonces, cada vez se les ven más reducidas las opciones”.

Bukele, ¿la excepción a la norma en la región?

Bukele es el presidente de derecha que ahora mismo está a salvo del desgaste que han padecido otros mandatarios de similar ideología, en buena medida porque su denominada “guerra contra las pandillas” disminuyó los indicadores de violencia en El Salvador, haciéndolo un país más seguro, aunque ha sido cuestionado por la violación de derechos humanos por parte de la CIDH.

Tanta es la popularidad de Bukele, no solo en su país, sino en la región, que ciudadanos en Chile, por ejemplo, literalmente clamaron por líderes como él previo a las pasadas elecciones presidenciales.

“Esto me parece interesante y preocupante al mismo tiempo: durante unas protestas al norte del país, aparecieron pancartas diciendo: ‘Chile necesita un Bukele’. Y uno observa en redes sociales que la demanda de una persona que se atreva a tomar las decisiones de Bukele ha ido creciendo entre la población”, comentó a este medio en la antesala de los comicios presidenciales Rodrigo Pérez de Arce, analista chileno e investigador doctoral en derecho de la Universidad de Birmingham.

Ceremonia de inauguración en el Palacio Nacional en San Salvador, El Salvador.

El vencedor de esas elecciones, José Antonio Kast, representa a la extrema derecha chilena. Ganó proponiendo la disminución de impuestos a las empresas, la expulsión de los migrantes irregulares y la construcción de megacárceles —como plantean Fujimori en Perú y De la Espriella en Colombia—.

Albán, el académico peruano, observa que lo hecho por Bukele en El Salvador, que es difícil de replicar en los países andinos, parece una suerte de “profecía cumplida” de que “la mano dura” contra la criminalidad, prometida desde siempre por caudillistas, “sí puede funcionar”. Por tanto, su éxito.

Para el colombiano González, Bukele también trazó el camino de cómo llegar a ser exitoso electoralmente.

“Bukele puso de precedente lanzarse como candidato independiente, incluso rozando la línea de ser maverick, es decir, salirse de los partidos tradicionales, destruirlos por dentro y reclamar esa estructura para sí mismo y bajo su control”.

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