Buenos Aires — Este 1° de mayo de 2026 entra en vigor el Acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), un marco que redefine las condiciones de acceso comercial e inversión entre ambas regiones. Según un informe de la consultora ABECEB, que encabeza el exministro de Producción argentino Dante Sica, el acuerdo abre una oportunidad de expansión tanto en flujos de inversión extranjera directa como en exportaciones argentinas hacia el bloque europeo.
El impacto potencial más inmediato se observa en la inversión. La UE es actualmente el principal inversor extranjero en Argentina, con un stock acumulado de aproximadamente US$75.000 millones, equivalente a cerca del 40% del total de capital extranjero en el país.
Con el nuevo marco institucional del acuerdo y la coexistencia de regímenes locales de incentivo a la inversión, como el RIGI, el informe proyecta una aceleración de los flujos europeos hacia la economía argentina.
Duplicación de inversión neta anual
Se estima que las inversiones netas anuales podrían duplicarse, pasando de un promedio cercano a US$1.800 millones a un rango de US$3.500–4.000 millones por año. Esto implicaría la captación de entre US$15.000 y US$20.000 millones adicionales entre 2026 y 2030.
En ese escenario, el stock total de inversión europea podría alcanzar los US$92.000 millones hacia el final de la década (respecto los US$75.000 millones actuales, antes mencionados).
Desde la consultora ABECEB señalan que el acuerdo funciona como un “marco institucional que reduce el riesgo percibido y puede acelerar decisiones de inversión que hoy están en etapa de anuncio”, en particular en proyectos industriales de largo plazo.
Exportaciones: potencial de casi duplicación hacia 2030
En el frente comercial, el informe estima que Argentina podría casi duplicar sus exportaciones hacia la Unión Europea en los próximos años.
El flujo pasaría de US$8.499 millones en 2025 a alrededor de US$15.100 millones en 2030, lo que representa un incremento de 79%.
La proyección combina dos factores. Por un lado, el crecimiento de la demanda europea, que importa bienes por aproximadamente US$2,8 billones anuales desde terceros países. Por otro, el aumento de la participación argentina en ese mercado.
Actualmente, Argentina representa cerca del 0,3% de esas importaciones. El escenario central del informe proyecta un incremento hasta el 0,5% hacia 2030.
Sectores con mayor potencial de expansión
El crecimiento exportador no sería homogéneo. Se concentraría en sectores donde el acuerdo reduce barreras arancelarias y donde Argentina ya tiene capacidad productiva instalada.
Entre los complejos con mayor potencial se destacan el sojero, el ganadero y el manisero. También aparecen oportunidades en aceites vegetales, maíz y miel.
En manufacturas, se mencionan las autopartes, mientras que en alimentos y bebidas el vino de segmento premium aparece con posibilidades de expansión.
En soja, Argentina es el principal exportador global de harina y aceite, por lo que la capacidad instalada no sería el principal limitante. El principal desafío está asociado a requisitos de trazabilidad exigidos por la UE, en particular el reglamento de deforestación, que demanda georreferenciación lote a lote a partir de diciembre de 2026.
En carne bovina, la demanda europea se mantiene estable, pero la capacidad de exportación está condicionada por el número de frigoríficos habilitados para ese mercado.
En el caso del maní, Argentina ya es líder mundial exportador y cuenta con infraestructura compatible con una expansión de volumen.
Para vinos, el acceso está condicionado por segmentos de precios específicos, mientras que en autopartes el principal desafío es la adecuación a reglas de origen y procesos de reconversión productiva.
Un acuerdo con impacto estructural
El acuerdo Mercosur–UE integra un mercado potencial de más de 740 millones de consumidores y cerca del 25% del PIB global, lo que lo posiciona como uno de los bloques comerciales más relevantes a nivel internacional.
En el caso argentino, el impacto esperado combina mayor atracción de inversión extranjera directa y una ampliación del acceso a mercados de alto ingreso, con efectos diferenciados según sector y capacidad de adaptación regulatoria y productiva.













