Bloomberg Línea — El dólar vuelve a quedar bajo presión mientras Wall Street dirige la mirada al mercado de bonos de EE.UU. El repunte de los rendimientos de largo plazo, lejos de impulsar a la divisa, ha reactivado las dudas fiscales y una operación de debasement que vuelve a ganar espacio entre los inversionistas.
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La presión se ha intensificado desde finales de julio. BBVA atribuye el movimiento a la intervención conjunta de EE.UU. y Japón para apoyar al yen, datos macroeconómicos más débiles y renovados temores fiscales, a los que se sumó la decisión del Tesoro de duplicar las recompras previstas de deuda estadounidense de largo plazo.
El dólar repunta ligeramente este lunes, aunque el avance no revierte la presión que ha marcado su comportamiento reciente. La divisa estadounidense viene de registrar la semana pasada su mayor caída semanal de agosto.
El índice DXY perdió 0,87% durante ese periodo. El anuncio de Scott Bessent la semana pasada tuvo un efecto breve sobre los rendimientos, que volvieron a subir, mientras el dólar registró una fuerte venta. BBVA considera que los esfuerzos del secretario del Tesoro por contener los costos de endeudamiento tienen como consecuencia un dólar más débil, con la desdolarización y las salidas de capital como lastres.

Derek Halpenny, analista del Mitsubishi UFJ Financial Group, advierte que “aunque no esperamos una repetición de las ventas de dólares de enero, existen riesgos de que el sentimiento se deteriore aún más”. El estratega observa riesgos inclinados a la baja para la moneda estadounidense ante una semana marcada por el Tesoro, la Fed y la política hacia Irán.
¿Por qué el dólar cae en agosto?
El llamado debasement trade ha vuelto al radar del mercado. La operación refleja una menor disposición de los inversionistas a mantener exposición al dólar y a activos estadounidenses cuando aumentan las dudas sobre la política fiscal, la deuda pública y las medidas para contener los costos de financiamiento.
MUFG observa que el término ha ganado presencia mientras los inversionistas esperan nuevas medidas del Tesoro para contener los rendimientos de largo plazo. ING también identifica apuestas por pérdidas más pronunciadas del dólar ante el regreso de esta operación, aunque su escenario favorece una depreciación más moderada y asociada al apetito por riesgo.
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La atención se concentra en el tramo largo de la curva de la deuda estadounidense. Bessent anticipó posibles anuncios de consolidación fiscal, aunque ING y MUFG dudan de que Washington presente ajustes sustanciales. El Tesoro afrontará además una subasta de US$44.000 millones en bonos a siete años, una nueva prueba para la demanda de deuda estadounidense.
Para los analistas, la presión en el mercado de bonos no implica necesariamente un dólar más fuerte. Felipe Barragán, senior research strategist de Pepperstone, explica que si los rendimientos suben porque el mercado exige mayor compensación por el riesgo fiscal o cuestiona la sostenibilidad de la deuda, el efecto puede ser negativo para la moneda al erosionar la confianza en el activo de referencia global.
Los datos económicos añaden presión sobre la divisa. BBVA destaca que las cifras laborales, las ventas minoristas y la producción industrial han enfriado las expectativas de un endurecimiento inmediato de la Fed. Tras estar totalmente descontada a finales de julio, la probabilidad de una subida de tasas en septiembre se redujo a cerca de 35%, lo que le quita base a un fortalecimiento del billete verde.

Las apuestas acumuladas a favor del dólar también pueden profundizar su caída a medida que se desmontan. Según BBVA, estas posiciones alcanzaron máximos históricos en julio y, pese a su reducción durante las últimas cuatro semanas, todavía existe margen para nuevos ajustes.
La inflación PCE y el discurso de Kevin Warsh en Jackson Hole serán otras referencias. Chris Turner, analista de ING, considera que el presidente de la Fed tendrá que reafirmar las credenciales de lucha contra la inflación, mientras MUFG ve el riesgo de nuevas ventas de bonos si no aparecen medidas fiscales creíbles y Warsh mantiene su comunicación actual.
El riesgo geopolítico puede romper esa dinámica. Las nuevas medidas de EE.UU. contra Irán podrían elevar el petróleo y generar tensiones con China, principal comprador del crudo iraní. Halpenny sostiene que, si las acciones son percibidas como severas y creíbles, el petróleo repuntaría y “el dólar inicialmente, al menos, se fortalecería”.
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América Latina encuentra respaldo en el carry
La debilidad del dólar abre espacio para las divisas latinoamericanas, pero el movimiento no es uniforme. BBVA sostiene que el apetito por el riesgo, la menor volatilidad, los altos precios del oro, plata, cobre y petróleo, junto con el atractivo del carry, mantienen el respaldo a la región en el corto plazo.
La diversificación también ha ganado peso tras las últimas medidas del Tesoro estadounidense. El índice del dólar avanza apenas 0,6% en 2026, mientras el real brasileño (USDBRL) se aprecia 6,3%, el peso mexicano (USDMXN) 6,22% y el peso colombiano (USDCOP) 24,3%.
El contraste aparece en las monedas con menor carry. Jonathan Fortun, economista senior del IIF, señala que el peso chileno (USDCLP) cae y el sol peruano (USDPEN) permanece plano, con diferenciales de 75 y 50 puntos básicos sobre los fondos federales. En cambio, Brasil ofrece 10,25 puntos y Colombia 8,25 puntos, una brecha que ha marcado diferencias dentro de la región.

“El carry no sostuvo a la región en bloque, sostuvo a quienes lo tenían”, afirma Fortun. El peso colombiano lidera la apreciación regional y prueba máximos de siete años, según BBVA, apoyado por su atractivo como alternativa de carry y por las expectativas asociadas a una mayor emisión de divisas extranjeras.
Brasil presenta otra trayectoria. Tras acercarse a BRL$5,25 por dólar, el tipo de cambio retrocedió por debajo de su media móvil de 200 días. BBVA vincula la pausa en la depreciación con una inflación menor y nuevas encuestas electorales, aunque identifica la zona de BRL$5,10 como posible soporte conforme se aproxima la votación de octubre.
El soporte regional, sin embargo, depende de que la debilidad del dólar no dé paso a una búsqueda global de refugio. Barragán advierte que una fuga hacia activos seguros combinaría salidas de capital, presión cambiaria y mayores costos de financiamiento. Los bonos de EE.UU., la política fiscal, el petróleo y la Fed marcarán hasta dónde puede extenderse el actual equilibrio.













