Buenos Aires — Un temblor se sintió en diferentes puntos de la provincia de Córdoba este miércoles por la madrugada. Fue el más reciente de una seguidilla de movimientos que en los últimos días inquietó a los habitantes de la capital provincial y de varias localidades más.
El sismo se produjo a la 01.34hs, tuvo una magnitud de 4,0 y su epicentro se ubicó a 30 kilómetros al suroeste de Deán Funes, a una profundidad de 11 kilómetros, según el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (Inpres).

De acuerdo con los registros del organismo, el movimiento figura como sismo sentido en territorio argentino, con epicentro a 55 kilómetros al norte de La Falda y 77 kilómetros al este de Serrezuela.
Fue percibido tanto en zonas serranas, como los valles de Punilla y Calamuchita, como en poblaciones de llanura, entre ellas la propia Deán Funes, según reportó el diario La Voz.
El movimiento de las fallas, detrás de la actividad
El fenómeno responde a una dinámica habitual de la provincia. El doctor en geología Federico Dávila, investigador del Conicet y profesor de la Universidad Nacional de Córdoba, atribuyó la actividad reciente al movimiento de las fallas, según explicó a La Voz.
Ese desplazamiento libera la energía acumulada bajo la superficie y, una vez que el terreno se reacomoda, puede pasar un largo período sin nuevos sismos hasta que la energía vuelva a acumularse, un proceso que puede tardar años.

En esa dinámica se inscriben las réplicas, sismos menores generados por el mismo evento principal, que suelen ser de baja intensidad y forman parte del acomodamiento de las fallas. Dávila señaló que en Córdoba es común que se registren movimientos de entre 2 y 3 grados en la escala de Richter, algo esperable dado el entorno montañoso de la provincia.
También precisó que aún no es posible anticipar los sismos con suficiente antelación, pese a que países como Japón y regiones como California, en Estados Unidos, están más avanzados en la predicción sísmica.
Entre 70-80 sismos por año
Los números ayudan a dimensionar la situación. El sismólogo Gerardo Sánchez, investigador del Inpres, explicó a La Voz que, aunque los movimientos sean de baja magnitud, se ubican dentro de un rango normal para una provincia que suele contabilizar entre 70 y 80 sismos al año. En lo que va de 2026, Córdoba lleva poco más de 50 registros, una cifra que la perfila hacia un año típico.
Sánchez remarcó que no existen patrones estacionales ni vínculos con la luna u otros factores climáticos, y que la sensación de mayor frecuencia suele deberse a la mayor sensibilidad de la población tras varios episodios seguidos.
“Hubo años en que hubo más de 100 sismos, y otros que hubo entre 40 y 50”, puntualizó. Además, apuntó que Córdoba reporta hoy más sismos sentidos que una década atrás, en buena medida por los avances tecnológicos de monitoreo.
Los datos del Inpres reflejan esa actividad más allá de Córdoba. En su registro de los últimos movimientos, el organismo también relevó este martes y miércoles varios sismos en San Juan —con magnitudes de entre 2,7 y 2,9 y profundidades superiores a los 100 kilómetros—, además de episodios en La Rioja y Salta.
El riesgo real y las recomendaciones
Dávila sostuvo que, en principio, no hay motivos de alarma, aunque introdujo un matiz vinculado a la construcción. En áreas con pendientes pronunciadas y bloques de suelo sueltos, los movimientos podrían provocar deslizamientos de tierra, un riesgo que se agrava cuando las edificaciones no cumplen normas adecuadas.
El geólogo advirtió que ciertos emprendimientos, como los pequeños diques, pueden ser riesgosos si no se levantan con criterios antisísmicos, aunque aclaró que obras como el dique San Roque y la mayoría de los de la provincia fueron diseñadas con esos parámetros. Sánchez, por su parte, recomendó a la población descargar el manual de prevención sísmica del Inpres e incluso sugirió incorporarlo en las escuelas.
Un sismo, en definitiva, es la liberación de energía que se produce en el interior de la Tierra cuando una superficie sometida a presión se rompe y desliza bruscamente.
Los que se sienten en Córdoba son de tipo cortical: ocurren en la corteza superior, habitualmente a menos de 30 kilómetros de profundidad, según el tipo de falla involucrado.













