“Estamos en el limbo”: pequeñas empresas de Canadá luchan por sobrevivir a los aranceles de Trump

Los aranceles de EE.UU. y las represalias de Canadá están provocando menos pedidos, mayores costos y riesgo de despidos entre pequeñas empresas canadienses que dependen del comercio con Estados Unidos.

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Vancouver, no Canadá
Por Chunzi Xu

Bloomberg — Las dificultades económicas que el primer ministro de Canadá, Mark Carney, advirtió que se derivarían de una guerra comercial son hoy una cruda realidad para algunas pequeñas empresas que exportan a Estados Unidos.

En todas partes de Canadá, las compañías tienen menos pedidos, contemplan recortes de personal y enfrentan mayores costos. En algunos casos, la amenaza es existencial.

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Fine Cotton Factory Inc., empresa con sede en Toronto, exporta entre el 30% y el 50% de sus productos a EE.UU. De acuerdo con su vicepresidente ejecutivo, Skip Kann, desde que entraron en vigor los aranceles, se han cancelado o pospuesto algunos pedidos estadounidenses y se ha ralentizado la llegada de nuevos pedidos procedentes de ambos lados de la frontera.

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Kann teme tener que despedir a un pequeño número de sus 250 empleados en este mismo mes. “En estos momentos estamos luchando por nuestra supervivencia”, afirmó.

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Las negociaciones entre ambos países fracasaron el 21 de agosto, lo que provocó al día siguiente la imposición de aranceles estadounidenses del 50% sobre US$20.000 millones en productos canadienses, como textiles, pinturas, prendas de vestir, alcohol y miel.

Canadá anunció aranceles de represalia sobre las importaciones procedentes de Estados Unidos por un valor aproximadamente equivalente, que entraron en vigor este martes. El riesgo es que la guerra comercial se agrave todavía más.

Numerosos pequeños fabricantes canadienses estaban protegidos de los aranceles de EE.UU. anteriores gracias a las exenciones previstas en el T-MEC. No obstante, los últimos aranceles impuestos por el presidente Donald Trump en agosto hacen caso omiso de dicho acuerdo.

Fine Cottos Factory Inc. exporta entre el 30% y el 50% de sus productos a Estados Unidos. Fotógrafo: Adetona Omokanye/Bloomberg.

Aunque los US$20.000 millones representan solo cerca del 5% de las exportaciones anuales de bienes de Canadá a EE.UU., los nuevos aranceles parecen afectar de manera desproporcionada a las pequeñas y medianas empresas. A su vez, estas empresas representan aproximadamente la mitad del PIB (Producto Interno Burto) de Canadá.

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El gobierno canadiense ha reforzado los préstamos y otras ayudas financieras destinadas a estas empresas como parte de un paquete más amplio de 7.500 millones de dólares canadienses (US$5.400 millones) para las empresas y los trabajadores afectados por la última ronda de aranceles.

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Esas medidas no apagarán el incendio, indicó Kann. Al igual que muchos empresarios cuyo potencial de crecimiento se encuentra fuera de Canadá, afirma que ya ha agotado las oportunidades nacionales. Además, algunas ayudas federales, como la financiación para estudios de mercado y nuevas tecnologías, son soluciones a más largo plazo.

Para cuando las soluciones del gobierno se hagan efectivas, podría ser ya demasiado tarde, explicó Kann.

La supervivencia de Fine Cotton no solo es importante para sus trabajadores. Como propietaria de una de las únicas tintorerías a gran escala de Canadá, esta compañía también resulta crucial para Jerico, un fabricante de ropa de Ontario que se enorgullece de contar con una cadena de suministro íntegramente nacional.

Fábrica de algodón fino en Toronto. Fotógrafo: Adetona Omokanye/Bloomberg

Si esa tintorería cierra, Jerico no podrá teñir y acabar tejidos de punto a gran escala en Canadá, afirmó Salmaan Andani, director general de Jerico. Según Andani, fabricantes como el suyo se verían obligados a abastecerse en el extranjero, y la industria nacional del tejido de punto y la confección podría desmoronarse, eslabón a eslabón.

Andani señaló que los aranceles implican que la compañía probablemente perderá todas sus exportaciones a EE.UU., que representan hasta el 10% de las ventas. Tiene productos por valor de 22.000 dólares canadienses (US$15.864) listos para enviar a la Universidad de San Francisco, que realizó un pedido a Jerico porque la institución deseaba apoyar la fabricación ética y ecológica, según explicó.

Ahora, a la universidad le supondrá un coste adicional de 8.600 dólares canadienses (US$6.217) al recibir el envío, por lo que ambas partes acordaron dejarlo en suspenso en lugar de cancelarlo.

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Redwood Classics Apparel es otro fabricante canadiense que prevé una pérdida total de sus ventas en EE.UU., que hoy representan alrededor del 25% de su producción. Kathy Cheng, una inmigrante de Hong Kong, es copropietaria de la compañía junto con su padre. Redwood, mayorista de ropa, ha suministrado a marcas como Roots Canada y Holt Renfrew desde su fábrica de Toronto, que da empleo a unas 80 personas.

Kathy Chen, copropietaria de la fabircante canadiense Redwood Classics Apparel. Fotógrafo: Adetona Omokanye/Bloomberg

Cheng describe su negocio como una “historia de amor con Canadá”: devolver a la comunidad que acogió a su familia insistiendo en fabricar en el país. Desea que las compañías canadienses elijan socios canadienses, lo que puede marcar la diferencia para una pequeña empresa como la suya. Afirma que, por el momento, no necesita recortar personal, gracias en parte al aumento de las consultas sobre pedidos de ropa corporativa por parte de empresas locales.

Cheng también ha recibido solicitudes de pedidos de clientes de Estados Unidos de larga data desde que entraron en vigor los aranceles. No obstante, dado que ninguna de las partes puede asumir el recargo del 50%, ella, al igual que Andani, ha dejado estos pedidos en suspenso.

Un golpe devastador

Kevin Nixon regenta una granja apícola en el sur de Alberta y vende hasta la mitad de su producción al otro lado de la frontera con EE.UU. Envió varios cargamentos a comienzos de agosto para adelantarse a la fecha límite de los aranceles.

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No sabe si sus compradores estadounidenses pueden asumir un aumento del 50% en el precio, pero afirma que él no puede asumir ese impacto porque sus márgenes ya son muy ajustados. Entre tanto, está tratando de concluir la temporada de cosecha y comercializar la producción de este año. “Estamos en el limbo”, señaló Nixon. “Es estresante”.

Para otros, los aranceles de represalia de Canadá suponen un golpe más duro que el arancel inicial.

Cloverdale Paint Inc. fabrica pintura industrial en Columbia Británica, pero sus botes de acero se fabrican en Estados Unidos. A partir del martes, dichos envases están sujetos a un arancel del 50%, frente al 25% anterior.

En conjunto, el presidente de Cloverdale, Darrin Noble, prevé que los aranceles de ambos lados de la frontera reduzcan la rentabilidad en un 20%, lo que probablemente se reflejará en las bonificaciones de los más de 1.100 empleados canadienses de la compañía. “Es devastador”, afirmó.

Kevin Nixon, apicultor de Canadá. Fotógrafo: Gavin John/Bloomberg
La granja Nixon Honey Farm vende hasta el 50% de su producción a EE.UU.

Noble solicita al gobierno canadiense una exención del arancel sobre las importaciones de latas de acero. Cloverdale se benefició de un programa similar instaurado el pasado mes de marzo, durante la primera ronda de la guerra comercial. En aquella ocasión, la ayuda se materializó en cuestión de semanas.

La bodega Henry of Pelham Family Estate Winery prevé que los aranceles acaben con todas sus exportaciones a EE.UU. No obstante, Paul Speck, propietario y director de la empresa junto con sus dos hermanos en St. Catharines (Ontario), se considera uno de los ganadores de la guerra comercial.

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Menos del 1% de sus ventas se destinan al mercado estadounidense, y el negocio experimentó un aumento del 25% después de que la provincia prohibiera la venta de bebidas alcohólicas estadounidenses, incluido el vino, en las tiendas controladas por el gobierno. A su vez, Speck está recurriendo a proveedores europeos para la maquinaria agrícola que antes solía adquirir en EE.UU.

El apoyo popular es un sentimiento que le resulta familiar a Nixon, el apicultor. Días después de que entraran en vigor los aranceles, personas de todo Canadá comenzaron a solicitar la compra de unos cuantos frascos para ayudar a una empresa canadiense afectada por la guerra comercial.

“Recibí correos electrónicos de personas desde la isla de Vancouver hasta Ontario”, afirmó Nixon. “Lo superaremos”.

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