Magnate petrolero de Texas sorprende como el postor de una empresa minera de níquel en Cuba

Albert Huddleston busca adquirir una empresa canadiense dedicada a producir níquel y cobalto, considerada uno de los principales inversionistas extranjeros en Cuba.

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Albert Huddleston. Foto: Gavin John/Bloomberg
Por Sybilla Gross - Paula Sambo

Bloomberg — Otro multimillonario tejano está intentando quedarse con un atribulado productor canadiense de níquel y cobalto que se encuentra entre los principales inversionistas extranjeros en Cuba.

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Albert Huddleston, quien recientemente vendió activos familiares de shale por US$5.200 millones, es un inversionista clave en una propuesta presentada por Glencore Plc, entre otros, para tomar el control de Sherritt International Corp., según personas familiarizadas con el asunto.

El consorcio hizo pública su oferta este mes sin identificar a su socio estadounidense y ofrece una alternativa a una propuesta anterior por Sherritt presentada por un multimillonario y exasesor del presidente Donald Trump. Chota Capital LLC, la oficina de inversión familiar de Huddleston, es el inversionista cuyo nombre no había sido revelado, señalaron las fuentes, que pidieron no ser identificadas por tratarse de asuntos privados.

Un portavoz externo de Chota no hizo comentarios de inmediato.

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Sherritt mantiene conversaciones exclusivas con Gillon Capital LLC, la oficina de inversión familiar en Dallas del ejecutivo inmobiliario Ray Washburne, quien surgió como un posible salvador en mayo después de que el presidente estadounidense ampliara las sanciones para alcanzar a casi cualquier empresa extranjera que haga negocios en Cuba. Kyma Capital Ltd., el mayor acreedor de la minera, forma parte del consorcio de Glencore y está impugnando a Sherritt ante los tribunales, exigiendo una votación de los accionistas antes de que termine el período de exclusividad con Gillon.

Ambas propuestas sacarían de manos canadienses a Sherritt, con sede en Toronto, que ha extraído minerales en Cuba desde la década de 1990 y posee una de las únicas refinerías de cobalto de Norteamérica, ubicada en Alberta, mientras Estados Unidos intensifica agresivamente la presión sobre la isla gobernada por el Partido Comunista con la esperanza de provocar cambios económicos y políticos.

El consorcio, que también incluye a Trifon Natsis, cofundador de Brevan Howard, y presentó su oferta en junio, ofrecería capital fresco a Sherritt a cambio de al menos el 55% de la compañía sobre una base totalmente diluida. Un grupo de tenedores de bonos pidió al directorio que considere la oferta encabezada por Glencore junto con la propuesta de Washburne, a quien Trump nombró responsable de la Overseas Private Investment Corporation durante su primer mandato.

Dos multimillonarios de Texas compiten por el control de la empresa minera canadiense en dificultades.

Las acciones de Sherritt recibieron un impulso por la oferta rival y llegaron a cotizar esta semana a 48 centavos canadienses, frente a un mínimo de 13 centavos a comienzos de mes. Los títulos volvieron a desplomarse el jueves y cerraron en 28 centavos. Considerada alguna vez un barómetro de las perspectivas económicas de Cuba, la compañía es hoy una sombra de lo que fue. Su valor de mercado, de 193,6 millones de dólares canadienses (US$140,4 millones), ha caído más del 95% desde el máximo de 4.800 millones de dólares canadienses alcanzado en 2008.

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Kyma, con sede en Londres, que posee la mayor parte de los bonos en circulación de Sherritt y alrededor del 15% de sus acciones, intentó forzar una junta extraordinaria de accionistas antes de que expire en octubre el período de cinco meses de exclusividad con Gillon y busca reemplazar a Peter Hancock como presidente del directorio. Sherritt, que programó su junta anual para el 15 de diciembre, rechazó a finales de julio la solicitud de Kyma de celebrar una junta extraordinaria.

Esta semana, Kyma anunció que está solicitando medidas al Tribunal Superior de Justicia de Ontario. Sherritt, por su parte, afirmó que el tribunal señaló que no podía obligar a celebrar una junta de accionistas y advirtió contra librar una batalla judicial mediante comunicados de prensa. Kyma señaló el jueves que se ha fijado otra audiencia judicial para la próxima semana.

Maquinaria pesada en la mina de níquel a cielo abierto de Sherritt en Moa, Cuba. Foto: Getty Images South America

Sherritt se encuentra sumida en una crisis desde que el presidente estadounidense emitió a comienzos de mayo una orden ejecutiva dirigida contra empresas extranjeras que operan en Cuba, profundizando el impacto de una crisis energética que ha dejado al país con dificultades para importar suficiente combustible para cubrir sus necesidades. Sherritt suspendió en febrero la producción en su mina de níquel y cobalto en el este de Cuba y señaló en junio que paralizaría su refinería de Alberta después de que se agotaran los suministros de materia prima procedentes de la isla.

La minera, que también tiene una participación en un negocio de generación eléctrica en Cuba, ha advertido que existen dudas sobre su capacidad para continuar como empresa en funcionamiento. A finales de junio afirmó que no tendría suficiente efectivo para cumplir sus obligaciones si los prestamistas declaraban un incumplimiento y exigían el pago anticipado.

Sherritt inicialmente suspendió sus empresas conjuntas en Cuba y posteriormente anunció que las disolvería por completo después de que Trump ampliara las sanciones. Revirtió esa decisión apenas unos días después, cuando Washburne presentó su propuesta, y la compañía afirmó que ni el Departamento de Estado ni el Tesoro de EE.UU. habían planteado objeciones a sus conversaciones con Gillon.

El consorcio encabezado por Glencore presenta su plan como una forma de estabilizar las operaciones de la compañía. Afirmó que la propuesta no vinculante está totalmente financiada mediante compromisos de capital y respaldaría el negocio de níquel y cobalto de Sherritt, incluida su refinería de Fort Saskatchewan.

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