Bloomberg Línea — La inflación energética de América Latina y el Caribe bajó en julio, después de alcanzar en junio su nivel más alto de los últimos 12 meses, informó la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (Olade).
La inflación energética anual se ubicó en 7,72% en julio en la región, por debajo del 8,03% registrado un mes antes.
Sin embargo, el indicador todavía se mantiene por encima de la inflación total, que fue de 4,17% en julio en América Latina y el Caribe.
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“Este descenso tanto en la inflación energética anual como en la inflación total en el mes de julio de 2026 se explicaría por el frágil alto al fuego entre Irán y Estados Unidos, convenido a finales de junio y esporádicas negociaciones entre ambos bandos, que contribuyeron a bajar levemente las tensiones geopolíticas en Medio Oriente”, según el informe de Olacde.
Sin embargo, las hostilidades se reanudaron en julio, lo que podría generar nuevas presiones sobre los precios de la energía en los próximos meses.
En junio de 2026, tanto la inflación energética anual como la inflación total anual de la región alcanzaron sus valores más altos de los últimos 12 meses, con 8,03% y 4,49%, respectivamente.
Generación eléctrica en América Latina
En junio de 2026, la generación eléctrica de la región alcanzó los 163 TWh, lo que representó una contracción de 1,8% frente al mes anterior, según Olade.

La hidroenergía aportó el 43,2% del total y se reafirmó como “la base estructural del suministro regional”, indicó el organismo.
Por su parte, el gas natural representó el 25,2% y se consolidó como la principal fuente de respaldo térmico, ampliamente por encima del petróleo y sus derivados (7,2%) y del carbón mineral (3,7%).
“Entre junio de 2025 y junio de 2026, la cuota de renovabilidad de la generación eléctrica en América Latina y el Caribe se mantuvo por encima del 60% durante todo el período, lo que confirma el predominio estructural de las fuentes limpias”, según Olacde.
De los 27 países miembros de Olade, ocho superaron el promedio regional: Paraguay (100%), Costa Rica (94%), Brasil (87%), Uruguay (87%), Venezuela (85%), Colombia (80%), Ecuador (78%) y Belice (75%).
Según la última edición del Panorama Económico de América Latina y el Caribe del Grupo Banco Mundial, la volatilidad de los precios de la energía podría frenar el proceso desinflacionario y mantener una postura cautelosa de los bancos centrales. Esto prolongaría las elevadas tasas de interés reales, que restringen el crédito y la inversión.
Asimismo, el Banco Mundial advirtió que El Niño podría afectar la agricultura y la generación hidroeléctrica, lo que podría provocar aumentos en los precios de los alimentos y la energía.
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El sector energético, entre los más vulnerables a El Niño
El sector energético es uno de los más vulnerables en Latinoamérica debido a la dependencia de varios países de la generación hidroeléctrica.
“Los episodios históricos, como los graves eventos de 1997-98 y 2015-16, indican que los déficits hidrológicos locales pueden reducir significativamente la producción hidroeléctrica, lo que obligaría a los sistemas eléctricos a sustituir rápidamente la energía limpia faltante con la costosa generación térmica dependiente de combustibles fósiles importados”, analiza el Banco Mundial.
Ecuador, por ejemplo, sufrió apagones de hasta 12 horas diarias entre septiembre y octubre de 2024 debido a las sequías que redujeron los niveles de agua en las centrales hidroeléctricas.

Colombia, por su parte, tuvo que suspender temporalmente las ventas de energía a Ecuador y priorizar su capacidad para atender la demanda interna.
En las subregiones de Latinoamérica donde no se prevén sequías, sino mayores precipitaciones, la matriz energética también podría verse afectada.
“Los intensos aluviones con frecuencia interrumpen las redes de transmisión, dañan la infraestructura crítica de distribución y provocan descargas de emergencia en los vertederos que inundan tierras productivas”, indica el Banco Mundial.
En ese contexto, tanto las sequías como las inundaciones pueden generar disrupciones en la energía y la infraestructura, intensificando las presiones fiscales a través de los subsidios y los costos públicos de rehabilitación. A la vez, estos fenómenos pueden ejercer presión sobre las cuentas externas y la inflación.
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