Depende de SpaceX y Blue Origin lograr un alunizaje exitoso

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SpaceX
Por Thomas Black

La misión Artemis II alrededor de la Luna le dio a una nación dividida una gran dosis de entusiasmo colectivo, muy necesitada, que vino de lograr un objetivo ambicioso. La misión, una repetición más cómoda y menos compleja del vuelo del Apolo 8 de 1968, supuso el primer paso hacia el sueño de regresar a la Luna y no abandonarla nunca.

Ahora es cuando viene la parte arriesgada.

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La NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio) ha decidido apostar por dos compañías espaciales relativamente nuevas, SpaceX y Blue Origin, que construirán módulos de aterrizaje lunares y se encargarán de que estén listos para ser probados en la misión Artemis III en 2027.

Esto abriría el camino para la primera misión de regreso a la superficie de la Luna desde el último vuelo del programa Apolo en 1972.

Blue Origin, fundada por el multimillonario Jeff Bezos, está pronto a lanzar su cohete New Glenn por tercera vez y solo ahora está trabajando en una nave espacial orbital apta para el transporte de personas, el módulo de aterrizaje Blue Moon.

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SpaceX, líder indiscutible del floreciente mercado espacial comercial, va con retraso en su gigantesco módulo de aterrizaje lunar y está más distraída que nunca con una oferta pública inicial de acciones con la que podría recaudar hasta US$75.000 millones.

La compañía espacial de Elon Musk, que todavía está asimilando la adquisición de xAI en febrero, explica a los inversores cómo está trabajando en productos de conexión directa a teléfonos móviles y planea la construcción de una red de satélites de centros de datos.

En estos momentos, se está centrando en el crucial primer vuelo de prueba de la tercera versión del cohete Starship, cuyo lanzamiento ya se retrasó un mes, hasta mayo.

Este es el reto al que debe enfrentarse Jared Isaacman, el nuevo administrador de la NASA.

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Por un lado, dispone de una estrella del sector espacial, SpaceX, que tiene experiencia en la construcción de cápsulas y en el envío de astronautas a la Estación Espacial Internacional; sin embargo, tiene asuntos más apremiantes en su agenda. Por otro lado, tiene una estrella en potencia, Blue Origin, que sigue sin demostrar su capacidad.

La situación también supone una oportunidad para que la NASA se atreva a asumir el tipo de riesgos que le han faltado hasta ahora para sacarla del letargo en el que ha caído tras la retirada del transbordador espacial y reavivar la pasión por alcanzar un ambicioso objetivo bajo la presión de los plazos.

Los motivos que justifican la misión de la base lunar están más claros que nunca, ahora que los científicos han confirmado la existencia de agua, helio-3 y, quizá, otros minerales valiosos desde las misiones Apolo.

La amenaza de que China pueda superar a EE.UU. en la construcción de una base lunar permanente tiene un significado mucho más profundo que el simbólico y tal vez marcaría el momento en que dicho país comenzaría a perder su posición como superpotencia hegemónica en la Tierra.

Isaacman está bien preparado para dirigir la agencia espacial en un momento en el que la industria espacial comercial está en auge, con un enorme potencial de beneficios y unos costes de lanzamiento mucho más bajos debido a los cohetes reutilizables.

Este empresario fundó, cuando era adolescente, una compañía de procesamiento de pagos, Shift4 Payments Inc., desde la casa de sus padres. Además, pilota aviones de combate en espectáculos aéreos y creó una empresa, Draken International Inc., para formar a pilotos militares.

Isaacman comandó dos misiones espaciales autofinanciadas con una tripulación formada íntegramente por civiles a bordo de la nave espacial Dragon de SpaceX.

Este entusiasmo por el espacio y sus dotes de liderazgo ejecutivo podrían ser la combinación perfecta para que el programa Artemis retome su curso normal. Busca revitalizar la moral en la NASA transformando miles de puestos de contratistas en puestos de plantilla y ha prometido reconstruir la capacidad técnica y de ingeniería de la agencia.

Durante una presentación clave en marzo sobre el programa lunar revisado, Isaacman afirmó que expertos de la NASA estarían integrados en las compañías a lo largo de toda la cadena de suministro para prevenir problemas y amenazó con tomar medidas drásticas si los contratistas volvían a incumplir los plazos y presupuestos.

Mantener el impulso con lanzamientos frecuentes de Artemis es fundamental para conservar el apoyo al programa.

Según el nuevo plan, la NASA añadió un vuelo de prueba para Artemis III en 2027 para demostrar el acoplamiento y la transferencia de tripulación entre la nave espacial Orion de Lockheed Martin Corp. (LMT) y los nuevos módulos de aterrizaje lunares construidos por SpaceX y Blue Origin.

La agencia dejó claro que realizará esta prueba en órbita terrestre baja con un solo módulo de aterrizaje si el otro no está listo, lo que fomenta una sana competencia. Para enviar astronautas a la Luna en 2028, los módulos de aterrizaje deberán abastecerse de combustible en el espacio, otra capacidad compleja que deberá demostrarse.

A diferencia de las misiones Apolo, en las que la pequeña nave espacial y el módulo lunar se cargaban juntos en el gigantesco cohete Saturno V, la nave espacial Orion y los módulos de aterrizaje lunar propuestos son mucho más grandes y deben lanzarse por separado.

El módulo lunar Eagle, que aterrizó por primera vez en la Luna en 1969, tenía un espacio habitable de 235 pies cúbicos. El módulo de aterrizaje de SpaceX tendrá casi diez veces ese espacio.

En 1960, los ingenieros de la NASA y sus contratistas construían equipos y realizaban pruebas con lápices, papel y reglas de cálculo. Hoy en día, la simulación por computadora y la gran cantidad de datos de telemetría agilizan los diseños y eliminan la mayor parte de las conjeturas.

Ahora les corresponde a SpaceX y Blue Origin demostrar que una nueva generación de compañías espaciales comerciales posee la disciplina de mercado necesaria para diseñar vehículos espaciales innovadores y cumplir con los plazos.

Isaacman debe impulsar a Blue Origin, que se ha quedado rezagada en esta carrera espacial protagonizada por multimillonarios, y debe mantener a SpaceX centrada en la tarea en cuestión, en medio del revuelo generado por una venta de acciones sin precedentes. Esto, sin duda, conlleva riesgos. Es responsabilidad de Isaacman asegurar que, al final, también haya una recompensa.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios.

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