Bloomberg — El telescopio de la NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio), valorado en US$4.300 millones de dólares, fue lanzado al espacio el domingo, lo que marca el inicio de una misión de entre cinco y 10 años destinada a observar los fenómenos más exóticos del universo.
Instalado en la parte superior del potente cohete Falcon Heavy de SpaceX, el telescopio espacial Nancy Grace Roman de la NASA despegó a las 07:26 de la mañana, hora local, desde Cabo Cañaveral, en Florida.
El lanzamiento pone a la nave espacial en rumbo hacia su destino final, una órbita situada a aproximadamente un millón de millas de la Tierra, donde la nave comenzará a observar el cielo ya en diciembre.
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El Roman está diseñado específicamente para investigar algunas de las fuerzas más desconcertantes y misteriosas del universo. En particular, estudiará la materia oscura y la energía oscura, un tipo de materia y energía que se cree que impregna el cosmos, pero que los científicos no han podido observar directamente. Roman intentará catalogar cómo la materia oscura y la energía oscura están dando forma a estrellas y galaxias lejanas, además de ayudar a los científicos a responder preguntas fundamentales sobre cómo se está expandiendo nuestro universo.
“Es posible que falte algo fundamental en la física tal y como la entendemos, y por eso Roman tiene el potencial de arrojar luz sobre ello”, afirmó Kristen McQuinn, directora de la oficina de la misión del Telescopio Espacial Nancy Grace Roman en el Instituto Científico del Telescopio Espacial, antes del lanzamiento. “Tiene la capacidad de medir esta energía oscura, esta fuerza misteriosa, remontándose hasta los orígenes mismos del universo”.
La nave espacial también está especialmente equipada para buscar exoplanetas —planetas que orbitan alrededor de otras estrellas fuera de nuestro sistema solar—. Los científicos esperan que Roman sea capaz de encontrar otros planetas similares a nuestra Tierra, con la esperanza de determinar si la vida podría sobrevivir en otros lugares.
Roman lleva el nombre de la astrónoma estadounidense Nancy Grace Roman, a quien a menudo se la conoce como la “madre del Hubble”, en referencia al Telescopio Espacial Hubble, que lleva en órbita alrededor de la Tierra desde 1990. Roman fue la primera astrónoma jefe de la NASA y también la primera mujer en ocupar un cargo ejecutivo en la agencia.
El telescopio Roman cuenta con un espejo de un tamaño similar al del Hubble para captar la luz, pero la nueva nave espacial incorpora una impresionante cámara de campo amplio que permitirá a Roman abarcar un campo de visión 100 veces mayor que el del Hubble. La nave espacial también es capaz de escanear el cielo con mayor rapidez que los telescopios que la precedieron.
“Puede cartografiar el cielo unas 1.000 veces más rápido que el Hubble”, afirmó McQuinn. “O, si lo expresamos de otra forma, cada 10 meses obtendremos el equivalente a aproximadamente 1.000 años de datos del Hubble”.
Y, a diferencia del Hubble, Roman recopilará principalmente imágenes en el infrarrojo, un tipo de luz que no podemos ver, pero que podemos detectar en forma de calor. El potente telescopio espacial James Webb de la NASA también recoge luz infrarroja.
Roman cuenta además con un nuevo instrumento único denominado coronógrafo, diseñado para bloquear la luz de las estrellas, lo que permite a la nave espacial captar potencialmente imágenes de los exoplanetas muy tenues que puedan estar orbitando en las proximidades.
Roman pasará los próximos meses viajando hacia su destino, al tiempo que despliega algunos de sus instrumentos. Los científicos y los operadores del telescopio también dedicarán los próximos tres meses a asegurarse de que los distintos instrumentos de la nave espacial funcionan correctamente antes de pasar a las operaciones científicas a finales de año.
Si todo sale según lo previsto, las primeras imágenes captadas por Roman deberían llegar en 2027.
El telescopio ha recorrido un camino largo y tortuoso hasta llegar a la plataforma de lanzamiento. Concebido por primera vez a principios de la década de 2010, el proyecto Roman pasó por años de estudio y desarrollo.
El costo del proyecto superó el alcance previsto inicialmente, lo que llevó a la NASA a buscar formas de reducir el presupuesto y la complejidad. Y, en un momento dado de 2018, la primera Administración Trump intentó cancelar la misión, aunque esa iniciativa se estancó en el Congreso.
En 2025, una versión preliminar de la solicitud presupuestaria del presidente Donald Trump tampoco había previsto fondos para la misión, pero la solicitud presupuestaria definitiva sí incluyó partida para el proyecto.
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