Tal como se esperaba, la Reserva Federal mantuvo su tasa de interés sin cambios la semana pasada, destacando las nuevas incertidumbres en las perspectivas económicas y las limitaciones de la política monetaria para gestionarlas. Esta fue la decisión correcta: si alguna vez hubo un momento para que un banco central esperara y observara antes de modificar las tasas de interés, es ahora.
En consecuencia, las nuevas proyecciones económicas de la Reserva Federal, seguidas de cerca por los inversores en busca de pistas sobre la dirección que tomará la economía, no presentaron sorpresas en cuanto a la política a corto plazo: apuntan —de forma tentativa— a otro recorte de un cuarto de punto en la tasa a corto plazo este año, seguido de uno más en 2027. Sin embargo, en otros aspectos, el resumen sí cambió, y de maneras potencialmente trascendentales.
En particular, los responsables de la política monetaria del banco central elevaron su previsión de crecimiento económico a largo plazo del 1,8% al 2%. Esto reconoce que la inteligencia artificial probablemente se traducirá en un mayor crecimiento de la productividad, además de una mayor inversión y consumo.
Esto, a su vez, impulsará la demanda y elevará ligeramente la tasa de interés “neutral”, todo ello con una inflación que se espera vuelva a situarse en el objetivo del 2% y una tasa de desempleo estable en un aceptable 4,2%. En definitiva, una perspectiva alentadora, por muy lejana que parezca.
Por desgracia, el camino que hay que recorrer para llegar hasta ahí parece mucho más peligroso que antes. En concreto, las perspectivas a corto plazo sobre la inflación se han deteriorado.
La Reserva Federal prevé que su indicador preferido, el índice de gastos en consumo personal (PCE), excluyendo alimentos y energía, se sitúe en el 2,7% a finales del 2026. Se trata de una cifra inferior a la actual; la inflación subyacente del PCE fue del 3,1% en el año hasta enero, aunque superior al 2,5% previsto en diciembre.
El efecto de los aranceles está tardando más tiempo del esperado en disiparse, y si la guerra en Irán se prolonga y los precios de la energía siguen subiendo, es casi seguro que la inflación será aún mayor, al menos a lo largo de este año.

Dado el riesgo de que los costos de la energía sigan aumentando, ¿por qué la Reserva Federal no considera subir, en lugar de bajar, la tasa de interés este año? Con suerte, no debería ser necesario, por las razones que explicó el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell.
La mejor respuesta a una perturbación puntual en la oferta de la economía es que el banco central la ignore: la inflación subirá temporalmente y luego disminuirá sin necesidad de endurecer la política monetaria. La misma lógica se aplica a la inflación inducida por los aranceles.
Solo hay un problema. Gracias al torrente de políticas disruptivas de la administración, las crisis se suceden. Si los consumidores y productores empiezan a tener esto en cuenta en sus propias previsiones de inflación, las expectativas a largo plazo ya no estarán ancladas en el objetivo del 2% de la Fed. Empezarán a incrementar gradualmente, y la inflación por encima del objetivo se afianzará.
Para evitarlo, el banco central tendría que volver a subir la tasa de interés oficial (actualmente entre el 3,5% y el 3,75%), a pesar de las consecuencias para la producción y el empleo. Los inversionistas lo entienden, lo que hace que la amenaza de un revés abrupto en los mercados financieros sea muy probable.
En su discurso, Powell elogió la notable fortaleza de la economía estadounidense. Un aspecto esencial de esta resiliencia es la confianza que los inversores depositan en el compromiso de la Fed de volver a situar la inflación en el objetivo, tarde o temprano.
La inflación ha superado el 2% durante 5 años, últimamente por razones ajenas al control del banco central. Aun así, las expectativas a largo plazo se mantienen firmes. Esto constituye un gran mérito para Powell y sus colegas.
Ahora que el mandato de Powell como presidente está llegando a su fin, y dado que el afán de la administración por la reorganización aún no se ha saciado, no den por sentada esta confianza.
Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios.
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